Apuntes en borrador

LECTORES. A decir verdad, cuando uno escribe una columna de opinión, no sabe si del otro lado habrá alguien leyendo. Uno no solo escribe porque tiene algo para decir, sino que lo hace pensando que lo que uno escribe es de recibo por quienes compran el diario, aún para discrepar. Pero a ciencia cierta, no sé si en este preciso momento hay alguien leyendo esta columna.

Bueno, al menos ahora está usted estimado amigo lector (o amiga lectora) leyendo estas breves líneas. El solo hecho que se tome unos pocos minutos de su tiempo en leer esta columna nos llena de regocijo y agradecimiento, como cuando alguien nos para en la calle para decirnos “leo siempre sus columnas”, lo cual nos pone en un compromiso aún mayor y nos genera la duda sobre si debemos mejorar la forma en la que nos expresamos al saber que uno no está aquí sólo o seguir haciendo lo mismo.

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HONESTIDAD. La respuesta a esa pregunta cae por su propio peso. Hace veinte años que trabajo de periodista con opinión, es decir, trato de ser lo más honesto posible, no solo con ustedes queridos amigos lectores, sino en especial conmigo mismo. Lo que pienso, lo digo (o escribo). En ese sentido, mi esfuerzo ha estado siempre dirigido en ser lo más honesto posible.

Por lo que siempre he sido transparente en mi forma de conducirme tanto en mi trabajo como en mi vida privada. Nunca he ocultado nada. Soy lo que escribo.

Quizás en otro medio, como la radio, se puede exagerar un poco más algunos énfasis retóricos por una clara cuestión de comunicación, donde tratamos de decir desde las cuestiones más banales o de las más serias y complejas de la misma manera, casi informal, desalmidonado, porque no se será mejor periodista (o mejor persona) porque debamos parecer aburridos. La seriedad y veracidad de lo que uno informa está en la credibilidad del comunicador, no en el tono que se utilice al expresarse.

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IDENTIDAD. Cuando hace veinte años me choque con este trabajo por accidente, descubrí una nueva vocación que abracé con verdadera pasión. Desde entonces me brindé al 100% a ella y no he podido hacer otra cosa.

El compromiso es pues con la verdad, y eso no debe significar ser solemnes y aburridos a la hora de dar una información. Un estilo desenfadado y sin almidón también debe servir a la hora de informar u opinar. Crecimos en nuestra adolescencia leyendo “El Dedo” y la posterior “Guambia” en plena apertura democrática (quizás esto explique algunas cosas), algunos años antes lo hicimos leyendo la revista argentina “Humor”.

Nos sentimos herederos de esa tradición periodística. Pero esto no es más que la cáscara del huevo, el formato en el que solemos expresarnos. Lo que nos halaga es que ustedes, amigos lectores, presten especial atención al contenido, a la esencia misma de nuestra opinión.

Por esto agradecemos, por la gentileza de decirnos en la calle que cada día se informan con EL PUEBLO y que luego pierden unos minutos en leer nuestras opiniones. Desde ya dejamos sentado el compromiso de seguir por la misma línea.

LEONARDO SILVA







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