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Diana Muffolini de Espalter, Docente junto a su hija Cecilia Espalter, Oncóloga

Diana Muffolini e hija [1]En un ejemplo de compañerismo para todos nosotros, son madre e hija, muy unidas.
Traen consigo una historia de vida, que con valentía han sabido superarla. Con tropiezos y también con exitosos deseos hechos realidad, que hace a los primeros, quedar en el recuerdo.
Momentos que fueron muy especiales en la vida de Diana en cuanto a su salud, para que pasado el tiempo, Cecilia lograra recibirse en su especialidad, como para estar siempre presente por y para mamá.
Este es su relato, de una historia con un final sumamente feliz:
“En esta entrevista de Diario El Pueblo para el día de la madre, me gustaría empezar por mi mamá” nos dice Diana.
De la que uno va aprendiendo los valores de la familia. Y que después con el tiempo, nos vamos dando cuenta de una cantidad de cosas, que es lo que tratamos de transmitirle a los hijos.
Viene todo eso cargado de valores y de vivencias de lo sencillo. Yo no soy una persona complicada. No aspiro a cosas que sean imposibles, ni materiales.
Para mí las personas no son medibles, no se valoran por lo material ni por lo físico. Sí por lo que es la persona.
¿Qué fue cambiando en su vida cuando se hizo adolescente?
Los hijos. Me casé a los 24 años con José y al año de haberlo hecho llega Octavio y a los tres años, nace Cecilia, esperando que fuera una nena.
Cuando yo era niña y jugaba a las muñecas, la mía se llamaba Cecilia, además de que el tercer nombre de mi mamá era este.
Cuando los hijos llegan, ya uno no es uno. Es el otro.
Como lo hago en mi trabajo, y eso es lo que me llena como persona.
Me siento muy cómoda con lo que hago, es muy gratificante, porque trabajo con jóvenes y eso me gusta.
No porque sea yo joven, sino porque me gusta aprender. Aprendo mucho de los jóvenes y de mis hijos. Me hace sentir, por eso sigo trabajando.
¿Cuál fueron las satisfacciones con la llegada de sus hijos?
No hay una palabra para poder manifestar esa sensación. Se siente.
Yo tengo dos hijos que son sanos, que es lo principal, y siempre con su padre, tratamos en todo lo posible de que fueran felices.
Nunca tuvimos para brindarle muchas cosas materiales. Cecilia ha hecho una carrera y Octavio se está encausando a realizar lo que él quería, pero nosotros siempre tenemos que estar, si bien no físicamente, de alguna manera, pero estar presente.
¿Cómo fue su reacción, en cuanto a la decisión de Cecilia de ser médica?
Creo que siempre, respeté sus decisiones.
Al hijo hay que dejarlo crecer, no podemos organizarle su vida y sus decisiones.
Yo sabía que era una persona que estaba decidida a estudiar, lo iba a conseguir y cuando decidió hacer medicina, estuvimos todos apoyando la idea.
Pasaron doce años de estar separados y no es fácil, pero es lindo el resultado.
Cecilia ¿por qué la decisión por la medicina?
Cecilia: en el liceo ya contaba con la vocación de tratar de ayudar al otro. Pero también me gustaba la parte de investigación, de los avances, de la tecnología, para poder apoyar a los que lo necesitan.
Siempre me gustó la ciencia, así que se juntó lo humano también.
Y me he decidido por la oncología, ya que durante toda la carrera, me inclinaba por la ginecología. Tenía para elegir entre las dos ramas: la oncológica y la obstetricia.
Y fue una decisión un poco dura, porque en medio de todo eso, se da la enfermedad de mamá y por suerte marchó todo bien.
Por lo que yo viví en ese momento, tal vez inconscientemente, veía todas aquellas necesidades que se crean para ella y hoy en día para los otros pacientes.
Cuánto se necesita la imagen de un especialista, como una sueña ser. Y que en el proceso, se lo pueda lograr.
¿Cuales son sus sentimientos en cuanto al acto de amor de Cecilia por usted?
Mucho orgullo y mucha tranquilidad. Mi problema oncológico ya está, fue superado. Aprendí muchas cosas, pero lo más importante a conocerme a mí misma, ya que no tenía tiempo de pensar. Me cambió la vida.
Hoy solo me falta ser abuela.
¿Cuál es la expectativa de aquí en más con mamá?
Cecilia: Por suerte nunca tuve que hacerme esa pregunta.
Ambos. Padres e hijos, creo, que lo vivimos así, porque siempre nos dejaron ser.
Obviamente deseo acompañarlos siempre y darles felicidad, porque nuestros logros son los de ellos.
Pero no pienso nunca que podemos hacer algo para agradar al otro.
Somos de hacer, no de charlarlo o de pensarlo mucho.
¿Qué desea para sus hijos Diana?
Que sean felices. Porque en lo que ellos elijan, está la felicidad y son ellos los que la tienen que encontrar.
¿Desean enviar un mensaje a las madres?
Cecilia: un saludo muy especial a mi abuela Mary, que es mi compinche y a la mamá de Sebastián mi pareja: Laura.
No quiero dejar pasar la oportunidad de saludar a mi tía Laura que me ha apoyado mucho, al igual que mi tía Inés, mi madrina.
Y un abrazo a todas las madres en su día, que en mi pensamiento las defino como: la imagen de fortaleza, sencillez y ternura a la vez, que es lo que me inspira mi madre.
Diana: A todas las madres: creo que hay que buscar el tiempo para sentarse y escuchar a los hijos.
Yo también he cometido el error de no haber escuchado lo suficiente y me he dado cuenta después. Aunque los dos padres juegan un rol fundamental, es principalmente con la madre el mayor trato.
¡Disfrutemos de nuestros hijos!