Maracaná cumplió 64 años

El mítico estadio carioca fue construido para el Mundial de 1950
y remodelado para el certamen actual

El mítico estadio carioca fue construido para el Mundial de 1950 y remodelado para el certamen actual

Pocos recintos pueden contar con la mística que inspira el estadio carioca, y probablemente ninguno se ha convertido en una referencia mundial gracias a una derrota: a la depresión colectiva que provocó la caída de Brasil ante Uruguay en la final del Mundial de 1950, que pasó a la historia como el “Maracanazo”.

El estadio Maracaná cumplió el lunes 64 años. Es un escenario mítico, que no ha sido ajeno a la polémica ni cuando se construyó -seMaracaná (pag8) levantó en 667 días para el Mundial de 1950-, ni con la última remodelación, con el “lifting” que le hicieron para adecuar sus condiciones a la disputa del actual Mundial.

Como en muchos casos, se impuso la denominación popular, porque su nombre oficial es Mario Filho, en homenaje al periodista que puso más empeño en su construcción, en una época en la que parecía una locura. Pero se le conoce por Maracaná, en honor al barrio en el que está ubicado y el río cercano del mismo nombre.

En 1947, el político brasileño Carlos Lacerda lo comparó con un “elefante blanco” y dijo que su construcción era “un delirio tropical y un desperdicio de dinero público”. Pronosticó que después del Mundial nunca más sería utilizado.

Frente al Maracaná había una clínica inacabada y el influyente político clamó en la Cámara de Concejales del distrito federal: “Es una vergüenza construir un estadio frente a un hospital jamás terminado”. Y Mario Filho le respondió: “Mientras más estadios tengamos, menos hospitales necesitaremos”.

Ahora, con la remodelación para el Mundial, quedarán en el recuerdo aquellos partidos en los que, todos de pie, se apilaban en sus gradas miles de aficionados.

El Comité Organizador del Mundial (COL), las encuestas han demostrado que la afición prefiere el nuevo estadio, con una amplia mayoría favorable entre los mayores de 65 años. El brasileño Zico, uno de los jugadores que brilló en el escenario carioca, se mostró favorable a su nuevo aspecto: “Para mí no existe un Maracaná nuevo o viejo. Ahora es más cómodo y tranquilo, pero siempre ha sido bonito y acogedor”.

TIEMPOS DE CAMBIO

“Es importante que se sepa que hace mucho tiempo que ya no iban al campo 90.000 ni 100.000 personas, e incluso hubo partidos con 15.000 espectadores. Se necesitaba un cambio y ese cambio se hizo. Es un gran estadio y me gustaría verlo siempre lleno”, acotó el propio Zico, quien se mostró muy satisfecho por el ambiente que se vivió durante el partido entre Argentina y Bosnia, con más de 74.000 espectadores en las tribunas. “Los argentinos organizaron una fiesta preciosa. De manera pacífica, se mezclaron con los brasileños, a pesar de la rivalidad. Fue un espectáculo maravilloso”, añadió.

Hasta que su capacidad fue reducida a 103.000 personas en 1999, el estadio acogió más de 100.000 hinchas en 197 ocasiones. De esos partidos, solo en 37 ocasiones estuvo la selección brasileña en la cancha o dos equipos de la ciudad.

Santos lo escogió para jugar la Copa Intercontinental contra Benfica de Portugal y ante el Milan de Italia, con Pelé como protagonista. Pelé marcó su gol mil en Maracaná, el 19 de noviembre de 1969. El delantero parece que quería que fuese allí, porque “curiosamente” no marcó en las dos jornadas anteriores. Y en el Maracaná marcó su mejor gol, años antes de que Maradona le pusiese el “copyright” a una jugada parecida.

Fue el 5 de marzo de 1961, en el minuto 40 de un Santos-Fluminense. Pelé recibió el balón junto a su área. Superó a Valdo y Edmilson, dejó por el camino a Clovis, evitó a Aldair, engañó a Pinheiro, regateó a Jair Marinho y marcó ante Castilho. Superó a siete jugadores del “Flu”. El gol fue homenajeado con una placa a la entrada de Maracaná y dio origen a la expresión “gol de placa”, que es utilizada hasta hoy en Brasil cuando se marca un gran tanto.

Maracaná es ahora un sexagenario rejuvenecido, un estadio capaz de dar gloria o de hundir al que acuda a él con prepotencia, como le ocurrió a aquella selección brasileña de 1950. Porque ya lo dijo el periodista y dramaturgo carioca Nelson Rodrigues: “En Maracaná es prudente ponerse las sandalias de la humildad”.







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