Apuntes en borrador

PENSAR. La vorágine del día a día nos impide tomarnos algunos minutos (por lo menos) para pensar en el mañana. No si mañana va a llover o si se podrá hacer tal o cual cosa según si cobro aquella plata que tenía para cobrar. Mañana no en cuanto a futuro inmediato sino al mañana que está allá, en el horizonte, al norte de nuestra mirada, pensando en los próximos años que seguramente tendremos por delante.

He escuchado hablar a los políticos de “las hojas de ruta”. ¿Tenemos una hoja de ruta? Hoja de ruta pensada desde lo personal, o por qué no, desde el colectivo de nuestra sociedad. Alguno de nosotros, ¿está pensando en el futuro? O lo que es lo mismo, ¿nos interesa pensar en qué país vamos a dejarle a nuestros hijos?

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FICCIÓN. Algunos pensaron desde la ciencia ficción qué futuro teníamos por delante. Por ejemplo, un año antes que el hombre llegara a la Luna, la película de Stanley Kubrick “2001, odisea del espacio”, revolucionó la cinematografía universal.

Por razones obvias, pude verla (ver es una cosa, entender es otra. Para entenderla tuve que leer el libro, y los tres siguientes que luego escribió Arthur C. Clarke) al inicio de los 90, y luego de ver “La Guerra de las Galaxias” (1977), sus efectos especiales no parecieron ser tan revolucionarios. Sin embargo para 1968 esa película fue descomunal.

Saliendo de la trama y planteo filosófico y antropológico (que es mucho más interesante explorar, pero será en otro momento, seguramente) que hace la película guionada por el gran Arthur C. Clarke, me quedo con algo más banal.

En esa película se nos decía que unos años más tarde, en 2001, el Hombre habría conquistado el espacio y que los viajes interestelares serían moneda corriente. Esperé y esperé, pero llegó el año 2001 y nada. Tampoco era que como todo joven pensara que ya andaríamos en el espacio al mejor estilo del lejano oeste galáctico como en “La guerra de las galaxias” o en “Galáctica, astronave de combate” (1980), pero al menos uno miraba al futuro con otro tipo de optimismo, más romántico y caballeresco.

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REALIDAD. Luego hemos conocido a autores que no escribían sobre ficción, pero que eran futuristas (no futurólogos, son conceptos distintos), que analizaban el futuro desde las ciencias política, antropológica, histórico-sociales y tecnológicas.

Ya desde su espectacular libro, “El shock del futuro” (1970) y el desarrollo de su planteo en “La Tercera Ola” (1980), esbozó con alguna certeza el mundo en el que hoy vivimos. Fue analista político del Pentágono para varios gobiernos, además de un catedrático en diversas universidades.

El futuro que nos presenta es inquietante y todo un desafío para la Humanidad. Pero más acá en el tiempo y dentro del espacio tiempo que nos ha tocado vivir, vuelvo a preguntar, ¿alguien está verdaderamente pensando en el futuro? ¿Qué Uruguay nos espera en su bicentenario (dentro de menos de 13 años)? ¿Qué Salto dejaremos a nuestros hijos en 2030?

Seguro no será el de la conquista del espacio o de la Luna, ni andaremos en autos flotantes o voladores (quizás si eléctricos) como en “Blade Runner” (película de 1982), pero en cuanto a inversiones, empleo, costo y calidad de vida, educación, seguridad, vivienda, servicios básicos imprescindibles… a quien corresponda, ¿alguien está pensando en esto? O cuando de hablar del futuro se trata, ¿solo se piensa en las próximas elecciones?

LEONARDO SILVA







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