«Nunca imaginé ver a mi hijo así»

Con Lourdes Barreiro. Una madre esperanzada

El espacio en el que desarrollaremos la siguiente historia, se encuentra ocupado en su totalidad, por el amor de una madre.
Quien tuvo tres hijos y en cada uno de ellos, ha volcado lo mejor de si, para conquistarlos afectuosamente.
Una madre que ha transitado en forma permanente, con una paciencia infinita alrededor de uno de ellos, para hacerle una total entrega de su apoyo cuando se iniciaron sus problemas. Pero él no logró entenderla, «seguirla» y momentáneamente, no se encuentra a su lado.
El nombre de esa mamá es Lourdes y aún con las diferentes dificultades que ha intentado superar, no la ha hecho mejorar la actual situación en la que su hijo se encuentra.
Decidió valientemente presentarse ante nosotros, para que conozcamos de la gran esperanza que la embarga y se resiste a abandonarla.
«Mi familia se compone por tres hijos, mi pareja y su hijo», comienza diciéndonos.
«A los mayores, los crié prácticamente sola, porque me separé de su padre y como yo no trabajaba aún, se me hizo muy difícil esa crianza.
Estuve muchos años, luchando sola.
Al buscar trabajo encontré changas y desde hace cinco años trabajo en un supermercado del medio. Hoy contamos con nuestra casa, con mi actual pareja. Pero comenzó en algún pasaje de mi vida, un gran problema con un hijo mío, que me cuesta mucho superar».
¿Por qué decide contarnos su preocupación?
Porque seguramente la situación que paso con mi hijo, la gente la sepa, pero no en su totalidad.
Está bueno que luego de esta entrevista, nuestro entorno, conozca de una manera más íntima lo que pasamos y paren de juzgarme. Puse todo de mí para sacarlo a él de la droga y no lo apoyo en lo que hace.
¿Cómo conoce el problema?
Porque transitaba su etapa liceal concurriendo al fútbol, cuando con 14 años comenzaron a llegarme comentarios de que se drogaba, ya que lo vieron fumando marihuana en la costa.
Se comunicaba el entrenador de fútbol conmigo, diciéndome que él no iba a las prácticas.
¿Cuál fue su reacción?
No di crédito, me parecía todo muy raro.
Un día lo encaré, preguntándole y me respondió: «No estoy fumando nada, no».
Me llamó la atención sus ojos enrojecidos, porque entendía que era una de las reacciones que suele tener un consumidor.
¿Cuándo logra cerciorarse?
Cuando mi pareja llega y conociendo su aprecio por mi hijo, me dijo que sus hijos lo habían visto fumando marihuana.
Lo llamamos, mi pareja le pidió que por favor, nos dijera la verdad y nos confesó que consumía marihuana.
¿Sentía que se le había escapado de las manos?
Sí. Por más que le hablara, ya tenía su barra inseparable.
¿Toma usted alguna decisión?
Intenté buscar ayuda, le pedía acompañarme a un centro de rehabilitación y se negaba.
Hablé con su padre, se lo quiso llevar, pero duró un mes allí y me pidió volver conmigo.
Comenzó a abandonar el liceo, a juntarse con la barra del barrio, más que nunca.
Es cuando me llega la noticia de que estaba consumiendo pasta base.
¿Cómo era su carácter?
Como siempre. Nunca fue violento.
Callado, humilde y creo que cuando consumía, lo dejaba mas tranquilo.
Pero estaba cambiando. Lo perdíamos, salíamos a buscarlo y pasábamos días buscándolo. Hasta que comenzó la etapa en que la policía lo encontraba, lo llevaban derecho al hospital y lo dejaban internado por consumo, por una semana.
Me lo volvían a entregar y volvía a la calle.
Recurrí a diferentes instituciones, pero nunca conseguí nada. Unos se pasaban el problema al otro y nunca nadie me apoyó.
Estaba tan absorta en el problema, que no se cuándo fue el dia en que él se fue y no volvió más.
¿Ha llegado a tener problemas con la justicia?
Por los robos que cometía en diferentes lugares.
El desaparecía y yo hacia la denuncia.
Una vez lo encontró el padre en una plaza. Otro día salí a buscarlo porque por un robo, le habían pegado un balazo en una pierna, con temor de que la herida se infectara y lo encontré rengueando cerca del Puente Sarandí.
Estaba muy demacrado, sucio y es cuando no se alimenta bien, come de la basura y anda pidiendo. Como un linyera. Estaba vivo, porque bien no estaba.
Nunca iba a imaginar ver a mi hijo así. Tan pulcro, tan honesto y buena persona, como era, vendiendo la ropa, calzado y lo que tenía.
Yo lo veía, cuando la policía me llamaba para que fuera a recogerlo porque andaba en algo malo. Su aspecto era espantoso.
Llegábamos a casa y en cinco minutos se iba de nuevo, perdiéndolo por unos cuantos días otra vez.
¿Cuál es su situación hoy?
Está procesado en la Cárcel de menores en Montevideo por 18 meses. Nunca dejó los robos para consumir.
Seguí insistiendo, solicitando ayuda en muchos lugares, sin conseguir nada.
Es un inmenso dolor que siento por la impotencia que me provoca no encontrar una solución.
¿Alberga la esperanza de que el pueda recuperarse?
El me llama todos los días, contándome que juegan al fútbol, lo hacen estudiar, tiene Psicólogos, con un tratamiento.
Y aunque el ya estuvo en un Centro de rehabilitación para compulsivos, mantengo la esperanza de que lo ayuden.
La mía es una gran enseñanza de vida, pero demasiado dolorosa.
Y todavía, no puedo decir que es con un final feliz, porque sigue.
¿Qué le diría si lo tuviera ahora enfrente?
Que lo amo, que daría cualquier cosa por verlo bien y que esté conmigo haciendo una vida normal.
El sabe que yo siempre estoy.