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La metamorfosis argentina

Argentina llegó a Brasil liderada por los “cuatro fantásticos” del ataque: Messi, Higuaín, Agüero y Di María, una de las delanteras más cotizadas del Mundial. Pero el desarrollo del certamen dio paso al nacimiento de otro equipo, uno con menos estrellas pero con jugadores de alma combativa que interpretan a la perfección la estrategia del técnico.

La ultraofensiva Argentina que destrozó rivales en las Eliminatorias le dio paso a un conjunto más compacto y equilibrado que llegó a la final del Mundial, en una mutación que sorprendió a todos, incluido el crack Lionel Messi.
El delantero y capitán albiceleste aceptó jugar otro papel en esta nueva versión de mayor estrategia aunque con menos goles, que lo dejó a un paso de su gran sueño.
“Sabíamos que llegábamos al Mundial con grandes individualidades y, en definitiva, son los que hacen la diferencia. Pero sabíamos también que teníamos que mejorar como equipo, ser un bloque sólido a la hora de defender para tener chances de definir el título”, evaluó el lateral argentino Pablo Zabaleta.
EL CAMBIO
Argentina llegó a Brasil liderada por los “cuatro fantásticos” del ataque: Messi, Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y Ángel Di María, una de las delanteras más cotizadas del Mundial.
Pero las lesiones del “Kun” Agüero y del “Fideo” Di María, además de los cambios clave que hizo Alejandro Sabella en el mediocampo y la defensa a partir de los cuartos de final, dieron paso al nacimiento de otro equipo. Apareció un plantel de “obreros”, con menos estrellas pero con jugadores de alma combativa que interpretan perfectamente la estrategia del técnico.
“La selección en este tiempo creció muchísimo. A partir del primer partido, en el que recibimos algunas críticas, el equipo cambió mucho. El equipo entrega la vida en la cancha y todos nos matamos por el compañero, que es lo más importante. Somos un grupo”, destacó el arquero Sergio Romero, el héroe de la semifinal ante Holanda.
Lejos quedó el debate inicial sobre el esquema táctico 5-3-2 con que Argentina debutó ante Bosnia y que tanto molestó a Messi. La “Pulga” aceptó que el 4-4-2 es lo que mejor le sienta a la Argentina ante potencias como Holanda y que su antiguo socio en el campo, Fernando Gago, ya no encuentra lugar en este equipo, al menos desde el arranque.
ADIÓS A LA VERSIÓN OFENSIVA
Sabella gestó en las Eliminatorias Sudamericanas un equipo ultraofensivo que consiguió los mejores resultados y clasificó con anticipación al Mundial.
La tarde heroica de noviembre de 2011 en Barranquilla, donde en un entretiempo ante Colombia el DT decidió apostar a un tridente de ataque para dar vuelta un resultado adverso, marcó una nueva era en la que Messi pudo ser el Messi del Barcelona y sus goles fueron una costumbre argentina. Sin embargo, el exentrenador de Estudiantes de La Plata siempre prefirió opciones más conservadoras para enfrentar a los equipos más fuertes. Fue cierto también que, como dijo en medio del Mundial, el equipo necesitaba “rodaje”. Los ingresos de Lucas Biglia y Enzo Pérez en el mediocampo le dieron más funcionamiento y presión al equipo, mientras que Martín Demichelis, la gran sorpresa de la lista de jugadores mundialistas, aportó solidez a la defensa.
Demichelis junto a Zabaleta, su compañero también en el Manchester City, la efectividad y el bajo perfil de Ezequiel Garay y la explosión de Marcos Rojo armaron una última línea que borró gran parte de las dudas defensivas que arrastraba la selección desde hace años y realizó una marca asfixiante a las figuras holandesas más peligrosas, como Arjen Robben y Wesley Sneijder.

La ultraofensiva Argentina que destrozó rivales en las Eliminatorias le dio paso a un conjunto más compacto y equilibrado que llegó a la final del Mundial, en una mutación que sorprendió a todos, incluido el crack Lionel Messi.

