Apuntes en borrador

BRASIL Y REDES. Pareciera que las redes sociales desinhiben a las personas. Se nota que hay como una rabia contenida que luego vuelcan en las redes sociales, donde surgen los rebeldes, aquellos mismos que admiten que sus derechos sean pisoteados en el mundo real.

Son los mismos que se radicalizan escudados tras la pantalla de un teléfono celular o de una computadora o de una tablet. Son los mismos que se desbocan con furia contra quien piensa distinto. Se los ve desde la izquierda o desde la derecha de la pantalla.

Esas mismas reacciones son los que luego votan lo que votan, y así surgen los Bolsonaro o los Trump en el continente. Hay quienes los repudian sin hacer siquiera una autocrítica de lo que pudieron haber hecho mal para que surjan estos personajes.

Pero el problema no es que surjan en la sociedad casi por generación espontánea un Bolsonaro, un Trump o un Kim Jong-un. La verdad es que nadie surge por generación espontánea, forman parte de un proceso histórico de degradación de la sociedad que lleva a que en realidad sean su producto.

Del radicalismo de cada pueblo nacen estos personajes nefastos. De ahí que a Trump lo hayan votado casi 63 millones de norteamericanos y a Bolsonaro casi 58 millones de brasileros. Entonces, el problema no es que haya un Trump sino que hayan 63 millones de personas que piensen como él. Lo mismo con Bolsonaro, el problema no es que el electo presidente de Brasil piense como piense, sino que hayan otros 58 millones de brasileros que piensen como él. Cantidad de personas que seguramente se incrementará si vemos en las redes sociales los niveles de apoyo hacia este tipo de pensamiento tan radical en nuestro país y en otros.

No ponemos en duda que sus victorias sean legales y legítimas al ser electos según la forma que guarda la Constitución y las leyes electorales de cada país. Véase que no incluimos en esta reflexión a países que podrían merecer similar análisis por entender que se encuentran por fuera de lo que es un régimen democrático, caso de Venezuela.

Los uruguayos estamos acostumbrados a una clase política seria, tolerante, más allá de las naturales diferencias ideológicas que necesariamente debe existir en toda sociedad. Pero se viene notando que algunos radicalismos, provenientes tanto desde discursos de derecha como de izquierda, están generando un efecto no deseado que esperemos no se contagie al resto de la sociedad.

Solo los pueblos tienen derecho a equivocarse. En este caso el pueblo brasilero ha elegido, y a partir de ahí, nos guste o no, el gobierno que acaba de ser electo liderado por un Jair Bolsonaro que será ungido presidente, se lo debe respetar por la legitimación que le han dado los votos en las urnas.

Que no nos guste lo que pasó en Brasil es otra cosa, pero no solo por lo que sucedió anoche, es el dolor que venimos sintiendo por el hermano pueblo de Brasil desde hace rato, con las denuncias de corrupción que pesan sobre los gobiernos del Partido de los Trabajadores, por las que hoy destacados integrantes del gobierno del ex presidente Lula Da Silva, y el propio Lula, están presos, y que provocaron también la destitución de la presidente Dilma Rousseff.

Hace rato que duele lo que viene pasando en Brasil. Serán aquellos que más saben quienes más temprano que tarde terminarán estableciendo si una cosa llevó a la otra y que Bolsonaro termina siendo hijo de la corrupción del PT, para que así cada uno asuma sus responsabilidades y deje de mirar para el costado buscando a quienes culpar.







Recepción de Avisos Clasificados