Nuevos “elefantes blancos”

Brasil empieza a preguntarse qué será de los modernos estadios construidos o refaccionados en 12 ciudades del país para la disputa del Mundial, que corren el riesgo de convertirse en “elefantes blancos” después del torneo. Los escenarios de Manaos, Cuiabá y Natal son tres ejemplos concretos.

Al igual que sucedió luego del Mundial de Sudáfrica 2010, varios de los gigantescos escenarios construidos para Brasil 2014 quedarían librados a su suerte, o más bien a un lento y progresivo deterioro.
En el futuro, sobre todo los modernizados estadios de Manaos, Cuiabá y Natal ya no podrán colmar su capacidad con eventos locales, ya que ninguna de esas ciudades tiene un representante en la Primera División de Brasil, por lo que el fútbol se acabará allí después del Mundial.
Y cuando haya pasado la euforia mundialista, volverá a resurgir la discusión de los “elefantes blancos”. Se escucharán nuevamente los reclamos por los gastos millonarios que insumieron los estadios en vista de las crecientes desigualdades sociales y la pobreza extrema que aún hay en el país.
Los responsables políticos han tratado de presentar otras opciones para los estadios. Ya en 2013, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, intentó tranquilizar a los ciudadanos durante la inauguración del estadio Mané Garrincha, en Brasilia.
“Este es un lugar donde pueden realizarse todo tipo de eventos culturales y de entretenimiento. Existe la posibilidad de utilizar comercialmente esta arena”, dijo sobre un estadio cuyo costo ascendió a 1.400 millones de reales (unos 626 millones dólares), el más caro de los 12 estadios mundialistas.
SOLUCIONES IRÓNICAS
También el ministro de Deportes, Aldo Rebelo, descartó que los estadios de Manaos y Cuiabá vayan a permanecer vacíos tras el Mundial. “Fueron diseñados como lugares multifuncionales”, aseguró Rebelo.
Otros apelan a soluciones irónicas, como el juez brasileño Sabino Marques, quien sugirió emplear el estadio para mitigar el hacinamiento en las cárceles del país. “Debemos utilizar el estadio como una solución provisional para distribuir desde aquí a los delincuentes hacia otras cárceles”, afirmó.
Mientras tanto, funcionarios de la FIFA, las comunidades y los promotores inmobiliarios también aludieron a las múltiples posibilidades que ofrecen los estadios. “
“Un Mundial de fútbol deja muchas cosas al país anfitrión, aunque muchas de ellas no siempre son visibles”, dijo Nicolás Ericson, director de la división de televisión de la FIFA.
El alemán Hubert Nienhoff, directivo de la empresa que construyó los estadios de Brasilia y Manaos y proyectó la modernización del Mineirao de Belo Horizonte, señaló que no siempre se pone énfasis en integrar funciones adicionales a un escenario con el fin de incrementar su uso.
“Los estadios deben tener un valor de mercado más alto y ofrecer otras instalaciones para que puedan utilizarse los 365 días del año”, señaló el directivo de la empresa “Gmp”.
ESTADIO EN LA SELVA
La elección de la ciudad amazónica de Manaos como sede del Mundial generó la mayor controversia internacional.
Si bien los habitantes se mostraron conformes de participar “in situ” del gran evento y tener un nuevo estadio, también subrayaron que hubiesen preferido que los millones de reales se invirtieran en escuelas, hospitales y otras instituciones sociales. Sobre todo, porque la ciudad no tiene un club profesional, ni tampoco un campeonato en la región amazónica.
Esto también vale para Brasilia, Cuiabá y Natal. El club más famoso en Cuiabá es el Mixto Esporte Clube, de la Cuarta División. Pero este conjunto, al menos, jugó hasta 1986 en la Serie A y seguramente los aficionados utilizarán el estadio Pantanal, con una capacidad de 41.112 espectadores.
Ya se anunció que el estadio, con un costo de 242 millones de dólares y reconstruido desde una perspectiva ecológica, se utilizará en el futuro para exposiciones y conciertos.
OTROS PROBLEMAS
Las inmediaciones de la Arena das Dunas en Natal presenta inconvenientes. Allí se ven puentes en construcción o señales de advertencia para peatones en caminos de acceso. El Mundial terminó en Natal, pero la construcción sigue en marcha. Y tampoco en la capital de Río Grande do Norte existe un club de fútbol competitivo a nivel nacional.
Al menos en Curitiba es diferente: el club Atlético Paranaense no es solo un reconocido club de Primera División, también posee un estadio lujosamente renovado, ubicado en el corazón de esta metrópolis comercial.
