Acá también es caro

La conversación giraba en torno al precio de una ensalada de remolacha. Y las críticas eran que mientras una remolacha valía 50 pesos en cualquier mercado, una ensalada de esa misma verdura servida por el reconocido cocinero argentino, Francis Mallman en su exclusivo restaurante de pueblo Garzón, salía 1.490 pesos.
No sé si tal precio es real, pero hay algo que no tiene parangón, es la forma en la que la gente mide las cosas. Nadie niega que la diferencia de precios es astronómica, pero todo depende del cristal con el que se miren las cosas y de qué elementos son tenidos en cuenta para realizar ese análisis. viñeta
Claro que si uno solamente analiza lo que cuesta obtener una verdura de esa variedad en una verdulería de plaza y lo que sale la ensalada en ese lugar, de manera fría y sin ver los elementos que lo rodean, sale a los gritos diciendo “levanten las manos esto es un asalto”. Pero la verdad no es esa.
Lo que cuesta 1.490 pesos no es la ensalada de remolacha, lo que sale tan caro no es que la verdura fuera cultivada en una chacra de Maldonado, un departamento beneficiado por las bondades naturales que lo rodean. Sino que el costo viene aparejado de sentarse a comer en ese lugar en particular, sale eso porque te la sirven ahí y porque el estar sentado allí, en ese momento, cuesta y sale caro. Porque el lugar tiene prestigio, porque quien cocina es uno de los cocineros más destacados del mundo y porque la gente quiere ver al profesional del arte culinario haciendo su trabajo en vivo y en directo. Por eso, el precio. De lo contrario, si nadie quiere pagar ese dinero, si entienden que Francis Mallman es uno más de entre varios cocineros que andan en la vuelta con sus recetas a cuestas, si consideran que nada vale tanto, pueden sentarse en otro lugar y no pagar el precio que allí se les fija. Están en todo su derecho, pero nadie puede decir que es caro el precio que le pone a su trabajo un profesional de destacada trayectoria.
Pasa en todos los rubros, hay camisas que son carísimas porque el diseñador y el sastre que las elabora, entiende que es el mejor del mundo y que el lugar donde las mismas son manufacturadas le dan el valor agregado. Hay automóviles que son los más caros del mundo porque vienen con lo mejor de la industria, pero sobre todo, porque son de determinada marca y sus dueños, creadores, accionistas, etc, entienden que es lo mejor de lo mejor y que el precio lo justifica. Al que no le guste, que no lo compre.
Pero no puede decir, Punta del Este es caro porque en el restaurante tal, el plato vale tanto. Punta del Este también tiene supermercados donde se compra incluso a menor precio que en varios supermercados de Salto, si bien el lugar vale, no todos los lugares venden las cosas a precios astronómicos. Al tiempo que sí pasa a la inversa, hay lugares que no valen tanto, y menos en verano, donde hay precios que no son contestes ni al producto ni al lugar, pero que sus dueños y quienes elaboran ese producto, sienten y entienden que los mismos valen ese precio.
Sin ir más lejos, el otro día, fui a una panadería muy conocida del centro de nuestra ciudad y compré un alfajor de maicena con dulce de leche y coco para degustar de merienda, y cada uno me salió 50 pesos. Para mi bien podría valer un poco menos, como pasa con la mayoría de los productos de esa misma naturaleza, pero, el dueño de esa panadería considera lo contrario y entiende que el precio se ajusta al diferencial de la calidad de los productos que allí se elaboran. Y eso es respetable, uno después puede elegir dónde comprar, con total libertad.
Pero nadie puede decir que por esa simple ecuación, Salto es caro. Si ese es el razonamiento no lo llevo, o que las panaderías del centro de la ciudad venden sus productos a precios altos. Tampoco. Cada panadería tiene su precio, cada producto cuesta diferente y la gente tiene derecho a elegir dónde compra y qué compra. Por esa razón, si uno va a Punta del Este y va a comer ensalada a lo de Mallman, seguramente la va a pagar mucho más cara, que si la compra en un supermercado de plaza y se la cocina él mismo, pero no por esa razón puede decir que el balneario es caro, porque está siendo injusto con el resto de los comercios, donde muchos tienen precios razonables, y así con todos los comercios de toda la costa uruguaya y también con los que están en las termas, donde por ver algún turista que habla otro idioma, te levantan como si estuvieras cenando en el Ritz de Paris.
Acá también es caro, pero sobre todas las cosas, el país está en un momento donde los precios no se ajustan al poder adquisitivo de la mayoría de la gente y ahí está el problema. Por eso, antes de hablar y de comparar precios, miremos bien qué ofertas tenemos, para saber a qué accedemos y luego, saquemos nuestras conclusiones y vayamos a donde nos plazca, o a donde el bolsillo nos permita, pero disfrutémoslo, y no critiquemos por deporte.

HUGO LEMOS