Apuntes en borrador

BOLSO… El 1° de enero asumió el nuevo presidente del hermano pueblo de Brasil, Jair Bolsonaro, hombre identificado claramente con la derecha más rancia que hemos conocido, y que algunos uruguayos lamentablemente reivindican.

Otros lo critican, porque pretendían que siguiera un gobierno con una identificación ideológica opuesta, donde las figuras de algunos de sus personeros hoy están presas por haber cometido delitos de corrupción, que es la traición más grande que un gobernante pueda cometer para con su pueblo.

No debe preocupar que haya un Bolsonaro de presidente, debe preocuparnos que haya casi 60 millones de brasileros que piensen como él. Pero de todas formas, hay que respetar el pensamiento y la decisión que tomaron llegada la hora de ir a las urnas, porque de eso se trata la democracia: más allá de discrepar con su pensamiento, tiene todo el derecho a expresarlo en libertad, y sus acciones son y serán refrendadas por la legitimidad del voto de tantos ciudadanos que tuvo Bolsonaro.

Aclaro estar a las antípodas del pensamiento del presidente de Brasil, pero antes de todo soy un republicano y demócrata que respeta por sobre todas las cosas la opinión de los pueblos, cuando de forma organizada hablan y se hacen escuchar.

¿Quiero en mi país un gobierno como el que propone Bolsonaro? Por supuesto que no, y combatiré con mis mejores armas: el intelecto y la pluma (resabio histórico pues hoy se trata de las teclas de la computadora), que esperemos sepa expresar con toda claridad lo que pensamos.

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… NARO. Pero una parte de quienes hoy alzan sus voces en Uruguay y particularmente en Salto contra Bolsonaro, pertenecen a la misma fuerza política que en una clara contradicción, se lamenta porque el presidente norteño anunció una ola de despidos en la función pública por entender que se ha utilizado al Estado y a sus empresas para realizar clientelismo político.

Los mismos que se quejan de esa actitud de esta derecha rancia, son quienes toleraron e impulsaron medidas similares en la intendencia de Salto, la que por primera vez en su historia dejó sin trabajo a familias salteñas, 252, sin analizar mínimamente sus condiciones y aptitudes como funcionarios. Los echaron a granel y como a perros, con total falta de humanidad. Echaron a personas que tenían los grados más bajos del escalafón, algunas de ellas mujeres embarazadas, otras con hijos en tratamiento médico que perdieron inmediatamente que se concretó el cese, etc.

Ni siquiera el anterior gobierno de izquierda tuvo esa actitud intolerante con el gobierno colorado de Malaquina. Muy por el contrario, cumplió con un trámite de estricta justicia, presupuestando a funcionarios que en algunos casos, tenían cerca de diez años de estar indebidamente en la categoría de zafral.

Así que las cosas por su nombre. Estaremos siempre en la vereda de enfrente de toda acción donde la injusticia y la inequidad sean las banderas que se esgriman, provengan de donde provengan, sea de derecha o de izquierda.

LEONARDO SILVA







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