Tiempo de adaptación

Un desafío para padres e hijos. También es el mejor momento para evaluar la calidad del lugar.
Cuando los padres dejan por primera vez a sus hijos en el jardín maternal, la guardería o la salita de dos, sienten una suerte de desgarro. Están dejando allí lo más importante de sus vidas, un ser pequeñito que poco puede contar de lo que vivirá en la jornada. Pero si hay razones para confiar lo más valioso de la familia a ese espacio y a esos profesionales, habrá que estar tranquilos y transmitirle seguridad al chiquito.psicomotricidad_02_72“El momento de elegir un jardín para nuestro hijo suele ser un período de mucha ansiedad y temor. Por eso, es clave analizar ciertas pautas que nos den confianza”, dice la licenciada Adriana López, co-fundadora de Momento Cero, espacio de crianza y maternidad.
Los padres primero tienen que haber tomado otra decisión: “¿lo dejamos en casa con una niñera, con la abuela o elegimos un jardín?”.
Los expertos apuntan que la estimulación temprana, la interacción humana y la protección son la base de un mayor desarrollo de las potencialidades del niño. De hecho, en los últimos años, se pasó de las “guarderías”, donde solo se proponía el cuidado asistencial (comida, sueño e higiene), a proyectos educativos con un reconocimiento del valor que tienen los primeros años de los chicos en su formación como personas.
“El Desarrollo Infantil Temprano (DIT) plantea la estimulación de las áreas motoras, cognitiva, del lenguaje, social y emocional en bebés de 45 días hasta niños de dos años, así como habilidades de independencia. Los chicos en el jardín maternal están en una etapa donde el desarrollo es especialmente sensible al impacto sensorial. A través de una estimulación adecuada y sistemática, las nuevas redes neuronales se consolidarán”, aseguran las licenciadas Gabriela Gamallo y Mariela Caputo, directora educativa y psicopedagoga, respectivamente, de Jardines Maternales Diálogos.
Las expectativas, los temores y las angustias a la hora de elegir un jardín maternal son muchas. Más aún después de la conmoción que causó el caso Tribilín en todos los padres con chicos chiquitos. “Para reconocer la calidad educativa de un jardín materno-infantil, lo más simple y efectivo para una familia es evaluar tres aspectos: si los padres pueden circular libremente por la institución (entrar a la sala a dejar y buscar al niño en cualquier horario del día, poder ver o participar de algún momento espontáneo de juego, observar el trato y el vínculo de las docentes); los objetivos que el jardín se propone para cada edad y cómo los planifica; y la estructura del jardín, refiriéndonos no solo a los espacios físicos sino a la dinámica de uso de los lugares”, explican las profesionales de Diálogos y recomiendan pedir referencias a otros padres sobre la institución.
Entre las variables para analizar, Adriana López agrega que es importante que los padres se sientan identificados con la filosofía que propone el jardín y que piensen en la ubicación y accesibilidad del lugar: “Debemos evaluar si preferimos que esté cerca de casa o del trabajo. La cercanía del jardín es relevante, sobre todo en el período de adaptación, en que los chicos no están allí la jornada completa, y ante un eventual problema (fiebre, un golpe, dolor de panza)”.
Por otro lado, la cantidad de chicos por sala y de docentes y auxiliares a cargo es crucial. “Debe haber una concordancia entre la edad de los niños, el tamaño máximo del grupo y la cantidad de personal”, afirma López. “También es importante ver la fluidez en la comunicación con los docentes y directivos. La mamá necesita una continuidad de información sobre cómo está su hijo o cómo transcurrió su día. Esto le permitirá entender las manifestaciones del niño y recuperar mentalmente el día de su hijo”, afirma López.
En Diálogos aconsejan que los espacios sean visibles (transparentes), es decir, que la salita se pueda ver desde afuera y que se cuenten con las habilitaciones pertinentes.
“Hay que fijarse que los muebles tengan puntas redondeadas, las escaleras tengan doble baranda, los vidrios sean blindados y haya salidas de emergencia. Se debe preguntar cuáles son los procedimientos de higiene de juguetes, mamaderas, cambiadores; y si hay asesoramiento médico que permita controlar que se cumplan las normas de exclusión y reingreso de los niños con enfermedades infectocontagiosas”, resume Caputo.
Dicen que la confianza se construye y eso no está lejos de la realidad. Las mamás piensan que los chicos las van a extrañar y que las maestras no van a entender sus señales. Pero, las psicopedagogas aseguran que para los niños será más simple adaptarse porque están conociendo el mundo y pronto incorporarán el jardín como un ámbito más de sus vidas.
Nuevos vínculos
El proceso de adaptación lleva tiempo. “En general, las madres no saben cómo manejar la angustia del despegue de su bebé. Desde el jardín es importante ofrecerles espacios y tiempos de encuentro con la maestra (entrevista previa, tiempos de adaptación dentro de la sala, ratos de juego antes de dejar al bebé o al buscarlo)”, dice Gabriela Gamallo.
Mientras María Belén Vanzini, psicopedagoga y docente de nivel inicial explica que lo fundamental de la adaptación es que el niño pueda encontrar alguien en quien confiar y, así, saludar a mamá y entender que luego volverá a buscarlo. “Para que esto se logre, el niño debe entablar un vínculo de apego, seguridad y amor con algún adulto. Sería ideal que siempre lo reciba la misma persona y que no haya rotaciones frecuentes. Luego, a medida que vaya adquiriendo confianza, irá haciendo del espacio del jardín su lugar -dice Vanzini-. La adaptación se va dando progresivamente. El tiempo varía en cada niño y en función de las edades de los grupos del jardín”.
La especialista propone que los padres miren a sus hijos. Si son un poco más grandes, que observen si vuelven felices, si les gusta ir al jardín. Y que la comunicación siempre sea fluida y cotidiana con los maestros.
“Creo que el proyecto pedagógico más acertado para todos los pequeños es aquel que se centra en lo vincular -dice Vanzini-.
Es a través del vínculo que se enseña, se aprende, se es feliz. Por lo tanto, en un espacio donde lo que prima es el respeto por el niño y su familia, todos los demás aprendizajes se dan naturalmente en un entorno de amor”.

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