Apuntes en borrador

RELATOS. Tras recuperarnos de la cadena de radio y televisión de Presidencia de la República de la semana pasada, por haberse anunciado que el presidente Tabaré Vázquez respondería a las demandas de los denominados autoconvocados y aparecer en su lugar un reconocido periodista, tratemos de analizar qué pasó en realidad.

Se quiso imponer en la sociedad un debate casi bizantino, innecesario, desde el momento que la primera discusión no fue en torno al contenido del mensaje, sino sobre quién había sido el elegido para darlo.

Nada personal con el periodista Fernando Vilar, que tiene merecido al igual que cualquier otra persona a hacer un trabajo y cobrarlo como corresponde. El tema fue la estrategia equivocada de los asesores que rodean al presidente Vázquez porque el mensaje subliminal (semiótica de por medio) fue bastante contraproducente.

Veamos. Primera conclusión de la utilización de un periodista (¿justo Vilar? Con las críticas que debió soportar desde la misma izquierda por presentar el noticiero más amarillo y repugnante de la historia de la televisión uruguaya, al decir por interlocutores válidos del mismo gobierno… ¿o ya nos olvidamos?), desde el gobierno se envía el mensaje al pueblo a través de un periodista por entender que será más creíble que el presidente de la República o de cualquier otro integrante del gabinete. Eso habla muy mal de la confianza que hay adentro del gobierno.

Segunda conclusión, más allá de la forma y títulos profesionales, pararse frente a una cámara y repetir como papagayo el guión escrito por el gobierno no lo hace un periodista, lo mismo da que lo hiciese un actor, un recitador o un payador profesional.

Tres, y en la misma consonancia, un periodista no lee guiones que le escriben otros, lee sus propios guiones, redactados tras una investigación que como primera hipótesis, debe cuestionar todo lo que venga del gobierno. Podrá llegar a las mismas conclusiones que el guión dado, pero leerá y razonará sobre las conclusiones de su propia investigación, sin dar por sentado nada de lo que se le haya dicho por una sola de las partes. El gobierno podrá decir que bajó la pobreza y la indigencia, pero si se ve a gente durmiendo en las calles o a personas de todas las edades pidiendo en la calle una moneda o a padres de familia revisando en la noche las bolsas de basura buscando qué comer, bueno, al menos debe cuestionarse la veracidad del discurso y tratar de alcanzar con otras fuentes datos más reales, una síntesis de ambas visiones, en vez que el periodista abone con su presencia un relato falso.

Cuarta conclusión, si nada de lo anterior se hizo, entonces no cumplió con su trabajo, y ya no debe considerarse periodista a quien leyó el guión redactado desde el gobierno, sino tan solo un “mandadero” que no hace otra cosa que un mandado.

Por eso, sobre la discusión de si estuvo bien o mal usar a un periodista para una cadena de radio y televisión del gobierno, alcanza con decir lo antes escrito y se termina el debate. Si bien esa noche estuvo una persona que ha sabido trabajar de periodista casi toda su vida, esa noche trabajó de otra cosa, pero no de periodista.

Así que mejor, la próxima vez, en vez de seguir la zanahoria que puso el gobierno delante de sus ciudadanos, que el debate sea sobre lo más importante, que fue el mensaje, y comparémoslo con el país en el que estamos viviendo para ver si coincide o no con la visión del gobierno o la de Vilar, que para el caso fue la misma.

LEONARDO SILVA







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