Apuntes en borrador

VERANO. Por lo general el verano es sinónimo de vacaciones, en particular para los escolares. Ya para los liceales depende si tienen que dar algún examen en febrero y para los mayores, bueno, como la tómbola, en algún momento les tocará.

El verano era sinónimo de calor, hoy es sinónimo de “ola de calor”, aunque las temperaturas que se registren suelen ser similares a las de antes, solo que el sol quema más, y si uno no sigue las recomendaciones médicas, puede enfermarse.

Hasta acá son las reglas de juego a las que uno está acostumbrado y puede vivir con ello. Sin embargo hay algo que no podemos aceptar más.

Cada verano perdemos calidad de vida porque la mejor fruta y verdura se va para el Este, dejándonos el refugo y a precios elevados. Uno busca determinado refresco y la respuesta del almacenero o del supermercado se reitera, “no llega acá”, porque, ¿a dónde lo mandan? Al Este.

Pero como todo pueblo oriental, hemos aguantado mansamente este y otros atropellos. Si vivís al norte del Río Negro parece que fueras otro tipo de uruguayo, con menores derechos que los extranjeros que la pasan bomba en el Este comiendo la fruta o tubérculo que se produce aquí pero que aquí no se consigue, y si uno de estos días te levantas con suerte, podés encontrar lo que buscas a un precio elevado.

Esto habla de una mala planificación del mercado y que el gobierno, en su afán de vender servicios y hacer ingresar divisas extranjeras a cualquier precio, prefiere seguir mirando para el costado, porque claro, en el sur también se vive mejor.

***

CARNAVAL. Otra cosa que nos trae el verano es el carnaval, ese mismo donde no nos podemos poner de acuerdo en lo mínimo y que cada gobierno quiere poner su impronta, impidiendo así que exista una continuidad en los proyectos.

No tengo claro aún si lo de la “avenida del Samba” es un experimento, un capricho o una política seria de este gobierno. Si fuera en serio, estaría bueno entonces que se trabaje un poco más en la organización y coordinación de los eventos.

A modo de ejemplo, el día del primer desfile, 2 de febrero, estaba la fiesta de Iemanjá, que como se sabe, mucha gente participa y eso quita espectadores, y gente que quería participar de ambos eventos, bueno, tiene que elegir. Si alguien llega a decirme que el que no pudo ir el viernes fuese al día siguiente, demuestra también mi punto, porque entonces se trataría del mismo desfile sin nada nuevo que aportar. A este dislate de fechas, debemos sumar que el viernes una murga hacía la presentación de sus trajes, lo que también quitó gente al desfile y viceversa.

Pero el problema no está en la comisión que nombró el intendente, sino en la falta de continuidad que hay en su trabajo. Los elegidos por el intendente se reúnen un par de meses antes y tienen que ir contrarreloj, y en algún caso, arrancar de cero.

El carnaval salteño se puede mejorar, siempre y cuando se abra la puerta a gente con conocimiento y experiencia, para que puedan dar su opinión y hacer propuestas, pero -por ejemplo- la soberbia de decidir dónde y cómo se hace el desfile de manera inconsulta (una nota publicada ayer en EL PUEBLO a Cristina Ríos de Comparsa “La Estrella” deja testimonio de ello), solo contribuye a seguir matando el carnaval.

LEONARDO SILVA







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