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“Me siento muy contenida y apoyada aquí”

María Beatriz Dalmao de Gonzálvez Brum.
Maestra Directora de Escuela N° 91 Portugal.
Zona San Lorenzo, ex-Polígono de Tiro.

María Beatriz Dalmao de Gonzálvez Brum.

Maestra Directora de Escuela N° 91 Portugal. Zona San Lorenzo, ex-Polígono de Tiro.

Sencilla, amable, alegre.

Con una sonrisa siempre presente, muy contenta con la tarea que lleva adelante y orgullosa de sus chiquitos. Sorteando constantemente obstáculos en su camino, durante su labor como docente.

Les presentamos a Beatriz, una luchadora incansable:

¿Cuántos años de docencia?

Veintiocho años, comencé en una escuela a 128Km. de aquí.

Recién recibida, me fui con mi hijo con dos meses y me instalé en Paso de las Piedras de Arerunguá.

Recuerdo ese y todos los lugares que estuve trabajando con mucho cariño. Porque es la vocación que hace que uno disfrute, tenga buenas experiencias y excelentes recuerdos de toda la gente que nos rodea.

¿Por qué la decisión de ser maestra?

Fui a colegios de curas, y al ver a las monjas, que eran mis maestras, pensaba: “cuando sea grande quiero ser monja”, pero cuandoMaría Betaríz Dalmaocrecí, me di cuenta de que no era eso. Quería ser maestra.

Fue desde muy chica la decisión, con todo el apoyo de mi familia, valorando la carrera, y crecí con esos valores: respetando a la maestra en el lugar que esté. En la ciudad o en la campaña.

¿Desde cuándo es maestra rural?

Desde siempre.

De paso de Arerunguá me fui cuatro años a Paso del Parque del Daymán, de donde es oriundo mi papá, luego estuve dos años en Cerro Chato, un año en Casa Muguerza, quince años en Paso de la Herrería donde me casé, y hace cinco que estoy en la Escuela Nº91.

¿Cómo es que llega a dicha escuela?

Por un problema familiar de salud de  un hijo.

No lo dudé un instante, fui a la Inspección y me anoté para un traslado. No importaba dónde, pero venirme bajo el costo que fuera. Hoy  estoy feliz de haber tenido la oportunidad de elegir el lugar  en el que me encuentro.

Conformamos entre todas las docentes un hermoso grupo humano.

Somos todas efectivas: una maestra inicial con un grupo familístico que lleva adelante a niños de cuatro y cinco años con la maestra Luciana Gelóz. Una ayudante, Evangelina Cavalho con dieciocho  niños de 1º, 2º y 3º y yo en la dirección con niños de 4º y 5º año a cargo. También contamos con la profesora  de segundas lenguas, Pamela Piegas de clases de portugués. Haciendo un total de cuarenta y seis niños.

Contamos además con  la colaboración como auxiliar de servicio de Rosita da Silva, desde hace ya un tiempo, conformando este hermoso  grupo con nosotras.

¿Cómo está compuesta su familia?

Por mi esposo Edgardo, y mis hijos: Guillermo y Ulises.

Guillermo está a un paso de recibirse de Arquitecto y Ulises, siguiendo la carrera de periodista deportivo. Le gusta y sabe mucho del tema, lo veo muy entusiasmado.

¿Cómo es su traslado diario hasta la escuela?

Aunque es bastante alejado, cuento con la compañía de mi esposo que se encarga de llevarme a la mañana, y luego de ir a recogerme por la tarde.

Somos muy compañeros. Reconozco y me reconforta saber que cuento para todo con él. Encuentro además mucho apoyo en toda mi familia, los sé incondicionales.  Los veo orgullosos de mí, aprecian mi dedicación por todo lo que hago, porque saben que amo mi tarea. Mis hermanas también lo saben y cuando vivían mis padres, también encontraba todo su respaldo.

Para mí es un placer ir a trabajar, contenta todos los días. Esperando el momento de reencontrarme con mis niños. Porque son “mis niños”.

Llueva o no, ahí estamos todos los días, sin ganas de faltar nunca al encuentro con ellos, salvo alguna enfermedad que por allí aparece, y es cuando intentamos buscar una suplente para que no pierdan clases.

¿Qué le ha dejado todo este tiempo siendo maestra?

Mucha satisfacción, y una gran alegría de saber que fui yo quien los preparé para el futuro. Me pasa que  encuentro a veces a niños que hace veinte años fueron alumnos míos y me lo agradecen. Como hace poco nos encontramos en  facebook con uno de ellos,  y me señalaba no solo las matemáticas y otras materias enseñadas, sino la parte humana junto a los valores inculcados.

Como así algunas madres con hijas profesionales, que han sido alumnas mías. Eso me llena de placer.

¿Cuál es el mensaje que envía a sus palomitas?

Que no pierdan la esencia de cada uno.

Que miren hacia el futuro sin olvidar los valores y la enseñanza que les dejó esa gran familia que es la escuela rural.

Y que como yo, se sientan siempre orgullosos de haber pertenecido a ella. En la que dejo todo de mi, cada día, y es un nuevo reto enfrentarme a la educación de ellos, pero lo hago con gran cariño y alegría. Con la convicción de que si se quiere, se puede.

Es importante que sean seres humanos íntegros. Nosotros enseñamos para que sean ciudadanos del futuro, cuando el día de mañana sean padres o madres de familia, para que no pierdan lo que tanto les inculcamos en la escuela y en la familia. Que lo valoren.

En la escuela los educamos para la vida, y estamos todos involucrados y más aún comprometidos con su educación.

Estoy feliz de trabajar en esta escuela con todos estos niños. Sola como Directora, no lograría nada, si no fuera por el apoyo del grupo fabuloso de padres con el que contamos y sus estupendas familias, con todas las maestras que son muy compañeras, la auxiliar de servicio, la comisión de fomento que siempre dice presente cuando los necesitamos y nunca me ha dejado de a pie.

Y ni hablar  de los vecinos que no tienen niños en la escuela y también dicen presente colaborando. Me siento muy contenida y apoyada por todos en esta escuela.

¡Juntos, todo se logra y la unión hace la fuerza!