Con la Psicóloga Verónica Carbonell: “Brindarnos la oportunidad de conocernos a nosotros mismos”

Con la Psicóloga Verónica Carbonell: “Brindarnos la oportunidad de conocernos a nosotros mismos”

“Venimos notando el ánimo navideño, tal vez en noviembre” nos dice la profesional.
“Nuestra vida está muy marcada por el tiempo escolar, de los niños, de la familia y demás.
Y cuando llegamos a setiembre, como en el último tirón del año, comenzamos a notar que las consultas, comienzan a ser más frecuentes.
¿Cuál es el fin de ellas?
Las cercanías de fin de año y las fiestas en particular, plantean una intensidad en comparación con el resto del año.
Ya sea por pautas sociales como reuniones, despedidas, encuentros con la familia, que de alguna manera, reactivan.
Se plantean balances de lo que esperaban o no.
Como también a veces hace como un disparador de otras cosas que ya traíamos con nosotros.
¿Nuestro estado de ánimo actual, está basado en lo que hicimos?
Están aquellos que les encantan las fiestas y los otros que experimentan un tipo de rechazo por ellas.
Incluso tienden a calificarlo como de un clima de mucha hipocresía, en el cual no quieren participar.
Pero ya de por sí, el fin de año, marca un cierre de ciclo.
Por nuestra forma de regirnos por un calendario, con la culminación de cursos, contratos, etc. Los motivos para el replanteo están.
-¿Qué fue lo que logré?, ¿qué no?
¡Que termine de una vez! O a la inversa, ¡este año me fue bien! ¡Ojalá que el que viene, me vaya mejor!
Está por un lado el que espera para disfrutar y por el otro, no les gusta compartirlas.
También están aquellas que han perdido un ser querido y están transitando un momento muy especial.
Es uno de los problemas mayores, pero común. Que tiene que ver con nuestra cultura de vivir el dolor. De una manera bastante solitaria.
No hay mucho permiso para poder expresar determinadas emociones, entre ellas el dolor y compartirlas.
De hecho, cuando alguien está sufriendo por un duelo, o por un dolor muy pronunciado, es común que se le diga: “Bueno, vestite, píntate, dale, venite para casa que después vamos a algún lado”. “No te pongas mal”.
¿Está bien mantener ese comportamiento?
Siempre es más saludable expresarnos.
Compartir y generar proximidad con los otros, desde ese lugar.
Existen cosas excluyentes: si estamos bien, entonces podemos estar con los amigos y familiares en las fiestas y si estamos atravesando un duelo, no podemos reunirnos y no vamos a hacer nada.
Como que no se puede estar, en el mismo escenario de distintas formas. Y la verdad, sí, se puede. Estando cada uno con lo que está.
Hay como un mandato y una idealización del momento de las fiestas que no siempre se corresponden con el estado de año individual.
¿Cómo es la mejor manera de transitar estas épocas?
Sería que cada uno escuchándose en lo que necesita y dándoselo.
Algunos, será con más reuniones y otros con más silencio de conexión, pero respetándose a sí mismo con lo que está.
Estas fiestas están muy vinculadas a lo que nos invita el mercado. Son como distractores también, que en lugar de ser como complementos, terminan siendo como un fin en sí mismo: los regalos, las compras, la comida, la ropa que nos vamos a poner.
La gente con la que queremos estar vinculadas a través de la tecnología, entonces estamos ahí, perdiendo tiempo en eso. Y estamos con otros, pero no con los que estamos ahí.
Darme permiso para estar como estoy: feliz, deseosa de reunirme con otros. O puede ser que estoy triste con demasiada angustia, enojada con determinadas cosas y eso no significa que yo tenga que estar acompañada o sola.
Sí, el hecho de estar sola y con recuerdos no muy gratos, genera aislamientos.
Esa aparente imposibilidad de estar de una forma diferente: juntos cada uno desde el lugar que puede.
Es que cada uno sabe qué es lo que necesita y qué es lo que le viene bien.
Yo puedo quedarme sola y eso no es lo que necesito.
¿Debemos estar más positivos?
Debemos tomarlo como una oportunidad con lo que sentimos: ya sea alegría o tristeza, para accionar desde ese lugar. Este accionar es simplemente meditar sobre la situación. Reconocer cómo estamos, que no es tan sencillo.
Esta vida tan apurada con tantos distractores, no nos deja ver lo que sentimos y necesitamos.
Y eso es bien importante que podamos hacerlo.
¿Podemos hacernos cargo de nuestra felicidad o infelicidad?
Sí, ahí tiene que ver con lo que necesitamos.
Solemos decir: “porque la vida me quita…, porque este año fue así y ojalá termine pronto” como personificando el año. De esa manera, yo no me hago cargo y no me responsabilizo por mi propia vida o felicidad. A mí me la va a dar mi propia responsabilidad, con mi camino.
¿Cómo hacemos para sentirnos bien en estas fiestas?
Escucharnos al preguntarnos, con lo que venimos transitando, cómo me siento. Y si quiero eso o no.
Mas allá de las tradiciones, de la familia y los amigos, ¿Qué es lo que estoy necesitando para mí?
Porque estas cuestiones pasan, cuando yo me obligo, me traiciono a mí mismo en mi necesidad de decidir.
Porque me obligo a ir. Porque no queda bien si no voy, porque siempre se hizo así, porque este año va a ser diferente, pero durante el año, no hicimos nada para cambiar la situación.
Vamos con una expectativa mágica, que no nos ayuda para nada.Nosotros tenemos opciones frente a lo que nos pasa: ¿voy o no?
¿Con quiénes me voy a reunir? ¿Quiero invertir dinero en todas estas cosas que suelo comprar en las fiestas?
Ver si todo ello me conecta conmigo mismo y con mi centro.
Porque si me hace bien, me siento cómodo y verdadero para mí, en el entorno en que me muevo también va a ir siendo verdadero.







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