Apuntes en borrador

ANÁLOGOS. Leyendo el recientemente lanzado último libro del ex presidente norteamericano Bill Clinton y James Patterson, “El presidente ha desaparecido”, encontramos un análisis de las redes sociales, periodismo y política que parece una descripción bastante acertada de lo que estamos viviendo. Máxime viniendo de la particular visión de quien gobernó la mayor potencia mundial durante ocho años, por lo que decidí compartir esta reflexión con ustedes.

“La participación en nuestra democracia parece impulsada por los mundos de gratificación instantánea de Twitter, Snapchat, Facebook y el constante circular de noticias las veinticuatro horas al día. Nos servimos de la tecnología para volver a formas primitivas de relación humana”.

“Los medios saben lo que venden: conflictos y división. Además, es rápido y fácil. Con demasiada frecuencia, la rabia funciona mejor que las respuestas; el resentimiento, mejor que la razón; la emoción se antepone a la evidencia. Un comentario ingenioso, mojigato y desdeñoso, por falaz que sea, se ve como una opinión sincera, mientras que una respuesta serena y bien argumentada se considera preparada y falsa”.

“¿Qué ha sido de la información fidedigna, basada en hechos comprobados? Ya casi no se puede definir por qué la línea que separa los hechos de la ficción, la verdad de la mentira, cada día es más borrosa”.

“No podemos sobrevivir sin una prensa libre, dedicada a preservar esa fina línea y lo bastante segura para seguir los hechos a donde conduzcan. Pero el entorno actual obliga irremediablemente a los periodistas, al menos a los que informan de política, a hacer justo lo contrario: a ejercer su propio poder y a, como decía un sabio columnista, ‘anormalizar’ a todos los políticos, incluso a los sinceros y capaces, a menudo por cuestiones relativamente insignificantes”.

“Los estudiosos lo llaman ‘falsa equivalencia’. Significa que, cuando encuentras una montaña que destapar sobre una persona o un partido, debes buscar un grano de arena en el otro bando y convertirlo en una montaña para que no te acusen de parcialidad. Además, los granos de arena convertidos en montañas tienen grandes ventajas: mayor cobertura en las noticias de la noche, millones de retuits y más difusión en los debates televisivos. Cuando las montañas y los granos de arena son iguales, las campañas y los gobiernos dedican muy poco tiempo y energía a debatir los asuntos que más interesan a nuestros ciudadanos. Aún cuando intentamos hacer eso, a menudo nos eclipsa el notición del día”.

“Todo esto tiene un costo real: favorece la frustración, la polarización, la parálisis, las malas decisiones y la pérdida de oportunidades. Pero, como no hay incentivos para lograr algo de verdad, cada vez más políticos se dejan llevar y avivan las llamas de la rabia y del resentimiento, cuando deberían ser quienes las apagaran”.

“Todo el mundo sabe que está mal, pero la recompensa inmediata es tan grande que seguimos avanzando a trompicones, dando por supuesto que nuestra Constitución, nuestras instituciones públicas y el imperio de la ley pueden soportar cada nueva embestida sin que nuestras libertades y nuestra forma de vida sufran daños”.

Hasta aquí apenas un fragmento del pensamiento de un ex presidente sobre los tiempos que hoy nos toca vivir en materia de comunicación política. Cualquier parecido a lo que estamos viviendo en Uruguay, no es mera coincidencia, es que lamentablemente las malas formas (modas) son fáciles de copiar.

LEONARDO SILVA







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