La producción de arándanos en el Uruguay: sus trabajadores

El Departamento de Ciencias Sociales de la Regional Norte de la Universidad de la República desde hace veinte años  realiza investigaciones sobre el Desarrollo Regional. Actualmente está integrado por trece investigadores con niveles de Maestría y Doctorado. En esta ocasión  la temática que se presenta refiere a las características de los trabajadores de la producción de arándanos en el Uruguay.
Introducción
En el anterior artículo describimos las características generales de la producción de arándanos en nuestro país, ahora nos abocaremos a la descripción de la fuerza de trabajo que se emplea en esta cultura productiva y se enmarca en un proceso de trabajo específico.
Volumen de la Demanda de Trabajadores
Por ser un fruto fresco de características biológicas y productivas específicas, su alta velocidad de maduración hacen necesario su rápida conservación en frío, por lo que es un producto de especial cuidado, tratamiento y necesidad de fuerza de trabajo en tiempos picos específicos. Para ello, a diferencia de otros frutos, los empaques se localizan en el medio rural, los que trabajan concatenados a posterioridad de la cosecha del día, embarcando el arándano hacia su destino en la misma noche.
De acuerdo a estas características, el proceso de trabajo requiere un alto porcentaje de trabajadores asalariados zafrales, siendo uno de los rubros que demanda mayor mano de obra en el medio rural proporcionalmente a la superficie explotada. En la etapa de plena producción se necesitan para el cultivo entre 15 y 20 trabajadores por hectárea.
De esta forma, si bien la producción de arándanos demanda mano de obra permanente en baja proporción, en las etapas de cosecha y pos- cosecha se produce una alta concentración de trabajadores. En la región litoral norte, (Salto y Paysandú) se estima que en la zafra se emplean más de 2500 trabajadores al mes.
Formas de Reclutamiento de la Mano de Obra
La producción de arándanos se realiza mediante dos formas contractuales, unos pocos contratos de carácter permanente más capacitados, estrechamente ligados a los mandos medios de las empresas, (capataz, jefes de cuadrilla, peones polivalentes) y contratos por jornal con una producción mínima obligatoria y luego premios por productividad (destajo) en los puestos de cosecheros, bandejeros que son a mayoría de trabajadores contratados.  La zafralidad es característica de las fases de cosecha (recolección de la fruta) y post- cosecha (packing) y cubre los meses de noviembre y diciembre. Estos trabajadores temporales son menos calificados, realizan tareas más simples y rutinarias que los anteriores, con mayor esfuerzo físico y manualidad de las tareas.
La captación de esta fuerza de trabajo es cada vez mas intermediada por contratistas que pueden ser empresas con diferentes grados de formalización que reclutan, movilizan y venden fuerza de trabajo a empresas del sector para determinadas labores. Los servicios son pagados por la empresa directamente al contratista, quien a su vez paga el salario a los trabajadores.
Para el caso del arándano estos contratistas están fuertemente centrados en las localidades que hacen el reclutamiento, donde se valen de redes y capital social preponderantemente basado en lazos primarios, de conocimiento cara a cara, existiendo, en cierta forma, un compromiso verbal de disponibilidad para la siguiente zafra. En este sentido, la figura del contratista refuerza la incorporación de nuevos sectores de esas localidades del mercado de trabajo (desempleado, empleado en otros rubros, activo o inactivo).
En el Uruguay no existe tradición de reclutamiento de grandes contingentes de fuerza de trabajo fuera del país. Esto implica que la demanda de fuerza de trabajo impulsa al fuerte enganche de mujeres y otros miembros inactivos del hogar, sobre todo en los meses de cosecha del arándano, sólo como una actividad parcial durante el año, asociada a estrategias hogareñas de reforzamiento de ingresos salariales a hogares urbanos y suburbanos. Estas características son comunes en el trabajo rural de la región, donde, frecuentemente quienes ofrecen su fuerza de trabajo en estos mercados de trabajo son sectores vulnerables de la población, generalmente con dificultades en el acceso a mejores condiciones de trabajo. Además, por lo general, caso logren acceder a ocupaciones urbanas, con mejores condiciones laborales, abandonan los mercados de trabajo rurales.
