Año nuevo, vida vieja

Llegó el verano y es un tiempo para repensar cosas. Si bien vivimos en un lugar a 500 kilómetros de la playa, donde se registran uno de los picos de temperatura más altos del país y en donde no tenemos lugares naturales como los que existen en el sur, para que podamos disfrutar de estar viviendo una temporada veraniega, igualmente no dejamos este lugar y lo elegimos cada día para vivir, desarrollarnos y comprometernos con la comunidad de la que formamos parte, ya que de alguna manera u otra, siempre estamos tratando de dar lo mejor de nosotros en cada cosa que hacemos y ese es un buen comienzo.

Eso hace que cada año que empieza debamos pensar en redoblar la apuesta y en seguir haciendo lo que queremos, pero sobre todo con la responsabilidad de sabernos libres para actuar y eso hace que queramos exigir cosas, y no está mal que lo hagamos por el contrario, es una buena actitud y casi un deber que como salteños, queramos que nuestro departamento mejore cada día, que tenga lo máximo, que no le estemos envidiando nada a nadie, que no nos la pasemos diciendo ¿qué hago acá?, sabiendo que hay playas espectaculares a solo 6 horas de distancia. Sino que pensemos por un momento en todo lo que nos falta para estar a la altura de lo que nos gustaría ver, y reclamarlo, poniendo de nosotros también para conseguirlo.

Salto es una ciudad de 110 mil habitantes, la segunda (después de Ciudad de la Costa en Canelones), del interior del país en cantidad de habitantes, pero, con una dificultad más que la urbe antes mencionada, estamos a 500 kilómetros de donde se manejan los hilos y eso para el Uruguay es mucha distancia. Por eso es más fácil que los que mandan y mueven al país, tomen en cuenta para sus decisiones a los lugares más cercanos a la capital que a los que estamos mucho más lejos, máxime cuando el transporte en nuestro territorio es muy lento, solamente nos movemos por ruta ya que la línea aérea que antes llegaba, dejó de hacerlo y no existe otra manera que el ómnibus interdepartamental, algo perimido en los países con mayor conexión en el mundo.

Aunque Salto en ese sentido, debe tener en cuenta que no está ofreciendo el máximo de sus potencialidades. Empero si bien, a juicio de quien esto escribe, la ciudad está mejor que hace cinco años, ya que cuenta con puntos de ingresos totalmente distintos y con un desarrollo urbano más prolijo y más completo, aún los salteños debemos reclamar y exigir más. Y no hablo solamente del gobierno departamental, porque los gobiernos administran problemas que tiene la sociedad y que dependiendo de la cabeza que tengan sus gobernantes, podrán o no resolver los asuntos. Por eso es que tenemos que ver cómo ponemos cabeza y tratamos de levantar nosotros mismos a nuestro departamento.

Salto carece de lugares de entretenimiento y de ofertas de servicios, como el caso de la gastronomía, donde no tiene diversidad de ofertas con menús diferentes o exóticos, sino que predomina la oferta tradicional y eso también limita el mercado de consumo, algo que se termina yendo a buscar a otro lado, lejos de la ciudad. Estaría bueno que haya interesados en incursionar en una oferta gastronómica mejor que la que tenemos actualmente y que arriesguen a captar un público que pretenda ir a lugares que trasciendan las pizzerías y parrilladas, que son necesarias, pero que también le ponen coto a la oferta, también pensándolo en términos de turismo, porque si queremos ser realmente un punto de referencia para el turista, tenemos que pensar ya mismo en ofrecer algo diferente.

La variedad de servicios de entretenimientos no es adecuada. Salto podría ofrecer espectáculos de primer nivel, conferencias con destacados panelistas internacionales o interesantes actividades que atraigan al público de la región. No hay que descansarse en cargarle las tintas a una Intendencia que administra recursos limitados o a las universidades por el mero hecho de que existan, ya que como hay logística y hay infraestructura, debería buscarse la posibilidad de que haya gestión, que es lo que falta, pero gestión privada, con apoyo incluso de fondos nacionales e internacionales que pueden promover actividades de relevancia, en una ciudad que tiene una trayectoria intachable en la materia y que posee en su acervo patrimonial centros culturales destacados como el teatro Larrañaga.

Aún así la vemos pasar y por el momento no sentimos que Salto esté en los primeros lugares del país en materia de actividades culturales y de entretenimiento, o de la puesta a punto de servicios, donde seguimos envidiando al sur y sobre todo al este del país, que nos muestra innovación y emprendedurismo en cada rincón, donde en espacios con cuatro palos y una lona, se pueden probar platos tan exquisitos como exóticos, o  debajo de un quincho uno puede ver un espectáculo de primer nivel, con artistas que simplemente fueron invitados a dar lo suyo, y acá los ignoramos porque si no es la sinfónica o el ballet nacional, no es arte. O por el contrario le cargamos las culpas a la Intendencia, que hace lo que puede y cómo puede, sin ayuda del sector privado.

En ese sentido, los salteños debemos cambiar la cabeza en estas pequeñas cosas, en querer innovar, querer cambiar y mejorar las cosas que tenemos, sabiendo que podemos hacerlo y que si nos lo proponemos podemos llegar a concretar metas que antes nos podían parecer lejanas. Pero que en realidad el único límite es nuestra cabeza y cambiarla, debe ser la meta a cumplir en un año nuevo que recién comienza, pero que sigue viendo los viejos problemas de siempre.