El Arena da Baixada, con capacidad para 41.000 espectadores aún huele fuertemente a hormigón fresco. Pero sin duda, tras el Mundial no se convertirá en el “elefante blanco” de la zona.
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Al igual que sucedió luego del Mundial de Sudáfrica 2010, varios de los gigantescos escenarios construidos para Brasil 2014 quedarían librados a su suerte, o más bien a un lento y progresivo deterioro.
En el futuro, sobre todo los modernizados estadios de Manaos, Cuiabá y Natal ya no podrán colmar su capacidad con eventos locales, ya que ninguna de esas ciudades tiene un representante en la Primera División de Brasil, por lo que el fútbol se acabará allí después del Mundial.
Y cuando haya pasado la euforia mundialista, volverá a resurgir la discusión de los “elefantes blancos”. Se escucharán nuevamente los reclamos por los gastos millonarios que insumieron los estadios en vista de las crecientes desigualdades sociales y la pobreza extrema que aún hay en el país.
Los responsables políticos han tratado de presentar otras opciones para los estadios. Ya en 2013, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, intentó tranquilizar a los ciudadanos durante la inauguración del estadio Mané Garrincha, en Brasilia.
“Este es un lugar donde pueden realizarse todo tipo de eventos culturales y de entretenimiento. Existe la posibilidad de utilizar comercialmente esta arena”, dijo sobre un estadio cuyo costo ascendió a 1.400 millones de reales (unos 626 millones dólares), el más caro de los 12 estadios mundialistas.
SOLUCIONES IRÓNICAS
También el ministro de Deportes, Aldo Rebelo, descartó que los estadios de Manaos y Cuiabá vayan a permanecer vacíos tras el Mundial. “Fueron diseñados como lugares multifuncionales”, aseguró Rebelo.
Otros apelan a soluciones irónicas, como el juez brasileño Sabino Marques, quien sugirió emplear el estadio para mitigar el hacinamiento en las cárceles del país. “Debemos utilizar el estadio como una solución provisional para distribuir desde aquí a los delincuentes hacia otras cárceles”, afirmó.
Mientras tanto, funcionarios de la FIFA, las comunidades y los promotores inmobiliarios también aludieron a las múltiples posibilidades que ofrecen los estadios. “
“Un Mundial de fútbol deja muchas cosas al país anfitrión, aunque muchas de ellas no siempre son visibles”, dijo Nicolás Ericson, director de la división de televisión de la FIFA.
El alemán Hubert Nienhoff, directivo de la empresa que construyó los estadios de Brasilia y Manaos y proyectó la modernización del Mineirao de Belo Horizonte, señaló que no siempre se pone énfasis en integrar funciones adicionales a un escenario con el fin de incrementar su uso.
“Los estadios deben tener un valor de mercado más alto y ofrecer otras instalaciones para que puedan utilizarse los 365 días del año”, señaló el directivo de la empresa “Gmp”.
ESTADIO EN LA SELVA
La elección de la ciudad amazónica de Manaos como sede del Mundial generó la mayor controversia internacional.
Si bien los habitantes se mostraron conformes de participar “in situ” del gran evento y tener un nuevo estadio, también subrayaron que hubiesen preferido que los millones de reales se invirtieran en escuelas, hospitales y otras instituciones sociales. Sobre todo, porque la ciudad no tiene un club profesional, ni tampoco un campeonato en la región amazónica.
Esto también vale para Brasilia, Cuiabá y Natal. El club más famoso en Cuiabá es el Mixto Esporte Clube, de la Cuarta División. Pero este conjunto, al menos, jugó hasta 1986 en la Serie A y seguramente los aficionados utilizarán el estadio Pantanal, con una capacidad de 41.112 espectadores.
Ya se anunció que el estadio, con un costo de 242 millones de dólares y reconstruido desde una perspectiva ecológica, se utilizará en el futuro para exposiciones y conciertos.
OTROS PROBLEMAS
Las inmediaciones de la Arena das Dunas en Natal presenta inconvenientes. Allí se ven puentes en construcción o señales de advertencia para peatones en caminos de acceso. El Mundial terminó en Natal, pero la construcción sigue en marcha. Y tampoco en la capital de Río Grande do Norte existe un club de fútbol competitivo a nivel nacional.
Al menos en Curitiba es diferente: el club Atlético Paranaense no es solo un reconocido club de Primera División, también posee un estadio lujosamente renovado, ubicado en el corazón de esta metrópolis comercial.
El Arena da Baixada, con capacidad para 41.000 espectadores aún huele fuertemente a hormigón fresco. Pero sin duda, tras el Mundial no se convertirá en el “elefante blanco” de la zona.
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