Características Generales de sus Trabajadores
Los trabajadores del arándano cuando recién se insertan al mercado laboral lo hacen en trabajos que se caracterizan por carecer de calificación. Tiene un peso importante el grupo de trabajadores (de sexo femenino y masculino), que se han ocupado en el medio rural, en chacras, en la cosecha de diferentes variedades de frutas y verduras, en el rubro hortícola, frutícola y en la forestación. Otros se han empleado en la agroindustria en lo referente a la etapa packing.
Si diferenciamos el primer trabajo obtenido según el sexo de los trabajadores podemos decir que entre las mujeres las ocupaciones destacadas son las de cuidados personales (niñera) y de empleo doméstico. El sexo masculino se ha empleado principalmente en la construcción,  como conductores de vehículos,  vendedores, mecánicos y servicio de protección.
De los estudios exploratorios realizados por este equipo de investigación se desprende que los trabajadores del arándano desde que comenzaron a trabajar hasta el presente no tuvieron trabajos estables, siendo en general, los empleos obtenidos de carácter zafral. Todos los trabajos detectados requieren de muy baja calificación para la tarea. De ello podemos deducir que estos trabajadores jóvenes tendrían muy poco incentivo para escolarizarse, ya que solo podrán en su mayoría obtener trabajos sin calificación y de baja remuneración.
En la trayectoria laboral de las mujeres podemos apreciar que principalmente se han empleado como trabajadoras domésticas, niñeras, atención al cliente, vendedoras en verdulerías, fábrica de ropa y alimentos. Los hombres han trabajado en la forestación, caña de azúcar, jardinería, construcción, militar, mecánico, vendedor, supermercado y en seguridad. Se detecta que la cosecha de frutas y verduras es el único trabajo que es común a ambos sexos.
Si analizamos esa trayectoria con más detenimiento vemos que los jornaleros del arándano provienen principalmente de ocupaciones en el medio rural como chacras, la cosecha de diferentes variedades de frutas y verduras y en algunos casos de la forestación. Pero también hay ocupados de los sectores urbanos. Entre las mujeres las ocupaciones que se destacan son las de cuidados personales (niñera) y de empleo doméstico. Los varones por su parte, se han empleado principalmente en la construcción, como conductores de vehículos, vendedores, mecánicos y servicio de protección.
Aspectos a remarcar
La producción de arándanos en Uruguay con una antigüedad que apenas supera una década, se inserta en el país debido a las condiciones favorables de la coyuntura internacional y siguiendo la lógica global del sistema agroalimentario. Sin embargo, lo novedoso en estas cadenas agroalimentarias es la fuerte racionalización del trabajo, (Taylorismo creciente) con un uso de una sofisticada tecnología, de mano de obra abundante pero muy estacional.
En esta producción existe una formalización legal de los trabajadores, combinada con un férreo control del tipo de trabajo (jornada laboral intensa, descansos, etc.). Estos mecanismos o dispositivos permiten maximizar el rendimiento y la productividad del trabajo de una fuerza de trabajo cada vez más difícil de disponer (de acuerdo a la actual coyuntura de bajo desempleo).
Aún se mantienen viejas formas de pago por cantidad cosechada, existiendo un dilema para las empresas en el presente, siendo como lograr mayor disciplinamiento de la mano de obra para este tipo de trabajo con una tensión en la organización del trabajo entre el pago por cantidad o por calidad.
En este marco, en el mercado de empleo del arándano se destacan dos fenómenos peculiares: la participación y trayectoria de las mujeres y la emergencia de nuevas modalidades de contratismo.
Respecto al género, se constata que no existe distinción en cuanto a la realización de las actividades de cosecha, dada la escasez de mano de obra rural existente en nuestro país.
