Apuntes en borrador

UNA IDEA. Hace unos días se hizo viral un video donde se mostraba claramente a un sujeto en solitario bajarse de su moto, pararse frente a la vidriera de un comercio, lanzar dos (aparentemente) piedras, y al astillarse el vidrio en el segundo golpe, con su rodilla el sujeto termina de romperlo e ingresa al local desapareciendo de la imagen. Al cabo de unos segundos, vuelve a aparecer este sujeto con un televisor plasma de 52 pulgadas (cálculo a ojo), sale por la vidriera rota, se sube a su moto y se va.

Esa acción tardó un minuto y diecinueve segundos, por lo que dura el video, y es tan solo un ejemplo de la ola de robos a comercios que se han registrado en la última semana, como si se tratara de una ola de resfriados que por efecto contagio se fue desperdigando entre las víctimas de los distintos robos.

Después de lo que ha venido pasando antes y ahora, llego a la conclusión, una vez más, que la tecnología nunca podrá superar al hombre. Queda demostrado que las alarmas ya ni siquiera sirven como elemento disuasorio para los chorros, porque ya se dieron cuenta que la reacción de los agentes de seguridad (tanto de la empresa que vende el servicio como de la policía) es demasiado lenta. Para lo único que sirve es para que quede grabada la imagen del delincuente en pleno acto delictivo, y por lo general, con mala definición de imagen y el delincuente ocultando su rostro con un casco. O sea, si bien la imagen ha servido finalmente para identificar al chorro es porque este comete algunos errores posteriores que no vamos a describir aquí para no avivarlos.

Como sea, si los comercios o empresas contratasen a personas para que trabajen como serenos a las horas donde suelen atacar estos malvivientes, servirían no solo como elemento disuasorio sino que además, serían más efectivos comunicándose inmediatamente con la policía haciendo la denuncia.

A veces los comerciantes para cumplir con la requisitoria de la compañía de seguros deben desembolsar mucho dinero en un sistema de seguridad, que al cabo, queda demostrado en los hechos, sirve de poco y nada porque igual son robados y solo a veces logra recuperarse los objetos que se llevaron. Algo que supongo poco importará al comerciante por estar asegurado.

Pero de la molestia y amargura que arrastra ser víctima nuevamente de un robo (por algo los chorros comienzan a cebarse), tener que limpiar y ordenar el comercio tras concurrir al mismo en la madrugada, desembolsar gastos de reparación de la vidriera y todo aquello que rompan los chorros en esa loca carrera que tienen contra el tiempo, además de todo el papeleo que deberán realizar en la Seccional de Policía para luego realizar así otros tantos trámites ante la compañía aseguradora, eso, todo eso, no hay una fórmula para poder evaluarlo con dinero. Ese tiempo que se pierde en tantas vueltas, es tiempo que no se recuperará más.

Por eso, más allá de esa sensación de tranquilidad que alguien tiene tras comprar un seguro contra robos, poner la última tecnología en servicio de vigilancia, queda claro que no es garantía de que no lo robarán más. Es solo garantía de que no dejará de pagar, lo roben o no, porque ese servicio cuesta dinero.

¿Y si invierte el mismo dinero (que sabemos es bastante) en contratar a una persona para que labure como antaño, de sereno? Tener a una persona en el comercio es garantía que el delincuente ahora sí tendrá un argumento de disuasión antes de intentar algo contra el comercio. Pero además, estará dando trabajo a alguien que necesita y que conoce la labor que debe hacer (por lo general, suele tratarse de policías retirados).

Antes de exigirle respuestas a los demás, algo lógico y comprensible porque para eso paga sus impuestos, que el amigo comerciante vea cómo puede ayudarse a sí mismo y ayudar a alguien más.

LEONARDO SILVA







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