HUGO LEMOS

legó el verano y es un tiempo para repensar cosas. Si bien vivimos en un lugar a 500 kilómetros de la playa, donde se registran uno de los picos de temperatura más altos del país y en donde no tenemos lugares naturales como los que existen en el sur, para que podamos disfrutar de estar viviendo una temporada veraniega, igualmente no dejamos este lugar y lo elegimos cada día para vivir, desarrollarnos y comprometernos con la comunidad de la que formamos parte, ya que de alguna manera u otra, siempre estamos tratando de dar lo mejor de nosotros en cada cosa que hacemos y ese es un buen comienzo.
Eso hace que cada año que empieza debamos pensar en redoblar la apuesta y en seguir haciendo lo que queremos, pero sobre todo con la responsabilidad de sabernos libres para actuar y eso hace que queramos exigir cosas, y no está mal que lo hagamos por el contrario, es una buena actitud y casi un deber que como salteños, queramos que nuestro departamento mejore cada día, que tenga lo máximo, que no le estemos envidiando nada a nadie, que no nos la pasemos diciendo ¿qué hago acá?, sabiendo que hay playas espectaculares a solo 6 horas de distancia. Sino que pensemos por un momento en todo lo que nos falta para estar a la altura de lo que nos gustaría ver, y reclamarlo, poniendo de nosotros también para conseguirlo.
Salto es una ciudad de 110 mil habitantes, la segunda (después de Ciudad de la Costa en Canelones), del interior del país en cantidad de habitantes, pero, con una dificultad más que la urbe antes mencionada, estamos a 500 kilómetros de donde se manejan los hilos y eso para el Uruguay es mucha distancia. Por eso es más fácil que los que mandan y mueven al país, tomen en cuenta para sus decisiones a los lugares más cercanos a la capital que a los que estamos mucho más lejos, máxime cuando el transporte en nuestro territorio es muy lento, solamente nos movemos por ruta ya que la línea aérea que antes llegaba, dejó de hacerlo y no existe otra manera que el ómnibus interdepartamental, algo perimido en los países con mayor conexión en el mundo.
Aunque Salto en ese sentido, debe tener en cuenta que no está ofreciendo el máximo de sus potencialidades. Empero si bien, a juicio de quien esto escribe, la ciudad está mejor que hace cinco años, ya que cuenta con puntos de ingresos totalmente distintos y con un desarrollo urbano más prolijo y más completo, aún los salteños debemos reclamar y exigir más. Y no hablo solamente del gobierno departamental, porque los gobiernos administran problemas que tiene la sociedad y que dependiendo de la cabeza que tengan sus gobernantes, podrán o no resolver los asuntos. Por eso es que tenemos que ver cómo ponemos cabeza y tratamos de levantar nosotros mismos a nuestro departamento.
Salto carece de lugares de entretenimiento y de ofertas de servicios, como el caso de la gastronomía, donde no tiene diversidad de ofertas con menús diferentes o exóticos, sino que predomina la oferta tradicional y eso también limita el mercado de consumo, algo que se termina yendo a buscar a otro lado, lejos de la ciudad. Estaría bueno que haya interesados en incursionar en una oferta gastronómica mejor que la que tenemos actualmente y que arriesguen a captar un público que pretenda ir a lugares que trasciendan las pizzerías y parrilladas, que son necesarias, pero que también le ponen coto a la oferta, también pensándolo en términos de turismo, porque si queremos ser realmente un punto de referencia para el turista, tenemos que pensar ya mismo en ofrecer algo diferente.
La variedad de servicios de entretenimientos no es adecuada. Salto podría ofrecer espectáculos de primer nivel, conferencias con destacados panelistas internacionales o interesantes actividades que atraigan al público de la región. No hay que descansarse en cargarle las tintas a una Intendencia que administra recursos limitados o a las universidades por el mero hecho de que existan, ya que como hay logística y hay infraestructura, debería buscarse la posibilidad de que haya gestión, que es lo que falta, pero gestión privada, con apoyo incluso de fondos nacionales e internacionales que pueden promover actividades de relevancia, en una ciudad que tiene una trayectoria intachable en la materia y que posee en su acervo patrimonial centros culturales destacados como el teatro Larrañaga.
Aún así la vemos pasar y por el momento no sentimos que Salto esté en los primeros lugares del país en materia de actividades culturales y de entretenimiento, o de la puesta a punto de servicios, donde seguimos envidiando al sur y sobre todo al este del país, que nos muestra innovación y emprendedurismo en cada rincón, donde en espacios con cuatro palos y una lona, se pueden probar platos tan exquisitos como exóticos, o  debajo de un quincho uno puede ver un espectáculo de primer nivel, con artistas que simplemente fueron invitados a dar lo suyo, y acá los ignoramos porque si no es la sinfónica o el ballet nacional, no es arte. O por el contrario le cargamos las culpas a la Intendencia, que hace lo que puede y cómo puede, sin ayuda del sector privado.
En ese sentido, los salteños debemos cambiar la cabeza en estas pequeñas cosas, en querer innovar, querer cambiar y mejorar las cosas que tenemos, sabiendo que podemos hacerlo y que si nos lo proponemos podemos llegar a concretar metas que antes nos podían parecer lejanas. Pero que en realidad el único límite es nuestra cabeza y cambiarla, debe ser la meta a cumplir en un año nuevo que recién comienza, pero que sigue viendo los viejos problemas de siempre.