A los hinchas

EL PUEBLO eligió este fragmento del libro de Eduardo Galeano llamado “El Fútbol a Sol y Sombra”. Quien tuvo la oportunidad de leerlo en algún momento, se habrá sentido identificado en muchas 2 11 15 108partes de este maravilloso patrimonio literario que nos dejó un gran escritor que tuvimos. En esta oportunidad y con el arranque de esta Tercera rueda, hemos decidido compartir con ustedes este fragmento dedicado al hincha, a esa persona que apoya siempre, todo el año, que acompaña a su equipo a cualquier cancha y que no le importa el resultado, él siempre está.

Desde nuestro lugar, esperamos que esta Tercera rueda que se arranca a jugar hoy, sea en paz, cada uno con su club, sin violencia; y más allá de la bronca que a veces nos generen algunas cosas, mantener la tranquilidad y no olvidarnos que el fútbol es la pasión de muchos, adultos y niños.

A continuación compartimos el fragmento del cual hablamos.

 

El hincha:

“Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos. Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música. Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.” – Eduardo Galeano







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