Agujeros por todos lados

Los vaivenes de la economía son mucho más que datos, estadísticas y cuestiones para analizar, con el fin de que sepamos de qué manera se verá afectado nuestro bolsillo, con tantos indicadores, números y declaraciones de los agentes del gobierno para los cuales siempre está “todo en orden y pum para arriba”.
A veces no sabemos si eso lo dicen porque es parte de su trabajo no despertar sospechas de que algo puede ir mal, o si lo hacen para que no “panda el cúnico” como decía el gran Chavo del 8, que los que crecimos en los años 80 aprendimos esas frases inspiradoras para los momentos complicados. crisis
Pero el hecho es que los vaivenes han tenido lamentablemente oscilaciones bruscas, esas que Danilo Astori siendo vicepresidente de la República y no ministro de Economía pero estando siempre en el backstage de los equipos económicos del gobierno desde hace 13 años, decía públicamente que en el país no iban a suceder.
Aunque sí sucedieron y esas oscilaciones bruscas, como le gustó llamarlas al actual titular del equipo económico del gobierno, se llevaron consigo a un montón de gente que se los ha tragado como la tierra al agua. Ya no quedan un montón de microemprendedores, no porque el mercado interno no sea suficiente como para colocar sus productos, sino porque la carga tributaria es inmensa y opera como una aplanadora al momento de dejar que haya desarrollo económico de los más chicos para poder competir.
En el sector agropecuario es una constante, muchos de los productores cuentan cómo han cerrado empresas chicas en el campo, de productores que teniendo algún centenar de hectáreas, no han podido producir por lo que les sale hacerlo, en función de la ganancia que puedan llegar a obtener por su actividad.
Ergo, terminan cerrando sus puertas, vendiendo el pedazo de campo que tienen y que seguramente ya se lo deben a un Banco o a dos, sino más, que le dieron crédito para mejorar o mantenerse pero se volvió impagable y terminan dejando gente en la calle, sin trabajo, sin casa y sin modo de vida, por lo cual ahí se produce la emigración del campo a la ciudad, que tanto dijo el Frente Amplio que había que frenar, porque esto se estaba dando de una manera estrepitosa y tenían razón, porque todavía se sigue dando.
Con respecto al campo, no conozco mucho la interna pero es un tema serio, donde hay mucha gente que ha perdido todo y hay muchas empresas pequeñas con riesgo de supervivencia. Pero como el campo comunica mal y siempre participó en forma activa de ese divorcio que se generó con la ciudad, existe una dicotomía campo – ciudad, que sigue en pie y que culturalmente la sociedad en su conjunto no ha sabido digerir, ni mucho menos entender. Entonces asocian una camioneta y una portera, al latifundio y a la explotación económica y social a favor de unos pocos per se, cuando en realidad en la mayoría de los casos, las empresas agropecuarias tienen los mismos problemas que cualquier comercio del centro de la ciudad.
Pero sin querer atender ese caso hoy, quiero remitirme específicamente al ejemplo que vi el otro día, cuando el popular Bazar Alegre, al que vi en ese mismo lugar desde que era niño y con el que crecieron varias generaciones de salteños, cerró sus puertas por ser económicamente inviable para sus propietarios. Se trata de un comercio emblemático que estando en un momento al que por lo menos le podemos llamar óptimo del país, donde para el gobierno es de crecimiento interno y para el sector empresarial, comercial e industrial del país es un tiempo de poner el freno de mano, cuando no, el grito en el cielo, ese comercio tradicional de la ciudad cierra y es una muestra de cómo están las cosas.
La familia Alegre ha trabajado en el lugar por varias décadas y siempre estuvo ligada al sector comercial de la ciudad, con esfuerzo y ahínco, trabajando día y noche, feriados y fines de semana, para aggiornarse a los tiempos que corren, después de casi un año de especulaciones y análisis, decidieron tomar la decisión que entendían ya se volvía insostenible.
No decimos que estamos en tiempos de crisis, como la que se vivió hace al menos 15 años atrás, pero por lo menos es tangible que el crecimiento se frenó, la estanflación nos está comiendo, hay un endeudamiento interno casi inevitable en la población que quiso seguir el ritmo de vida como si nada pasara cuando todas las luces rojas se habían encendido, y la situación es al menos de cautela.
Nadie puede decir hoy que el país está en pleno crecimiento y que vamos hacia un futuro formidable, no quiero ser aguafiestas ni contra de nada, pero sí hay que llamar a las cosas por su nombre y es decirle a la gente que cuide el bolsillo, que no se endeude de más, que no gaste en lo que no tiene porque el gobierno no previó las oscilaciones bruscas que se están dando y que nos están sacudiendo bastante, hasta alcanzar un terremoto.
Así que si bien el gobierno no lo dice, hay que ser cautelosos, cuidar el bolsillo y a la familia Alegre, qué decirle, siempre estará su comercio en el recuerdo de quienes le conocimos.

HUGO LEMOS







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