Las trabajadoras de la agroindustria del arándano desde su inserción al mercado laboral han tenido trabajos que se caracterizan por requerir de baja calificación para el desarrollo de la tarea, poca estabilidad de los empleos y caracterizados por la zafralidad/ temporalidad de los mismos.
En función de la trayectoria laboral, podemos construir la siguiente tipología de las mujeres cosechadoras de arándano: Mujeres que provienen de trabajar en el ámbito urbano y se insertan en tareas rurales (en tareas de cuidados personales y empleadas domésticas, empresas de limpieza. tiendas, fábricas de procesamiento de alimentos o taller textil). Mujeres que siempre trabajaron en el ámbito rural en otras actividades eventuales (chacras, en la cosecha de diferentes variedades de frutas y verduras, en el rubro hortícola, frutícola y  packing de frutas). Trabajadoras que no trabajan como  asalariadas el resto del año y se insertan en el trabajo rural sólo para el arándano (amas de casa, mujeres que estudian, o que trabajan en su casa en actividades como costuras, cocina para afuera, repostería).
Las formas contractuales en este tipo de actividades está marcada por la existencia de unos pocos contratos de carácter permanente para los trabajadores más capacitados, estrechamente ligados a los mandos medios de las empresas, (capataz, jefes de cuadrilla, peones polivalentes). Contratos por jornal con una producción mínima obligatoria y luego premios por productividad (destajo) en los puestos de cosecheros, bandejeros que son a mayoría de trabajadores contratados. La figura del contratista en el agro uruguayo no es reciente pero se ha ido transformando a partir de los requerimientos de las empresas contratantes y la legislación imperante en el país. En la actualidad éste se ha constituido en un empresario moderno, adaptado a las lógicas del mercado de empleo local, y juega un papel central en la configuración moderna en el arándano uruguayo.
En el caso que hemos estudiado en el arándano uruguayo, durante el período de intensa labor (cosecha) éste actor opera bajo estrictas condiciones impuestas por las empresas contratantes, que establecen no sólo los requerimientos de mano de obra sino también la productividad deseada por trabajador, las normas técnicas y fitosanitarias. Estas condiciones de trabajo han ido especializando la función del contratista, haciendo aumentar su tamaño (manejan entre 300 y 400 trabajadores), desplazando a los más pequeños y tradicionales.
Pero estas modernizaciones esconden formas de reclutamiento muy tradicionales por mandos medios (capataces) que se encargan de reclutar su cuadrilla de trabajo. Cada capataz recluta y controla aproximadamente 25 trabajadores encargados de cosechar y un “bandejero” con funciones de contralor y conteo de las bandejas cosechadas. Tanto el capataz como el bandejero reciben salarios diferenciales y pagos extras por productividad.
El  empresario contratista domina los aspectos productivos requeridos por la empresa contratante y posee capacidad logística de comunicación, de transporte y formas de administración y gestión de los recursos humanos para gran cantidad de personal. Pero delega el control social del trabajo a los capataces en tanto los trabajadores a su cargo son sus conocidos y éstos responden ante él y no a la empresa (aunque son formalmente empleados de la misma). El capataz posee la función de controlar  la intensidad y la calidad del  trabajo. Tiene el poder de suspender y pagar adelantos a sus trabajadores, lo que hace a un sistema de dominación muy propicio para vulnerar los derechos de los trabajadores
En síntesis, puede decirse que hemos encontrado nuevas modalidades de trabajo y empleo pero que no alteran en forma sustantiva las condiciones estructurales de empleo en el sector. De hecho, éstos trabajadores y sus condiciones laborales presentan características estructurales y de subordinación como se observó años atrás en los Boias Frias en Brasil, Peludos (trabajadores de la caña de azúcar), Arrancadores de frutas del sur de Argentina y los Trabajadores golondrina, entre otros. En general, todas estas ocupaciones muestran una fuerte “discontinuidad en el mercado de empleo”: formas precarias y de baja calidad del empleo que apenas pueden considerarse trabajo decente. Salarios insuficientes y a destajo. Baja capacidad de organización colectiva y poca visibilidad política.

