Ahora a hablar de nosotros

Terminó el Mundial y todo ha vuelto a la normalidad. Ya no estamos sacando cuentas de cuánto falta para que empiece el próximo partido, ni tampoco estamos atentos a los entrenamientos de la Selección, cuyos jugadores contribuyen al morbo mediático subiendo fotos a las redes sociales mostrando desde a qué juegan cuando no tienen nada que hacer, es que es la mayor parte del tiempo, y de los asados que se mandan en un país donde el desempleo crece y la inflación hace que el poder de compra se disminuya a pasos agigantados.
Los problemas económicos vuelven a aparecer, ya no hay nadie que esté pensando en comprarse una banderita de Uruguay, ni tampoco en ver qué figurita le falta, porque ahora los problemas de seguridad y de empleo, que han sido los más acuciantes que veníamos teniendo y que por arte de magia el pasado 15 de junio desaparecieron, sobre todo después que le ganamos a Rusia por 3 a 0, aparecieron y son parte del debate cotidiano nuevamente.
Empero, las cosas van a durar un poco más porque hoy llega la Selección a Montevideo y eso va a provocar alguna caravana, homenajes oficiales y muchas horas de televisión transmitiendo en vivo a los jugadores saludando a cientos de aficionados que esperaron horas y horas para verlos. empleo
El sentimiento nacionalista seguirá existiendo en su máximo esplendor, sobre todo alimentado por la serie interminable de publicidades que solamente hablan de lo bien que jugaron estos muchachos en el Mundial, consiguiendo un 5º puesto entre 32 participantes y de lo mucho que les estamos agradecidos por habernos hecho sentir lo que por ahora nadie había logrado, al menos en los últimos años, que es la esperanza y la ilusión.
Sobre todo motivada por la necesidad que tenemos los uruguayos de creer en algo, porque con todas las cosas que pasan en nuestro país, necesitamos tener una expresión de sentimiento positivo hacia algo y aferrarnos a cosas que nos ayuden a renovar nuestra identidad cultural, al menos desde uno de los aspectos que más nos identifican como es el fútbol.
Pero si bien todos aplaudimos a estos muchachos que fueron a hacer su trabajo, porque en verdad tampoco se trata de esforzados deportistas que ahora terminado el Mundial deben arrancar para las 8 horas, al contrario los que tenemos que hacer eso somos nosotros, su público, ellos se van de vacaciones o a seguir cumpliendo sus contratos millonarios que los vuelven un club selecto de personas que ni siquiera viven en nuestro país, al menos la gran mayoría, peros nos representan futbolísticamente en el exterior, aunque nuestro fútbol sea muy distinto al que ellos juegan.
Ahora terminado el sueño mundialista debemos empezar a poner los temas serios arriba de la mesa. Como por ejemplo el problema del empleo que es mucho más que la falta del mismo, sino que quienes actualmente lo tenemos, debemos encarar otros aspectos como son los desafíos que nos impone el presente en el mundo de las relaciones laborales y cómo vamos a encarar el futuro inmediato con el mismo.
En ese caso, hay paradigmas que deberemos enfrentar al cortísimo plazo y es que los cambios en las formas y los contenidos de los productos que elaboramos como trabajadores están sufriendo un cambio permanente al que nosotros debemos adaptarnos, o quedaremos obsoletos y el objeto de nuestro trabajo ya no tendrá sentido.
Pasa en el mundo de los medios de comunicación, donde los diarios se han achicado de una forma impresionante, a tal punto que asusta y que debemos replantearnos si el producto que ofrecemos se adapta al mundo de hoy, o si debemos aggiornarnos urgente a las plataformas que utilizan los actuales y futuros consumidores de información.
Hay datos de la realidad que dicen que en Uruguay dentro de 20 años, el 50% de los empleos actuales dejarán de existir tal como los conocemos, porque serán suplantados por las nuevas tecnologías, algunos de ellos como el caso de telefonistas y hasta cajeros de supermercados. Pero nadie habla de ello, el PIT CNT no lo hace por omisión o ignorancia del tema y las cámaras empresariales tampoco, se quedan calladitos y no se preparan ni preparan a nadie para estos cambios.
El subsecretario de Trabajo, el destacado abogado laboralista Nelson Loustaunau, dijo una verdad absoluta en una entrevista con el semanario Búsqueda la semana pasada, cuando expresó que “este nuevo mundo que va a estar lleno de ciber trabajos tal vez vaya a derrumbar o repensar institutos que vienen de la segunda revolución industrial como el tiempo del trabajo. ¿Deberemos seguir con esa lógica de las ocho horas para el trabajo? ¿O estamos frente a un replanteo absoluto?”, expresó con claridad meridiana este destacado jurista tirando sobre la mesa un tema de absoluta vigencia y urgente discusión pública.
Así como también declaró: “las nuevas tecnologías están poniendo a máquinas y robots a hacer tareas que antes realizaban personas. Otros empleos se van transformando y surgen ocupaciones transitorias o de “colaboración abierta”, como las “microtareas” y las actividades de asistencia virtual. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muchos son trabajadores “invisibles” —la mano de obra detrás de la tecnología, por ejemplo, en el procesamiento de datos— sin una ubicación ni una relación laboral reconocida ni horarios claramente definidos”.
Ahora que terminó el Mundial al menos para Uruguay, tendríamos que poner el tema arriba de la mesa para empezar a hablar más de lo que nos pasa a nosotros y de cuál es nuestro futuro. Porque más allá de los merecidos aplausos a estos muchachos que jugaron en Rusia, ellos ya tienen su presente y futuro más que acomodado.

HUGO LEMOS

 







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