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Héctor Aguiñagalde, empresario:

Marcos y Sandra Aguiñagalde: “Papá es el forjador del respeto y la unión en la familia”.

Conocidos empresarios en nuestra ciudad, Marcos y Sandra componen junto a un gran grupo humano de colaboradores y familiares, tanto de Aguiñagalde, como de la familia Rolfo, la reconocida empresa Aguiñagalde. Con 36 años cumplidos en nuestro medio y fundada por su papá Héctor, junto a su mamá, Teresita Rolfo. Nos reunimos con Sandra y Marcos y así dialogamos sobre su papá:
¿Nos recuerdan cómo está compuesta la familia Aguiñagalde -Rolfo?
-Sandra: Por mi esposo, Jorge Mori y la esposa de Marcos: Fabiana. Los nietos de papá, son: Lucía Victtoria, Psicóloga, Serena Emilia estudiante de Pedagogía y Marcos Bartolomé, estudiante. Bruno, Contador de la empresa, Héctor Santiago y las mellizas Blanca Sofía y María Pía, que se encuentran estudiando. Además de una bisnieta: Martina.
¿Cuáles son los recuerdos, que guardas de papá?
-Sandra: Vivíamos en una casa en calle Juncal, donde nacimos. Muy humilde, donde papá le iba haciendo reformas, con mucho sacrificio, con un patio inolvidable y una terraza, que nos encantaba. Mamá era ama de casa, manteniendo un almacén con mi tía, mientras cocía. Marcos concurría al Sagrada Familia y yo a María Auxiliadora y en esa época, nos íbamos con papá, que trabajaba en Muccellini.
¿Eran de conversar?
Nos hablaba mucho, contándonos sus proyectos: “mija, quiero hacer un sótano, ampliar el almacén, o hacer una terraza. Comienzan tal día los albañiles”. Era yo de quedarme mucho tiempo en la casa de la abuela materna, Nair y él solía ir a verme. Siempre fue una persona muy cariñosa, aún conserva ese carisma.
Y le encanta que se lo brinden a él. Te da el beso y a su vez te da la cara, para que se lo des del otro lado, con una linda sonrisa. Muy de sostenerte la mano, firmemente.
¿Cómo se sienten hoy los dos hermanos, conformando la empresa?
-Marcos: Hablando por los dos, yo considero que son muy distintas las etapas que nos tocó vivir.
Concurrí hasta quinto año liceal y estaba enfermando a mi madre de los nervios, porque ella quería que fuera como mi hermana, con notas excelentes.
No… a mí me distraía cualquier cosa y disfrutaba todo, menos estudiar.
Considero de que papá viendo que no era lo mío, pensaría: “a este lo voy a tener que empezar a educar” y comenzó a estimularme.
¿Cómo era su técnica para hacerlo?
-Marcos: Yo tenía 10 ó 12 años y él me decía durante la semana, “mirá que hay que lavar el auto, porque el sábado vamos a salir” y me gustaban los fierros.
¿Qué cosas compartían?
-Marcos: Ir los domingos a Pollos Carlitos a buscar pollos para venderlos los domingos en el almacén.
Desde muy chico me relacionaba al ámbito comercial, haciéndome tomar cariño a esas cosas.
-Sandra: A mi me tocaba cuidar el almacén.Yo era la que tenía que decir: “mamá, gente”. Y poco a poco fui aprendiendo a envolver los paquetes y a pesar de que pase el tiempo, lo de “el boliche”, no se te va más. Y lo que papá hizo con mis hijos, lo hizo con Marcos. Vivíamos en Rincón y Artigas, arriba y trabajábamos abajo y papá decía: “este chiquilín tiene que bajar”. Santiago no le hacía mucho caso, pero vivía dentro del comercio.
Papá es muy inteligente y les pagaba por semana. Incentivándolos y dejándolos enganchados.
-Marcos: y yo que con 13 años tuve mi primer computadora Espectrum. ¡Con mi plata! ¡Porque me estimulaban!
Cuando nosotros comenzamos a trabajar en la Ferretería, no había quien llevara la plata al banco. La cantidad más importante la llevaba él y a mí me mandaba a cobrar los cheques, con la carterita y me decía: “el cambio de las monedas son tuyas”. Juntaba moneda tras moneda y así sacaba mi ganancia. Así era nuestro negocio. Yo no tenía un sueldo, pero sí era el estímulo que él me daba. Me alcanzaba para salir y toda mi diversión.
Mi padre me estimuló, tratando de que fuera responsable en todos los actos.
Ni hablar del tema del alcohol, drogas y demás, porque no cabía en la cabeza de nadie, de que si me iba a portar bien, iba a conocer.
¿Cómo son tus comienzos?
-Sandra: cuando la Ferretería se instaló en Viera y Barbieri, a mi me tocaba a hacer caja. Pero empecé cuando me recibí. (de Abogada).
¿Qué les gustaba hacer con papá y qué les gusta hoy?
-Marcos: Los domingos compartir un almuerzo en casa de la abuela Nair.
Papá es simpatizante de Ferro Carril, pero sin opción hincha de Peñarol, lo que se comiera entre asado, tallarines o mentirosos, que eran unos ravioles planos, que cuando estaba fea la cosa comíamos, era hablando de fútbol. O íbamos a la costa y después, nos encontrábamos todos en calle Uruguay, en un paseo obligado del domingo a la tardecita.
-Sandra: y para mí, lo más lindo era salir con papá y mamá en el auto, sentada atrás con una amiga y una cajita de zapatos, donde llevaba mis muñecas y toda su ropita. Ni nos bajábamos del auto, jugábamos todo el tiempo cambiando muñecas adentro.
Y hoy lo que podemos hacer y lo hacemos, es brindarles todo nuestro cariño, nuestro respeto, admiración y mucho amor.
¿Creen que alguna vez soñó en que ustedes conservaran lo que él comenzó?
-Marcos: Él fue un hombre con la mentalidad de ser independiente.
Un león enjaulado, que cuando lo soltaron, supo lo que hacía. Tuvo un almacén que nos dio de comer a todos y siempre anexando algún otro rubro. Siempre oigo decir que detrás de un gran hombre hay una gran mujer.
-Sandra: no, mamá siempre fue a su lado.
¿Un deseo para realizarlo con papá?
Poder viajar los cuatro: hijos, papá y mamá, aunque suene mezquino.
¿Un saludo a papá?
-Sandra: decirle lo que le digo siempre: “Papá, te quiero mucho”, sos un ejemplo, te admiro, te respeto. Quiero que seas feliz.
-Marcos: nosotros somos lo que somos, por lo que él luchó para formarnos, con respeto y unión.
Tengo que decirle gracias, porque no estudié, pero esta profesión se la debo a él. Nos enseñó a ser familia… ¡y eso es hermoso!
¡Gracias viejo por lo que sos y también gracias mamá por haber acompañado en todo!