El Departamento de Ciencias Sociales de la Regional Norte de la Universidad de la República desde hace veinte años  realiza investigaciones sobre el Desarrollo Regional. Actualmente está integrado por trece investigadores con niveles de Maestría y Doctorado. En esta ocasión  la temática que se presenta refiere a las características de los trabajadores de la producción de arándanos en el Uruguay.

Introducción

En el anterior artículo describimos las características generales de la producción de arándanos en nuestro país, ahora nos abocaremos a la descripción de la fuerza de trabajo que se emplea en esta cultura productiva y se enmarca en un proceso de trabajo específico.

Volumen de la Demanda de Trabajadores

Por ser un fruto fresco de características biológicas y productivas específicas, su alta velocidad de maduración hacen necesario su rápida conservación en frío, por lo que es un producto de especial cuidado, tratamiento y necesidad de fuerza de trabajo en tiempos picos específicos. Para ello, a diferencia de otros frutos, los empaques se localizan en el medio rural, los que trabajan concatenados a posterioridad de la cosecha del día, embarcando el arándano hacia su destino en la misma noche.

De acuerdo a estas características, el proceso de trabajo requiere un alto porcentaje de trabajadores asalariados zafrales, siendo uno de los rubros que demanda mayor mano de obra en el medio rural proporcionalmente a la superficie explotada. En la etapa de plena producción se necesitan para el cultivo entre 15 y 20 trabajadores por hectárea.

De esta forma, si bien la producción de arándanos demanda mano de obra permanente en baja proporción, en las etapas de cosecha y pos- cosecha se produce una alta concentración de trabajadores. En la región litoral norte, (Salto y Paysandú) se estima que en la zafra se emplean más de 2500 trabajadores al mes.

Formas de Reclutamiento de la Mano de Obra

La producción de arándanos se realiza mediante dos formas contractuales, unos pocos contratos de carácter permanente más capacitados, estrechamente ligados a los mandos medios de las empresas, (capataz, jefes de cuadrilla, peones polivalentes) y contratos por jornal con una producción mínima obligatoria y luego premios por productividad (destajo) en los puestos de cosecheros, bandejeros que son a mayoría de trabajadores contratados.  La zafralidad es característica de las fases de cosecha (recolección de la fruta) y post- cosecha (packing) y cubre los meses de noviembre y diciembre. Estos trabajadores temporales son menos calificados, realizan tareas más simples y rutinarias que los anteriores, con mayor esfuerzo físico y manualidad de las tareas.

La captación de esta fuerza de trabajo es cada vez mas intermediada por contratistas que pueden ser empresas con diferentes grados de formalización que reclutan, movilizan y venden fuerza de trabajo a empresas del sector para determinadas labores. Los servicios son pagados por la empresa directamente al contratista, quien a su vez paga el salario a los trabajadores.

Para el caso del arándano estos contratistas están fuertemente centrados en las localidades que hacen el reclutamiento, donde se valen de redes y capital social preponderantemente basado en lazos primarios, de conocimiento cara a cara, existiendo, en cierta forma, un compromiso verbal de disponibilidad para la siguiente zafra. En este sentido, la figura del contratista refuerza la incorporación de nuevos sectores de esas localidades del mercado de trabajo (desempleado, empleado en otros rubros, activo o inactivo).

En el Uruguay no existe tradición de reclutamiento de grandes contingentes de fuerza de trabajo fuera del país. Esto implica que la demanda de fuerza de trabajo impulsa al fuerte enganche de mujeres y otros miembros inactivos del hogar, sobre todo en los meses de cosecha del arándano, sólo como una actividad parcial durante el año, asociada a estrategias hogareñas de reforzamiento de ingresos salariales a hogares urbanos y suburbanos. Estas características son comunes en el trabajo rural de la región, donde, frecuentemente quienes ofrecen su fuerza de trabajo en estos mercados de trabajo son sectores vulnerables de la población, generalmente con dificultades en el acceso a mejores condiciones de trabajo. Además, por lo general, caso logren acceder a ocupaciones urbanas, con mejores condiciones laborales, abandonan los mercados de trabajo rurales.

