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José Sánchez (Cholo)

Empresario gastronómico: “Hoy disfruto a mis hijos, viéndolos respetar a la gastronomía, como yo”

Conociendo desde pequeño todo lo relacionado con el buen comer, el Cholo Sánchez supo aprovechar esas bienvenidas oportunidades laborales que el destino le deparaba.
Dedicándole tiempo al principio como un aprendizaje forzado, para volverse luego muy placentero.
Conquistó a nuestro medio con sus mesas espectaculares de variados y completos menúes, caracterizándose por elaborarlos a cada uno de ellos, con su mayor dedicación, seriedad y responsabilidad. Comprometido con lo que hace, se sintió apoyado desde el principio por su familia. Conformada por su esposa Mirta, cuatro hijas mujeres y un varón, que hoy nos define a su padre, diciéndonos: “papá, es el mejor papá del mundo”.
Ellos son: María Laura, María Cristina, María Verónica, María Luisa y Emanuel. Además de disfrutar de nueve nietos y una bisnieta.
Es hincha de Dublín, Paso del Bote y Salto Uruguay. Dialogamos sobre su firme tarea de cuarenta años y de lo que significan hoy su esposa e hijos, siguiendo los pasos de papá:
“Mi relación con la gastronomía comienza cuando tenía yo 11 años, trabajando en el lavandín en el bar El Chino, luego en una casa de Pesca, en bar San Cono, luego en La Familiar frente al teatro. Pasado el tiempo trabajé en La Ideal, ya cambiando de rubro, siendo mozo y en la parrilla en el piso superior.
Y en el 70 fui mozo en Los Pingüinos hasta el ´82, yéndome a pizzería La Rueda. Conocimos tanta gente extranjera y uruguaya, por el inicio de la represa.
¿Cómo comienzan sus emprendimientos propios?
En la cantina de Universitario y de allí, me instalé en Salto Uruguay. Me despiden de Los Pingüinos y me abonaron el mismo con un servicio que habíamos hecho para el Dr. Roseti.
Pero mientras estaba en La Rueda, ya tenía mi propio servicio.
Trabajaba de noche y hacía algunos alquilando. Mi señora, se encargaba de ayudarme en todo y de esta forma fuimos superándonos.
Luego pasé a instalarme en Salto Uruguay y allí además de tener el restorán, contábamos con servicio de fiestas, de viandas, recibiendo las excursiones, que llegaban continuamente.
Hasta la época en que llegó el Papa a Salto y nos dejó a todos económicamente hablando, arruinados. Luego nos fuimos recuperando, surgió el pozo de Daymán, volvimos a caer, pero a partir de allí, como que en el restorán no paraban de llegar excursiones y eso nos impulsaba a seguir.
¿Le costó incursionar entre los salteños?
No, el mismo movimiento me llevaba a hacer eso. La gente me había empezado a conocer y yo a la vez, ya tenía conocimiento de todo lo que era un servicio.
¿Cómo ve aquella época y el ahora?
Son dos etapas diferentes.
Cuando trabajaba solo en todo y la otra fue cuando logré hacer entrar a la empresa a María Cristina, una de mis hijas, porque me daba cuenta que tocaba mis límites.
Además de que tenía que verse una figura femenina, encarando la empresa, la mujer siempre se entiende mejor con la clientela, porque atiende detalles, que uno como hombre no lo ve.
Se me escapaban cosas que ella sabía descubrir. Pero además le gustaba.
Y entró bien en la sociedad, se acercó más a la gente, que era lo que a mí me faltaba. Quedando todo más prolijo y fino.
¿Cuáles son los requisitos para disfrutar de un buen servicio?
Mucho, bueno y abundante. Además de la higiene, excesivo cuidado en todo.
¿Qué no debe faltar en una mesa de fiesta?
Mozos experimentados para una buena atención.
¿Ha disfrutado con lo que ha hecho?
Es que además de que me gustaba lo que hacía, era mi medio de vida y le tuve que salir.
No estudié, tengo hecho hasta 5º año de primaria, pero la respeto mucho a la gastronomía, ya que fue la que me dio vida, me hizo conocer a mucha gente buena, más que de la otra y Salto me ha dado mucho. No puedo pedir más.
¿Qué disfruta con sus hijos hoy?
Mucho, antes no estaba en mi casa.
Salía a las seis de la mañana y volvía a altas horas por la noche.
Hoy tengo a mis nietos que son mi vida y me dicen “abuelo para acá y abuelo para allá” y eso me hace sentir muy bien.
Disfruto mirando a mi hija Cristina, organizando de forma espectacular cada fiesta y solo voy a darle el ok, porque ella sabe mucho.
Tengo una hija maestra, la otra por recibirse con la misma profesión y mi hijo instalado con su negocio. Estoy tranquilo conmigo mismo, ya que tuve el apoyo de mi esposa siempre, fue muy constante.
¿Qué siente viendo a Emanuel trabajando en Salto Uruguay como usted lo hizo?
Una tremenda satisfacción. Lo acompaña Laura su hermana. Eso demuestra el camino que uno hizo. Cuando uno retorna a donde estuvo durante quince años, es porque todo estuvo bien. Además Emanuel juega en Salto Uruguay.
¿La mayor satisfacción en todos estos años?
Tomo como referencias a un casamiento de Martinicorena- Azambuja, realizado hace años con mil doscientas personas y hace pocos días la fiesta de los médicos con mil personas.
Trabajamos setenta y cinco personas.
Son enormes satisfacciones por el desafío que ello significa. Que al otro día me vean en la calle y con el pulgar levantado me griten un saludo y hacerme saber que han pasado bárbaro.
Pero mi mayor satisfacción es que haya abundante comida. Debe haber mucha buena comida en la fiesta.
¿Un sueño?
Sacar un cinco de oro y dar una vuelta al mundo con mi señora, hijos y nietos.
Porque no tengo plata. Tengo lo puesto, pero soy muy feliz.
¿Una asignatura pendiente con los hijos, que la desee cumplir?
Creo que les he dejado todo de mí.
¿Es una referencia en Salto?
Sí, lo siento y es una satisfacción, un orgullo.
¿Cuál es la comida con la que disfruta con sus hijos?
Asado, hecho por el padre. (Sonríe).
¿Qué heredaron sus hijos de usted?
Lo que uno caminó estos años. Todo lo inculcado, estando uno bien conceptuado, dejándoles un buen camino.
Y descartado… ¡la gastronomía!
¿Ya pidió el regalo para el dia del padre?
No, nunca pido, ellos me traen lo que les parece.(Sonrisas)
¿Un mensaje en el dia del padre?
Que los padres hagan el esfuerzo por los hijos, para que ellos lo valoren y continúen en un buen camino.
¡Además de un saludo especial a todos los papás!