Con Luz Michel Amaro  …sin la presencia de Camilo en mis Navidades

 Con Luz Michel Amaro  …sin la presencia de Camilo en mis  Navidades

Michel vivió siempre una vida plena junto a su esposo Miguel Ángel Correa y su hijo Camilo.
Formó su hogar, compartiendo todo, volcando en su mundo lleno de valores, infinitas muestras de afecto, de comprensión y de buenas costumbres entre su familia y su entorno.
Con todo en armonía. Su esposo trabajando, Camilo con sus 16 años estudiando y compartiendo su tiempo en la compañía de amigos.
Reuniéndolos en su casa o concurriendo con ellos a cumpleaños de 15.
Hasta que un amanecer y por razones inexplicables, el destino le arrebata a Michel, la vida de Camilo, haciéndoselo todo muy difícil.
A partir de allí, Michel se derrumbó.
Aún con el apoyo de sus seres queridos y de los amigos de su hijo, quedó un vacío imposible de llenar.
Es tan fuerte e inexplicable su dolor, que pasó mucho tiempo para poder caer en la cuenta de que su único hijo Camilo, ya no estaba con ellos.
Comenzó lentamente a ponerse de pie y a tratar de dar unos pasos.
Al comenzar a reaccionar, llegaba la impotencia.
La impotencia de pensar en el accidente, donde ni siquiera se le prestó asistencia a Camilo, en el momento del hecho…y todo lo sucedido después.
Hoy está compartiendo con nosotros, su desdicha de perder a Camilo, pero también la dicha de un encuentro, que le cambió la vida con su fe, ya que actualmente, es Coordinadora en Salto, para la Virgencita de Salta:
“Hace ocho años atrás, perdía a mi único hijo. Y a partir de allí, estuve durante un año y poco, peleada con Dios, renegada de la fe.
Con un apoyo incondicional de parte de los amigos de mi hijo y no me va a alcanzar la vida para agradecerles.
El hecho de ir a casa, hablarme, recordarlo, para mí fue valiosísimo.
Por otro lado, mi vida fue tomando un rumbo, y con mi primer viaje a Salta, a La Virgen Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, se hizo como un quiebre en mí y mi vida cambió.
¿Cómo es que nace la iniciativa de ir allí?
Sentí la necesidad de encontrarme con ella y saber qué me había pasado. Tal vez era la pérdida de mi hijo. Es un llamado que hace la Virgen y uno lo siente.
Buscando una respuesta, en ese primer encuentro, no sentí nada. Me movilizó sí, la cantidad de personas que había.
Yo que iba descreída de la fe, con todo lo que me había pasado, al ver aquel mundo de gente, visitando la Virgen, pensé, “en algo tengo que creer”.
Volví a Salto, seguí con mi rutina, pero se ve que la Virgencita, estaba haciendo algo dentro de mí.
A los dos meses o tres, alguien me llama para hablar con una madre en mi misma situación y cuando la vi, me vi reflejada en ella. Vestida de negro. De ese negro que al principio no te lo puedes sacar de encima, imposible ponerse una prenda de otro color. Como traicionando lo que se siente.
La invito para ir a la Virgen y de allí formamos un grupo de cinco amigas.
¿Cómo fue la segunda visita a Salta?
Extraordinaria.
Ya me sentía más independiente.
Tal es así, que junto a la Virgen en Salta, se encuentra la señora María Livia, intercesora de la Virgen, quien recibe de alguna manera a los miles de feligreses que allí concurren, pide que interceda y abrace a cada uno de nosotros.
Por eso, es el abrazo de Jesús.
¿Cuándo comienzas a coordinar las peregrinaciones?
Sucede por medio de una solicitud realizada desde Montevideo donde hay una coordinadora general, para organizar esa área.
Es algo hermoso desde el momento de la salida con casi veinticuatro horas de viaje. Se comienza a rezar el rosario y al llegar al cerro, con sus cuatrocientos metros, todo cambia.
Es un cerro santo, por su paz, porque allí, no sentimos sed, ni hambre, no se oye murmullos, nada.
Se cuentan con testimonios y registros, de que la Santísima Virgen ha sanado, porque han llegado personas enfermas y a su regreso a la Virgen, el tumor ha desaparecido.
Es la fe de la gente en ese cerro santo, donde se respira un aire maravilloso, no existiendo nada más relajante y tranquilo. ¡Momentos incomparables!
¿Qué te han dejado estos años de peregrinación?
Una tranquilidad única. Paz. Me ha enseñado que mi hijo realmente está con la Virgen y con Dios.
Cuando tuve la gracia de poderle hablar a la señora María Livia: Me dijo “que mi hijo era un santo en el cielo”.
Eso me llenó de paz y tranquilidad y se lo entregué a Dios y a la Virgen.
Es como viendo a María con su único hijo clavado en la cruz. Lo que no va a pasar nunca, es olvidarme de mi hijo.
De su sonrisa, de su forma de ser, sin rencor en mi corazón.
En el momento que todo pasó, pensaba: ¿Por qué no le puse cadena a la moto? ¿Por qué no lo sentí?
¡Si era para haber dormido hasta el mediodía con sus tres amigos en casa!
¿Por qué se levantó temprano? ¿Por qué salió?
¿Cómo se suceden los hechos?
Fueron a un cumple de 15. Le pedí que al regresar entrara a mi dormitorio y me avisara que había llegado, para quedarme tranquila. Llegó a la una y agarrado de la puerta, estas fueron sus últimas palabras conmigo: “ ¡Hola vieja! ¡Ya volví!
Se quedaron luego en la computadora y cuando se va mi esposo a trabajar a las cuatro de la mañana, le pregunto por Camilo y me dice que estaba allí con los chiquilines, yo seguí durmiendo.
A las 8, me despierta una vecina, para decirme que Camilo había tenido un accidente.
No lo creía.
¿Por qué?, ¿si para mi él estaba durmiendo? ¡No lo creía!
Pero ya perdoné a la otra persona involucrada en el accidente, aunque nunca levantó el tubo para pedir perdón.
No tengo odio, ni rencor. Mi corazón está limpio.
Y eso me hace feliz y más fuerte.
En la fecha en la que estamos, (el día 7 de diciembre hubiese cumplido 25 años), pienso que Dios hace las cosas por algo.
Era mi único hijo, yo lo adoraba.
Era la luz de mis ojos y como único hijo, le di todo. Yo trabajaba solo para él y no le faltaba nada.
Pero hoy veo a esta sociedad que se está derrumbando, nadie piensa en el otro, todo es mezquindad, a veces lo único que quieren es dinero y es una pena tan grande. ¡Se me parte el corazón de pensarlo!
Pienso, si mi hijo estuviera hoy acá: ¿estaría bien? ¿O sería un drogadicto? ¿Por qué Dios me lo llevó?
Porque él era un ser muy especial, no era para estar en este mundo o estaría sufriendo demasiado.
Él está con Dios e hizo el camino antes para prepararnos al padre y a mí, para cuando vayamos. Y de allá arriba me ilumina.
Por eso, para los que hoy están sin esa persona querida, piensen que ellos desde el cielo, junto a la Virgen y Dios, los sostienen.
Que los busquen y lo encuentren, que están continuamente con nosotros. Piensen solo en los momentos lindos, no en los feos. En los besos hermosos que nos daban.
No dejen de ir a la Iglesia, recen y no pierdan la fe”.







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