Características Generales de sus Trabajadores

Los trabajadores del arándano cuando recién se insertan al mercado laboral lo hacen en trabajos que se caracterizan por carecer de calificación. Tiene un peso importante el grupo de trabajadores (de sexo femenino y masculino), que se han ocupado en el medio rural, en chacras, en la cosecha de diferentes variedades de frutas y verduras, en el rubro hortícola, frutícola y en la forestación. Otros se han empleado en la agroindustria en lo referente a la etapa packing.

Si diferenciamos el primer trabajo obtenido según el sexo de los trabajadores podemos decir que entre las mujeres las ocupaciones destacadas son las de cuidados personales (niñera) y de empleo doméstico. El sexo masculino se ha empleado principalmente en la construcción,  como conductores de vehículos,  vendedores, mecánicos y servicio de protección.

De los estudios exploratorios realizados por este equipo de investigación se desprende que los trabajadores del arándano desde que comenzaron a trabajar hasta el presente no tuvieron trabajos estables, siendo en general, los empleos obtenidos de carácter zafral. Todos los trabajos detectados requieren de muy baja calificación para la tarea. De ello podemos deducir que estos trabajadores jóvenes tendrían muy poco incentivo para escolarizarse, ya que solo podrán en su mayoría obtener trabajos sin calificación y de baja remuneración.

En la trayectoria laboral de las mujeres podemos apreciar que principalmente se han empleado como trabajadoras domésticas, niñeras, atención al cliente, vendedoras en verdulerías, fábrica de ropa y alimentos. Los hombres han trabajado en la forestación, caña de azúcar, jardinería, construcción, militar, mecánico, vendedor, supermercado y en seguridad. Se detecta que la cosecha de frutas y verduras es el único trabajo que es común a ambos sexos.

Si analizamos esa trayectoria con más detenimiento vemos que los jornaleros del arándano provienen principalmente de ocupaciones en el medio rural como chacras, la cosecha de diferentes variedades de frutas y verduras y en algunos casos de la forestación. Pero también hay ocupados de los sectores urbanos. Entre las mujeres las ocupaciones que se destacan son las de cuidados personales (niñera) y de empleo doméstico. Los varones por su parte, se han empleado principalmente en la construcción, como conductores de vehículos, vendedores, mecánicos y servicio de protección.

Aspectos a remarcar

La producción de arándanos en Uruguay con una antigüedad que apenas supera una década, se inserta en el país debido a las condiciones favorables de la coyuntura internacional y siguiendo la lógica global del sistema agroalimentario. Sin embargo, lo novedoso en estas cadenas agroalimentarias es la fuerte racionalización del trabajo, (Taylorismo creciente) con un uso de una sofisticada tecnología, de mano de obra abundante pero muy estacional.

En esta producción existe una formalización legal de los trabajadores, combinada con un férreo control del tipo de trabajo (jornada laboral intensa, descansos, etc.). Estos mecanismos o dispositivos permiten maximizar el rendimiento y la productividad del trabajo de una fuerza de trabajo cada vez más difícil de disponer (de acuerdo a la actual coyuntura de bajo desempleo).

Aún se mantienen viejas formas de pago por cantidad cosechada, existiendo un dilema para las empresas en el presente, siendo como lograr mayor disciplinamiento de la mano de obra para este tipo de trabajo con una tensión en la organización del trabajo entre el pago por cantidad o por calidad.

En este marco, en el mercado de empleo del arándano se destacan dos fenómenos peculiares: la participación y trayectoria de las mujeres y la emergencia de nuevas modalidades de contratismo.

Respecto al género, se constata que no existe distinción en cuanto a la realización de las actividades de cosecha, dada la escasez de mano de obra rural existente en nuestro país.

