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“Para mí lo más importante, era llegarle al público”

Dora “Yiya” Nefer Migliaro Ocampo
Bailarina de Danza Clásica y actriz.

En la presentación de una tarjeta que “Yiya” guarda, como recuerdo de invitación a uno de los eventos del año 2003, se puede leer: “A los 45 años de mi primer festival”.
Dentro de la misma, estaba plasmado todo su sentir: “Agradezco a todas mis alumnas, a los familiares, siempre generosos y solidarios a la hora de exigir más, tanto en la danza que nos eleva el espíritu y el cuerpo, cual salto de una bailarina, como en la gimnasia que cuida físicos y músculos que perfeccionan nuestros movimientos.Yiya Migliaro [1]
A los 45 años de aquel primer festival de Danza, hasta hoy, celebremos con alegría, el trabajo por nuestra cultura.
Llevaré a todos, dentro de mi corazón por siempre”.
Y es así que realmente lo demuestra hoy, nuestra “Yiya” Migliaro.
Comenzó la entrevista, narrándonos entusiasmada sobre sus años de niñez:
“Yo fui autodidacta, hasta los ocho años, porque no había profesores de danzas en ese entonces.
Vivíamos en calle Agraciada y mi madre un día me pierde: “¿Dónde está la nena?”.
La habían vestido de hawaiana y la nena estaba en un tablado ubicado en la esquina de la casa, bailando. (Sonríe).
Yo nunca le tuve miedo a subir a un escenario a bailar o a actuar. Igual me subía en una silla y recitaba, estudiaba de memoria las poesías y también lo hacía.
¿De dónde nacen los dotes de “esa nena”?
No tengo ni la menor idea.
Pero puede que en la familia haya alguna veta, por medio de mi madre que era bisnieta de Luciana Terra, hermana del Presidente. Una mujer con muchos dotes.
Y a veces creo que mi pasión por la danza nace, porque mi abuelo bailaba muy bien.
Yo andaba siempre de alpargatas y parada en puntitas de pie.
¿Cuándo comienza a estudiar su carrera profesional?
En el año 1946 comencé a estudiar, porque me encantaba.
Estaba ubicada la escuela, arriba de Radio Tabaré. Y fueron mis comienzos, con la profesora Mireya Alsina de Castelli, llegada del SODRE.
Luego llega un suplente de ella, Marta Cáses que era de Mercedes, luego llega otra profesora: Pérez Sicilia, del Colón, con la cual aprendí muchísimo. Y así comienzan a rodar mis estudios, en torno a la danza clásica, que fue para lo que me preparé y es la base de todas las danzas.
Estudiaba en una clase de mi edad, pero me pasaba para la clase de las chiquilinas más grandes. Estaba preparada para ello.
También estudié inglés, faltándome un examen para recibirme de profesora.
Incluso hasta hace poco, estaba estudiando teatro en el Ateneo, aprendiendo en ruso, con un profesor de Paysandú.
A mí, el método Stanislavsky me faltaba aprender, y con este profesor, lo estaba logrando. Una pena que él no pudo venir más.
También durante mucho tiempo, hacía voces. Como de la hormiguita, como de cualquier otro animal, para teatro.
¿Cuándo comienza su carrera profesional?
En el año 1958 comencé a dictar clases como Instituto.
Pero antes, lo hacía en las escuelas, recuerdo hacerlo desde siempre.
Acostumbraba, cuando iba yo, de niña a la escuela, a enseñarle a la maestra lo que sabía (sonríe).16806887_1444097955608679_5275959565954707384_n [2]
En una época de mi carrera, mi esposo Blayner Nerú González, que era profesor de educación física, también tocaba el piano. Y yo junto a él, daba clases en Universitario.
Y llega a mi vida, en un momento muy importante para mí Silvia Pawelesky, en el año ´81.
Gran profesora y amiga. Con la que hemos bailado juntas en el Notariado.
¿Quién se hacía cargo de la vestimenta de teatro?
Yo me encargaba del diseño de las prendas a usar y luego contrataba las modistas que culminaban el trabajo totalmente.
¿Está siempre dispuesta, cuando se trata de apoyar a sus colegas, actualmente?
Sí, claro, siempre que me encuentre en condiciones, sí.
Me encanta y siempre me están convocando, para hacerlo.
¿Qué significó para usted, conquistar este triunfo en la Danza?
No, yo no triunfé.
Para mí lo más importante era llegarle al público, transmitirle eso. Luego con lo aprendido, traté de inculcarlo, en todo este tiempo que estuve brindándome a la danza.
¿Qué tiene que tener una bailarina que se jacte de serlo?
Tiene que sentirlo en el plexo solar (golpeándose el pecho). Es sentirlo. Sentirlo en la cabeza, conocer la música que está bailando.
Lo mismo pasa en lo teatral.
Porque si estamos brindando un espectáculo, uno se debe a ese público.
¿Hoy de qué disfruta?
Mi actividad sigue. Nunca ha cesado.
Aunque ya no es como cuando dictaba mis clases, me convocan actualmente para integrar los jurados y estoy cada día entretenida con invitaciones de distintos lugares.
¿Desea enviarles un mensaje a sus colegas?
Que intenten inculcarles a sus alumnas y que a su vez estas, traten de saber escuchar la música. Saber quién es el autor y qué es lo que están bailando.
Que busquen variaciones, de todas las interpretaciones.
Y que si están interpretando algo dulce, dramático o triste, tienen que transmitir esas sensaciones. Y en la cara se le tiene que notar.
¡Y que sigan adelante con esa ilusión de la danza!