El delantero y capitán albiceleste aceptó jugar otro papel en esta nueva versión de mayor estrategia aunque con menos goles, que lo dejó a un paso de su gran sueño.

“Sabíamos que llegábamos al Mundial con grandes individualidades y, en definitiva, son los que hacen la diferencia. Pero sabíamos también que teníamos que mejorar como equipo, ser un bloque sólido a la hora de defender para tener chances de definir el título”, evaluó el lateral argentino Pablo Zabaleta.

EL CAMBIO

Argentina llegó a Brasil liderada por los “cuatro fantásticos” del ataque: Messi, Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y Ángel Di María, una de las delanteras más cotizadas del Mundial.

Pero las lesiones del “Kun” Agüero y del “Fideo” Di María, además de los cambios clave que hizo Alejandro Sabella en el mediocampo y la defensa a partir de los cuartos de final, dieron paso al nacimiento de otro equipo. Apareció un plantel de “obreros”, con menos estrellas pero con jugadores de alma combativa que interpretan perfectamente la estrategia del técnico.

“La selección en este tiempo creció muchísimo. A partir del primer partido, en el que recibimos algunas críticas, el equipo cambió mucho. El equipo entrega la vida en la cancha y todos nos matamos por el compañero, que es lo más importante. Somos un grupo”, destacó el arquero Sergio Romero, el héroe de la semifinal ante Holanda.

Lejos quedó el debate inicial sobre el esquema táctico 5-3-2 con que Argentina debutó ante Bosnia y que tanto molestó a Messi. La “Pulga” aceptó que el 4-4-2 es lo que mejor le sienta a la Argentina ante potencias como Holanda y que su antiguo socio en el campo, Fernando Gago, ya no encuentra lugar en este equipo, al menos desde el arranque.

ADIÓS A LA VERSIÓN OFENSIVA

Sabella gestó en las Eliminatorias Sudamericanas un equipo ultraofensivo que consiguió los mejores resultados y clasificó con anticipación al Mundial.

La tarde heroica de noviembre de 2011 en Barranquilla, donde en un entretiempo ante Colombia el DT decidió apostar a un tridente de ataque para dar vuelta un resultado adverso, marcó una nueva era en la que Messi pudo ser el Messi del Barcelona y sus goles fueron una costumbre argentina. Sin embargo, el exentrenador de Estudiantes de La Plata siempre prefirió opciones más conservadoras para enfrentar a los equipos más fuertes. Fue cierto también que, como dijo en medio del Mundial, el equipo necesitaba “rodaje”. Los ingresos de Lucas Biglia y Enzo Pérez en el mediocampo le dieron más funcionamiento y presión al equipo, mientras que Martín Demichelis, la gran sorpresa de la lista de jugadores mundialistas, aportó solidez a la defensa.

Demichelis junto a Zabaleta, su compañero también en el Manchester City, la efectividad y el bajo perfil de Ezequiel Garay y la explosión de Marcos Rojo armaron una última línea que borró gran parte de las dudas defensivas que arrastraba la selección desde hace años y realizó una marca asfixiante a las figuras holandesas más peligrosas, como Arjen Robben y Wesley Sneijder.

La figura de Mascherano

La transformación de la selección argentina, que llega invicta a la final con Alemania aunque siempre con resultados muy ajustados y sufriendo hasta el final, fortaleció el papel de Javier Mascherano, el mediocampista defensivo y excapitán que más que nunca hizo valer su apodo de “El Jefe”.

Ordenó el equipo en la batalla contra Holanda y se jugó todo hasta el máximo esfuerzo, como en esa estirada providencial para desviar la pelota de Arjen Robben que podría haber sido el gol del triunfo holandés. Mascherano fue, además, el de las arengas motivacionales a todo el plantel y al arquero en los momentos críticos.

“Hemos jugado con corazón, con alma pero con una inteligencia táctica impresionante. Estoy orgulloso, contento y feliz de formar parte de un equipo de hombres, que más allá de todo ha luchado por un objetivo y hoy tenemos la tranquilidad de haber puesto a la Argentina en el lugar que merece, una final del mundo”, subrayó.