Las trabajadoras de la agroindustria del arándano desde su inserción al mercado laboral han tenido trabajos que se caracterizan por requerir de baja calificación para el desarrollo de la tarea, poca estabilidad de los empleos y caracterizados por la zafralidad/ temporalidad de los mismos.

En función de la trayectoria laboral, podemos construir la siguiente tipología de las mujeres cosechadoras de arándano: Mujeres que provienen de trabajar en el ámbito urbano y se insertan en tareas rurales (en tareas de cuidados personales y empleadas domésticas, empresas de limpieza. tiendas, fábricas de procesamiento de alimentos o taller textil). Mujeres que siempre trabajaron en el ámbito rural en otras actividades eventuales (chacras, en la cosecha de diferentes variedades de frutas y verduras, en el rubro hortícola, frutícola y  packing de frutas). Trabajadoras que no trabajan como  asalariadas el resto del año y se insertan en el trabajo rural sólo para el arándano (amas de casa, mujeres que estudian, o que trabajan en su casa en actividades como costuras, cocina para afuera, repostería).

Las formas contractuales en este tipo de actividades está marcada por la existencia de unos pocos contratos de carácter permanente para los trabajadores más capacitados, estrechamente ligados a los mandos medios de las empresas, (capataz, jefes de cuadrilla, peones polivalentes). Contratos por jornal con una producción mínima obligatoria y luego premios por productividad (destajo) en los puestos de cosecheros, bandejeros que son a mayoría de trabajadores contratados. La figura del contratista en el agro uruguayo no es reciente pero se ha ido transformando a partir de los requerimientos de las empresas contratantes y la legislación imperante en el país. En la actualidad éste se ha constituido en un empresario moderno, adaptado a las lógicas del mercado de empleo local, y juega un papel central en la configuración moderna en el arándano uruguayo.

En el caso que hemos estudiado en el arándano uruguayo, durante el período de intensa labor (cosecha) éste actor opera bajo estrictas condiciones impuestas por las empresas contratantes, que establecen no sólo los requerimientos de mano de obra sino también la productividad deseada por trabajador, las normas técnicas y fitosanitarias. Estas condiciones de trabajo han ido especializando la función del contratista, haciendo aumentar su tamaño (manejan entre 300 y 400 trabajadores), desplazando a los más pequeños y tradicionales.

Pero estas modernizaciones esconden formas de reclutamiento muy tradicionales por mandos medios (capataces) que se encargan de reclutar su cuadrilla de trabajo. Cada capataz recluta y controla aproximadamente 25 trabajadores encargados de cosechar y un “bandejero” con funciones de contralor y conteo de las bandejas cosechadas. Tanto el capataz como el bandejero reciben salarios diferenciales y pagos extras por productividad.

El  empresario contratista domina los aspectos productivos requeridos por la empresa contratante y posee capacidad logística de comunicación, de transporte y formas de administración y gestión de los recursos humanos para gran cantidad de personal. Pero delega el control social del trabajo a los capataces en tanto los trabajadores a su cargo son sus conocidos y éstos responden ante él y no a la empresa (aunque son formalmente empleados de la misma). El capataz posee la función de controlar  la intensidad y la calidad del  trabajo. Tiene el poder de suspender y pagar adelantos a sus trabajadores, lo que hace a un sistema de dominación muy propicio para vulnerar los derechos de los trabajadores

En síntesis, puede decirse que hemos encontrado nuevas modalidades de trabajo y empleo pero que no alteran en forma sustantiva las condiciones estructurales de empleo en el sector. De hecho, éstos trabajadores y sus condiciones laborales presentan características estructurales y de subordinación como se observó años atrás en los Boias Frias en Brasil, Peludos (trabajadores de la caña de azúcar), Arrancadores de frutas del sur de Argentina y los Trabajadores golondrina, entre otros. En general, todas estas ocupaciones muestran una fuerte “discontinuidad en el mercado de empleo”: formas precarias y de baja calidad del empleo que apenas pueden considerarse trabajo decente. Salarios insuficientes y a destajo. Baja capacidad de organización colectiva y poca visibilidad política.







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