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162 AÑOS DEL NACIMIENTO DE BATLLE Y ORDÓÑEZ

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Cuando hablamos de Don José Batlle y Ordóñez, recordamos su enorme obra de estadista y conductor del Partido Colorado; ese recuerdo no es menor, ya que fue la aplicación de su ideario de país, el cual a lo largo de los años se fue transformado, no solamente en una visión exclusiva de una determinada colectividad política, sino que en el mismísimo ser nacional, y en nuestra propia idiosincrasia.
Don Pepe comenzó a pensar el país que anhelaba, desde muy joven; hijo del ilustre Gral. Don Lorenzo Batlle, héroe de la Defensa y Presidente de la República, adquirió de éste, la conciencia, sobre la responsabilidad que debería de tener en la construcción del progreso del país.
Con tan sólo 22 o 23 años de edad, inició su prédica periodística en el Semanario “El Espíritu Nuevo”, publicación realizada por un grupo de jóvenes intelectuales que mucho darían de que hablar en el futuro del Uruguay. Si bien se basó en un trabajo científico y filosófico, supo desarrollar su opinión de hombre, dispuesto a enfrentarse contra la más ortodoxa de las costumbres, en pos de su ideal. Lo podemos apreciar en sus poemas “Mi Religión” o “Como se adora a Dios”, en los que fundamentó su oposición a un catolicismo que él consideraba, no permitía conocer a Dios por medio del
libre albedrío; echándose por tierra, así, la creencia popular de que era ateo, condición falsa de quien creía en un ser superior, al que debíamos rendirle pleitesía con el ejemplo de la acción.
Se fue gestando así, poco a poco, el carácter del joven de principios irrenunciables e incorruptibles, al que jamás le tembló el pulso a la hora de enfrentar con su distinguida pluma, a lo que consideraba inmoral, antisocial o injusto. Mucho tiempo después, habiendo sido ya dos veces Presidente de la República, diría que el periodismo fue su verdadera vocación, y así lo demostró al nunca dejar de serlo ni siquiera cuando ocupó el más alto de los puestos nacionales.
Su afán consistió en hacer conocer al hombre común, el contexto en el cual se encontraba, y hacerlo razonar por sí mismo, ofreciéndole de ese modo, la más clara y reveladora de las libertades, que es la libertad de conciencia. Ejemplo cabal de tal espíritu, fue su participación junto a otros jóvenes de diferentes partidos y credos, en la lucha entablada contra la dictadura de Máximo Santos, en la no muy recordada pero inmensamente gloriosa, Batalla del Quebracho; en ésta, muchachos de todas las clases sociales, unidos por los deseos de patria, fueron al campo de batalla sin medir consecuencias personales, solo con el ímpetu de recuperar la libertad para sus compatriotas; juventud que no se guiaba por apasionamientos irracionales sino por un fuerte sentimiento y compromiso de responsabilidad y honor, demostrando ser la voz de un pueblo avasallado, que encontró en la letra y en la acción, el impulso necesario para salir de la transigencia y elevar el grito defensor de los derechos sagrados.
Luego de la derrota frente al ejército nacional, la lucha, esta vez periodística, subió su tenor y no dejó la prédica.
Consecuente con dicha idea, el 16 de Junio de 1886, Batlle fundó “El Día”, de cuyas páginas se edificó el pensamiento Batllista. Vendido a un vintén, para que las clases humildes pudieran ser partícipes del acontecer político y social, se transformó en el bastión más popular y preponderante en defensa de la democracia.
Mucho más podemos decir; pero basta con recordar que ese ilustre hombre, también fue joven, y supo entender aún en esa juventud, la imperiosa necesidad que tienen los países, de que su sabia nueva participe en la creación del presente, para forjar el futuro.
Hoy más que nunca, en momentos en que el Partido de éste gran republicano se encuentra en crisis, es que se debe de dar un golpe de timón, como lo supo dar en su momento junto a sus correligionarios, y modernizarlo, tanto en ideas como en dirección; hoy más que nunca, el legado de los que tanto dieron de sí por el Uruguay, debe de estar presente. Debemos las nuevas generaciones, proteger la perdurabilidad de los valores y principios rectores de nuestra sociedad -los que nunca pasan de moda- a través del conocimiento de nuestra historia y del orgullo ante nuestras tradiciones; honrándolas con carácter y sin desprestigiarlas por medio de la mediocre concepción de que en la política vale todo, siendo conscientes de la tarea que nos espera y actuando en consecuencia.
A 162 años de su nacimiento, la mejor manera de homenajearlo, es ejerciendo nuestro derecho-obligación de velar por nuestra rica ideología, aggionarla a la actualidad, y ser fieles a su impronta, volviéndonos a acercar al ciudadano, para ser receptores de sus inquietudes y anhelos, pues su enseñanza ha sido muy clara: “La tarea de la edificación moral y material de la nación, no debe ni puede corresponder exclusivamente a un hombre solo o a un número reducido de hombres; esa tarea corresponde a la nación misma”.