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Apuntes en borrador

OLVIDADOS. Desde el gobierno nos llegan permanentemente estadísticas, donde algunos guarismos suben, como el de la inflación y el costo de vida, mientras otros bajan, como el de nuestro poder adquisitivo.

Sin embargo el gobierno nos dice que vamos bien, que nunca ganamos tanto dinero como ahora, y la prueba está en más estadísticas, como el de la venta de ceros kilómetros y 4×4, así como en determinadas fechas se publican fotos de largas caravanas de vehículos yendo a vacacionar, o diciendo que si nadie vino a las termas este año en las vacaciones de julio, es porque se fueron todos al mundial de Rusia.

Otras estadísticas que el gobierno maneja establecen que la indigencia y la pobreza en nuestro país continúan descendiendo. Esto no me explica qué pasó este sábado a la noche en mi casa.

Estaba en mi escritorio recién entrada la noche escribiendo mi columna de los días domingo, cuando escucho que alguien afuera golpea sus manos. Salgo y me encuentro con un matrimonio joven rodeado de tres criaturas, y un joven diciéndome, “por favor señor, escúchenos, no nos eche… estamos pidiendo algo para comer”.

El corazón se me retorció al ver los ojitos de las niñas, que eran llevadas de la mano por su mamá y la tercera en brazos del padre. Le di un litro de leche, “para las niñas”, le dije al joven, agradecieron y se fueron.

Me llamó la atención que no pidieran dinero, que es lo que suele ocurrir. Directamente pidieron algo para comer. Hay gente que sin ningún tipo de ayuda del Estado decide mendigar antes que salir a robar. Ya ni fuerzas para eso tienen.

El problema es que no hay trabajo por ningún lado, eso acentúa aún más el drama de algunas familias. Hacía tiempo que no veía esto, como tampoco a familias enteras buscando algo para comer en la basura, sea desde las bolsitas en los hogares o en el nuevo sistema de contenedores que hay en algunos rincones de la ciudad.

Algo parecido se vio durante la tremenda crisis que sufrió el país en el año 2002. Pero desde que el Parlamento aprobó por unanimidad la creación del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) con la implementación de diversos planes de contingencia social, esta situación había dejado de verse.

Los uruguayos que pudieron beneficiarse con estos planes del MIDES, efectivamente salieron de la indigencia, aún sin trabajar; mientras los pobres terminaron siendo menos pobres. Bien.

Pero de pronto comenzamos a descubrir que un número significativo de compatriotas, esos que no figuran en ninguna tabla del Instituto Nacional de Estadísticas o del mismo MIDES, estaban por fuera del sistema, los mismos que comenzaron a golpear nuestras puertas pidiendo algún tipo de ayuda.

Vivimos en un sistema económico que deshumaniza el amor por el prójimo, mientras preferimos mirar para el costado como forma de ignorar y negar el problema que está llamando a nuestras puertas. Es hora de despertar, hay uruguayos que nos necesitan y el Estado no puede seguir ausente.

LEONARDO SILVA