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«Hay que querer casarse todos los días un poquito»

La iglesia. Con el Padre José García.

El Padre José, trae consigo una trayectoria de treinta y un años como Sacerdote en la Iglesia Católica. Hace nueve que se encuentra con nosotros en la Catedral de Salto.
Su vasta experiencia en celebraciones matrimoniales, ha hecho que nos acerquemos a él para que nos comparta su forma de llevarlas adelante. Y así, comenzamos dialogando:
¿Cuál es la expectativa de las personas que se acercan a solicitar la unión en matrimonio?
Los traen varios aspectos: la edad, la realidad social y la fe que profesan cada uno.
Hay gente muy sencilla y otra que ya tiene una formación en cuanto a la Iglesia.
Gente muy joven y gente bastante más mayor. Como tienden a ser las bodas de hoy.Padre José García [1]
Es un abanico muy grande de motivaciones, pero lo importante es acoger a la pareja, que desea que Dios esté presente.
¿Qué se les solicita?
Hay requisitos jurídicos y otros, que son pastoral o evangelizador catequético.
En cuanto a los requerimientos jurídicos canónicos son: la edad, no tener ningún impedimento, ni un compromiso anterior con la Iglesia.
Ya que esta considera, que quien celebra el sacramento del matrimonio constituye un compromiso matrimonial, que es indisoluble.
Solamente la muerte de uno de los dos cónyuges lo puede hacer.
Otra condición fundamental para el compromiso matrimonial es el amor, la libertad de los cónyuges. Que ninguno de los dos esté obligado bajo ningún concepto.
Por otro lado, está la disposición de recibir la vida de los hijos.
¿Con cuánto tiempo de anticipación se prepara la pareja?
Existen dos elementos a tener en cuenta.
Lo que nosotros solicitamos y los casos que se nos presentan por diferentes razones.
¿En qué consiste el sacramento del casamiento?
Es mucho más que una bendición, ya que en el sacramento del casamiento, no es el Sacerdote quien lo realiza, sino los cónyuges.
El Sacerdote es un testigo del Sacramento que celebran ellos, al decirse: «yo, fulano de tal, te recibo a ti como esposo o esposa y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad y así amarte y respetarte durante toda mi vida».
Significa consagrar el amor humano de pareja a Dios.
Es un elemento fundamental y constitutivo de lo que es ese sacramento.
Luego viene la bendición que lo confirma.
El acto está dado por la pareja que se compromete a vivir ese amor en nombre de Dios, reconociendo que Dios los ha elegido y ellos le dan respuesta como pareja, al proyecto que Dios tiene para ellos.
Y el Diácono, puede ser un Laico, o una religiosa, como testigo.
¿Cuál es el momento más importante del mismo?
El momento más importante no es el de los anillos, sino el del consentimiento.
Con esa expresión que acabo de decir en el momento de la celebración.
¿Qué diferencia existe entre una bendición y el sacramento?
Dentro del Sacramento, hay una bendición que es especial para el día de la boda y la imparte el Sacerdote.
¿Cómo son las charlas que se predican antes?
Más allá de la preparación formal, hay una preparación que se hace con el Sacerdote que va a llevar adelante la boda.
Eligiendo las lecturas, preguntándole cómo se conocieron, cuáles son sus inquietudes. Ese trato personal, deja un descubrimiento más profundo.
¿Qué ha cambiado desde sus inicios como Padre?
El número de matrimonios. Eran mucho más frecuentes anteriormente.
Y son dos los motivos: actualmente no se descubre el sentido de la fe para mucha gente.
También se ha ido perdiendo el descreimiento en Dios, en lo institucional. Pero no solo en el religioso, sino también en el civil.
Se ha ido dejando un poco a Dios y se ha ido haciendo una fe a su manera.
Y el otro elemento, al explicársele a las parejas en el proceso previo al matrimonio, en qué consiste este, que es mucho más que una bendición, dice: «no, esto no es para nosotros».
También es una dimensión de autenticidad, que es valorable.
¿Existe una estadística de celebraciones?
La Celebración de matrimonio religioso en la Diócesis de Salto (Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro) en 1988, fueron ochocientos.
En 1997 fueron quinientos setenta y cinco. Y en 2017 fueron doscientos veintiséis.
¿Qué lo deja satisfecho en una celebración?
Quienes están en la celebración y cómo están.
Si la novia demoró una enorme cantidad de tiempo y la gente está cansada de esperar la celebración.
Invito al novio a venir antes y quedarse en la puerta conmigo, para esperar a la gente.
En algunos casos lo he logrado hacer con la pareja, siendo la primera que llega y es ella quien recibe a sus invitados. Luego es la última que entra, pero es un sentido humano…
Y de acuerdo de cómo la gente ha respondido en esa celebración, es como uno sale satisfecho.
He realizado muchos casamientos, en los que he recibido a la novia al bajar del auto, para que se sienta tranquila. Luego me voy por el costado de la Iglesia y estoy antes que ella en el altar.
¿Con qué frase cierra la ceremonia?
Con varias, una de las que formulo es la expresión de la Liturgia, que se hace luego del consentimiento: «Que lo que Dios ha unido en este momento por el amor y el compromiso de ustedes, no lo separe jamás el hombre».
¡Hay que querer casarse todos los días un poquito!