AL CAMPO DE LA PATRIA, SALUD

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Que el campo estallara, era de esperarse. No nos puede tomar de sorpresa que el principal sector productivo del país -mal que le pese a muchos ignorantes de la historia y esencia nacional-, alzara su voz en contra de las altísimas tarifas, precios (el combustible es el más alto de la región), impuestos y todo lo que signifique recaudación confiscatoria a la que nos tiene sometido – a todos- este gobierno auténticamente neoliberal.
Hemos optado por no enojarnos, ni siquiera molestarnos, cuando escuchamos tantas sandeces y ridiculeces, provenientes de personas (del interior y de la capital), que opinan de una realidad que les es ajena in totum, pero contra la cual despotrican y arengan cual eruditos, sin siquiera tomarse la molestia, por honestidad intelectual, de comprenderla.
Tantas veces fuimos testigos en nuestros años de estudiantes universitarios, cómo, desde una malintencionada manipulación, ciertos sectores de la sociedad, han intentado una y otra vez, estigmatizar al campo y a sus trabajadores (empleados y patrones, de los cuales la mayoría trabajan a la par, eh, a no confundirnos), adoctrinando a la juventud en la obtusa idea de que el campo representa la oligarquía opresora de los derechos sublimes de la clase trabajadora, dividiendo o agrandando una perimida concepción de que la ciudad y el campo, son antagonistas irreconciliables. Por favor. Se han quedado en la noche de los tiempos.
Uruguay fue, es y será hasta el fin de su existencia: agropecuario. Por imposición de la naturaleza, de la Divina Providencia o de lo que se quiera creer. No tenemos ni tendremos otra mayor y mejor actividad en la historia de la humanidad, que la de ser selectos y excelentes productores de alimentos. Entiéndase de una buena vez. Es así, y no cambiará.
Cuando, con la bienvenida bonanza, lograda por los favorables precios internacionales de los productos del sector considerado “exagerado” en sus reclamos, se llenaron las arcas del Estado; el sector era alabado y el Uruguay Natural era el orgullo de tirios y troyanos. Pero, cuando las condiciones ya no fueron tan buenas, y la enorme fortuna que ese sector hizo posible reunir, empezó a disolverse (por pésimas administraciones y despilfarros nunca antes vistos), y sin comprender que, en vez de aumentar las cargas, la forma de alivianar la situación (cualquiera lo entiende, sin necesidad de ser economista), era soltar un poco la soga del cuello, y el sector reclamó; ah, no señores, ese sector pasó a ser vendepatria, perjudicial a los intereses turísticos y desestabilizador de las instituciones.
Ahora; bien que tembló Casa de Gobierno ante la amenaza (para nosotros innecesaria), de bloquear el acceso de alimentos a la zona metropolitana y a los balnearios del Este.
Seremos siempre defensores del diálogo, como mejor manera de alcanzar entendimientos. Estamos convencidos de que así debe de ser. Pero al mismo tiempo, y con la misma contundencia de criterio, consideramos que de vez en cuando, hay que mover el avispero, para que se nos despierte de la modorra, y seamos, todos, testigos de la realidad, la que también es nuestra responsabilidad y de la que formamos parte, ya que hoy, nada nos puede ser, ni nos es ajeno.
Las actuales movilizaciones, representan a miles de compatriotas que sienten en el alma, el ver su ámbito de trabajo en una compleja encrucijada. Nadie, pero absolutamente nadie, tiene el derecho a menoscabar y menospreciar los fidedignos sentimientos de personas que han dejado su vida por una empresa familiar; que han sabido honrar el sacrifico de su antepasados, sabiendo cuidar y expandir el terruño legado, generando riquezas (algunos), si, pero a no olvidarlo, en demasía también para el país.
De la misma manera que defendemos el derecho a toda clase de movimientos (sindicales, sociales, políticos), en reivindicar sus objetivos; defendemos el de quienes ven cerrarse tambos, granjas, chacras, etc. y procuran advertir del peligro que significaría, el despoblamiento de la campaña.
Sabemos que muchos nos preguntarán, como ya lo han hecho, por qué defendemos a los productores; la respuesta será siempre la misma: “Porque todos son iguales ante la ley; ya que no hay otra diferencia entre los Orientales, más que la de los talentos y virtudes”.
Al Campo de la Patria, Salud.







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