Profesión: Maestra. María Celeste Roux

Celeste RouxMaría Celeste se casó a los 26 años con su esposo Elbio Cardozo.
A los pocos meses, llega a su hogar su primer hijo Carlos, a los catorce meses, lo hace el segundo Elbio Esteban, criándolos a ambos con poca diferencia de edad.
Llega la niña un tiempo después, MarÍa Gabriela; allí sí, con algo de diferencia entre los demás, para que mucho tiempo después, llegara su nietita Milena.
Tuvo siempre un deseo desde niña, y fue el de ser maestra.
El destino, las ganas y el sacrificio por conseguirlo, le demostró que se podía. Aún cuando creía que no sería posible, se recibe de maestra.
Hablamos con María Celeste que de esta forma su historia de vida nos contaba:
¿Cómo fue su hogar con los tres niños?
Mi esposo trabajaba en Montevideo en una empresa, pero venía en Semana Santa y a fin de año.
A pesar de ello, no era un padre ausente, estaba continuamente enviándole cartas a mis hijos, que las guardo con mucho cariño.
Se da que en el año ´99, se viene para Salto y es ahí el tiempo que hemos estado todos juntos.
Aunque la situación económica no era buena del todo, estaba Elbio siempre tratando de realizar algún trabajo que lo remunerara, para poder seguir adelante solventando los gastos del hogar.
A su vez, conseguimos en ese entonces, la patente para vender quiniela y me instalo en la esquina de la cuadra.
Lo hacía durante todo el día y con ello, supimos manejarnos en la economía, para poder seguir adelante.
¿Cómo comienza la idea para reintegrarse a los estudios?
En el año 2005, se le ocurre a uno de mis hijos estudiar, sentía el deseo de hacer el liceo nocturno. Llegamos al Liceo Ipoll y la cola era larguísima para las inscripciones.
De repente, se me ocurre a mí preguntar por mi situación, ya que estaba debiendo algunas materias de 5° y contaba con 46 años.
¡Me entusiasmé, con la respuesta de las administrativas que enseguida me dijeron que lo podía hacer!
En ese año, recursé las materias de 5° y recursé ya al año siguiente 6°.
Recuerdo a mi madre, esperándome en casa para saber si había corrido con suerte en el último examen de Literatura, y cuando le digo que sí, ¡estaba tan contenta!
Fue ella la que me sugirió, luego de preguntarme “¿qué sigue ahora? Tenés que seguir alguna carrera” me dijo: ¡Maestra!
No lo pensé, porque había un límite de edad para magisterio y no lo podía hacer.
Además en esa época, vendía diarios para Diario El Pueblo, frente a la escuela N° 2, como toda la familia, y solventábamos muchos gastos con ese dinero, incluso luego, las fotocopias para mis estudios.
Estoy muy agradecida, con Diario El Pueblo, ya que hasta ahora lo siguen haciendo mis hijos.
Fallece mamá en el 2007, y yo recibida de bachiller con todo pronto para inscribirme en la Universidad, para seguir la carrera de Asistente Social.
Ese mismo día, escucho por radio que había inscripciones para magisterio, sin límite de edad.
Llego, me anoto, pero sin demasiada expectativa, porque tenía todo pronto para ingresar a la Universidad.
¿Cómo fue la sorpresa en la familia por la elección de estudios?
Llego a casa ese día y le comento a mi esposo, de que no iba a ir a la Universidad.
Iba a estudiar magisterio. ¡Fue una sorpresa!
Comencé la carrera en el 2008 y la terminé en el 2012.
Con mucho sacrificio. Vendía quiniela, tenía las clases de segundo en adelante, en el instituto y en las escuelas.
Tuve la suerte de que mi esposo se hizo cargo de la casa.
Fue muy sacrificado, pero valió la pena.
¿Cómo fue la alegría de recibirse de maestra?
Me recibí en febrero del 2012, anotándome en las escuelas de por aquí, para hacer el 662, que son maestro por día.
Había hecho la práctica en Escuela 88, otra en la 105, luego en Escuela de San Antonio, porque luego cuando se elige, se los selecciona a los que están en la lista de concursantes, después a los egresados.
Era muy deprimente ir tantas veces a la inspección para saber si había algún cargo vacante y no lo podíamos conseguir.
¿Cuál fue su primer trabajo?
En Cuchilla de Arapey por una semana, a finales de abril.
Luego me correspondió la semana de vacaciones de Termas de Arapey, durante un mes, y cuando terminé allí, me correspondió Pueblo Olivera donde me estacioné por un período largo hasta fin de año.
Se había jubilado el Director y la maestra más veterana en el cargo había pasado a Dirección.
Ya luego, me tocó transitar en el 2013, un tiempo en Belén y el año pasado, fue en Pueblo Quintana.
Este año, estamos trabajando en Carumbé, a 145 Km. de la ciudad.
¿Qué le ha dejado todo este tiempo de mamá-maestra?
Lo más difícil que me ha tocado vivir es dejar a mi familia y tener que retirarme tan lejos para ir a trabajar.
Cuando mi esposo fallece, se me hizo mucho más difícil todo.
Quedan mis hijos acompañados, pero solos.
Uno renuncia a muchas cosas, el solo hecho de no poder estar con mis hijos, es muy doloroso para mí.
¿Cuál es su expectativa en cuanto a sus hijos?
Uno siempre quiere lo mejor para los hijos.
Se encuentra uno de ellos casado y viene en camino un segundo niño, que es lo que nos hace estar expectantes y contentos.
Les envío un mensaje a todas las madres,: “ el tesoro más grande que tenemos, son los hijos: cuidémoslos mucho”.







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