Apuntes en borrador

ESPÍRITU. De a poco el espíritu festivo de finales de año comienza a tomar cuerpo y a impregnarnos de buena onda a todos. El ver ya en algunas casas las luces encendidas de los arbolitos de navidad a través de la ventana nos transporta casi mágicamente a momentos felices de nuestra niñez.

De todas formas somos conscientes que no son momentos fáciles para muchas familias. Casualmente algo similar escribimos el año pasado por estas mismas fechas. Es que en algunos casos es como dice la letra del tango, “la historia vuelve a repetirse”, en otros, se acentúa aún más luego de un mal año seguido de otro peor.

Pero hay algo que nadie podrá robarnos, más allá de los malos momentos que podamos estar viviendo, y son nuestros gratos recuerdos. No creo en milagros, por eso soy más creyente de aquel pensamiento artiguista de que nada podemos esperar sino de nosotros mismos. No será bajando los brazos y rendirnos ante las circunstancias las que nos permitirá levantar cabeza, las soluciones que necesitamos no caerán del cielo, ni de ningún político de turno que pretenda alquilar nuestra conciencia al menos por alguna inminente campaña electoral. O quizás sí, y no se tratará de un tema de dignidad sino de supervivencia.

Quizás algunos compatriotas se sientan vencer ante la adversidad, es cuando mayor esfuerzo debemos hacer y volvernos a poner de pie, porque la pelea no termina sino hasta que uno lo decida, y muchos tienen mucho por qué pelear contra los obstáculos que la vida nos presenta, como si se tratase de verdaderas pruebas que buscan demostrar hasta dónde llega nuestro coraje y resistencia.

Algo de lo poco que he aprendido en estos años, es que cada golpe que nos asesta la vida es una clara demostración de nuestra resistencia. Cada zancadilla que nos hagan nos dará la oportunidad de ponernos nuevamente de pie. Somos guerreros de la vida, peleamos por causas justas y por aquellas utopías que nunca deberían faltar, esos gigantes molinos de viento que nos temen porque ya conocen de nuestra obstinación de no bajar los brazos y seguir avanzando.

Muchos acostumbran a tener lecturas equivocadas de estas fechas, pero dejemos en claro que diciembre no significa que hay que comer y beber hasta reventar porque se viene el fin del mundo. En estas fechas podemos llegar a brindar en un vaso de plástico con un poco de agua de pozo o de la canilla de la esquina o con la más ostentosa bebida de esas que viene con chirimbolos dorados en su etiqueta, pero lo cierto es que lo que verdaderamente importará es la familia.

Vayamos pues desde ya renovando nuestro compromiso con la más fuerte razón de vivir que tenemos y que nos permite levantar cada mañana para enfrentar nuevos desafíos, aquello que amamos y que mantiene una llama encendida conservando caliente nuestro corazón.

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INOCENCIA. ¿Acaso hay algo más lindo que ver la carita de un niño cuando le preguntamos si ya escribió su cartita a Papá Noel?

LEONARDO SILVA