Apuntes en borrador

PROVOCADORA PERO… No se trataba de un acto político, pero claramente se trataba de la reinauguración de un símbolo de un partido político, aunque también se trataba de un acto de gobierno. Nos referimos a lo que sucedió en Paysandú el sábado cuando fue reinaugurado un monumento a José Batlle y Ordóñez.
A ese acto, símbolo incluso del levante en las encuestas de lo que hasta hace poco era un partido con 182 años de historia que peleaba por sobrevivir, estuvieron presentes no solo los tres precandidatos presidenciales del Partido Colorado con sus adherentes, sino también autoridades del gobierno departamental y nacional, entre los que se encontró la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñóz.

A nadie podía sorprender que la señora ministra realizara un discurso que terminara provocando a quienes se proclaman como herederos ideológicos y políticos del querido Don Pepe. Querido por una inmensa mayoría del pueblo uruguayo y denostado por otros. Pero a nadie escapa que la izquierda uruguaya siempre mantuvo un gran respeto por Batlle y Ordóñez (no tanto por sus herederos), a diferencia de otros, como el ex ministro de Economía, Ignacio de Posadas, cuando ante el reférendum que terminó derogando parcialmente la Ley de Empresas Públicas (13 de diciembre de 1992), dijo que mantener dicha ley era la oportunidad para enterrar definitivamente al viejo Estado Batllista.

En aquel entonces, en la recta final, se unió el convocante Frente Amplio con el entonces líder del Foro Batllista, Julio María Sanguinetti, obteniendo un aplastante 66%, y quien a la postre, 23 meses después, terminaría siendo reelegido como presidente de la República.

Podemos ir más atrás en la historia, donde eran comunes las coincidencias entre Batlle y Ordóñez con el socialista Emilio Frugoni, o más a mitad de tabla, la amistad que el presidente Luis Batlle mantuvo con dirigentes comunistas (Pacto “Co-Co”, colorado-comunista), recordado por Rodney Arismendi en un debate televisivo con Jorge Batlle, demuestra esa relación que en el tiempo hubo entre batllistas y la izquierda, aunque el propio Sanguinetti siempre se encargó de destacar que una cosa es el Batllismo y otra el Marxismo, agua y aceite en el espectro político e ideológico del país, como cuando en 1994 se lo espetó en la cara a Tabaré Vázquez en el recordado último debate presidencial que nuestro país conoció.
Entonces, que la ministra participara de lo que debía ser una fiesta entre colorados, no debía sorprender a nadie, como tampoco algunas de sus palabras, «Don José Batlle y Ordoñez es del Partido Colorado, pero ya nos pertenece a todos», agregando que «hay en el Uruguay algunos dirigentes que, por sus valores, por haber sido símbolo de una nación, por ser reconocidos por todos los ciudadanos, se han trasformado en símbolos de una nación. José Batlle y Ordoñez es uno de los grandes, como podríamos mencionar a Wilson Ferreira Aldunate, al general Liber Seregni».
Muñoz dijo que ella estaba representando a un gobierno de una fuerza política que no es la de Batlle, aunque, remarcó, «podemos decir que sentimos como propio su legado, su legado de justicia social, de igualdad de derechos». El problema vino después, cuando dio a entender que estos 14 años de gobierno del FA poco menos que fue inspirado en el Batllismo. Sanguinetti tuvo que intervenir en varias oportunidades para calmar a los suyos, según recoge la crónica de EL PUEBLO de ayer y consultado por un medio capitalino, dijo que la ministra tuvo «algunas frases provocativas» y provocó, de hecho, «alguna respuesta». «Yo diría que no estuvieron bien ninguno de los dos», remató.
Se trata de convivir y tener clara la historia. Con tolerancia debe admitirse pensar distinto, y más allá que todos conocemos a María Julia, que los colorados y batllistas de hoy tomen sus palabras como un homenaje al legado de Don Pepe y no solo como una provocación, dejando claro que una cosa es una cosa, y que otra cosa es otra cosa.