APUNTES EN BORRADOR

ASPIRACIONES 4. Tratando de centrarnos en lo verdaderamente importante de lo que debería ser un debate electoral, estando hoy a 69 días del primer llamado a las urnas en este largo proceso electoral que culminará en mayo del año próximo, deseo compartir con ustedes algunas aspiraciones que en común tenemos con un grupo de amigos y que hago propias. En esta cuarta entrega, comparto con ustedes, queridos lectores, lo que entendemos debería estar en el centro del debate electoral.

Obviamente no tiene por qué ser compartido por todos, eso es lo lindo de la democracia, se puede tener puntos de vista diferentes. Lo verdaderamente necesario es que se comiencen a hablar de algunos temas o en todo caso, se profundice el diálogo sobre alguno de ellos que ya están en el tapete de la discusión.

Continuemos. Tenemos esperanzas en que la Laicidad, que ha sido una de las características avanzadas de la República desde épocas tempranas, pioneras y ejemplares en toda América, se afiance y se ponga a cubierto de los ataques que contra ella se dirigen desde todos los fundamentalismos, ya sean ellos religiosos, políticos o aún económicos.

La Laicidad debe ser entendida como aquel principio Humanista que implica que nadie, incluido el Estado, deba intervenir en el ámbito de la conciencia individual. Laicidad no es ser antirreligioso pero tampoco debe concebirse como una posición prescindente del Estado, el que debe bregar por garantizar un ambiente de libertades donde pueda ejercerse la libre comunicación de las ideas y el desarrollo pleno de la persona humana.

Pero, por ello mismo, debe garantizarse activamente que lo que es de la esfera de lo privado, como son las creencias y las concepciones metafísicas, no invadan el dominio de lo público, menos aún que se transforme en política de Estado.

Por ello mismo se aspira del próximo gobierno garantizar la plena vigencia de la norma que suprime “toda enseñanza y práctica religiosas en las escuelas del Estado”, así como impedir la difusión de posturas de las diferentes religiones en sus aulas. Estas normas han sido la garantía, hasta ahora, de la absoluta libertad de conciencia para nuestros educandos, y de que podrán optar en el momento oportuno, por las creencias o no creencias que más les convengan, en uso de sus plenas potencialidades racionales, y no por adoctrinamiento de la conciencia.

Ello incluye que no sean los recursos de toda la sociedad la que financien directa o indirectamente a través de subsidios o exoneraciones a las instituciones y a las actividades confesionales y/o educativas privadas de distintas organizaciones de cualquier signo religioso, político, empresarial o sindical.

Asimismo, implica trabajar radicalmente por la calidad de la educación pública, y multiplicar su presencia allí donde ella está ausente o es deficitaria.

(Continuará…)