Apuntes en borrador

INTROSPECCIÓN. Ante la inminente llegada de las tradicionales fiestas de fin de año, donde en una semana tenemos dos cenas del fin del mundo y dos almuerzos de requeches de la noche anterior (quienes sobrevivan al fin del mundo, claro), es bueno recordar que estas fiestas tradicionales o el espíritu de las mismas, no refiere a cuestiones materiales sino más bien espirituales o sentimentales.

Justamente, en estos días en los distintos canales televisivos que nos ofrece el cable, se llena la pantalla de películas y referencias a la navidad. El otro día vi una película “El Grinch” del año 2000, protagonizada por el entonces renombrado actor (hoy caído en desgracia) Jim Carrey y dirigida por Ron Howard, que por infantil que parezca, es una historia que se encuentra muy arraigada en las tradiciones navideñas nórdicas, donde la interpretación navideña es más familiera que religiosa.

Sin embargo, tanto en el norte como en el sur, esperamos esta fecha durante un año para hacer pomada el aguinaldo gastando en comida (tanto sólidos como líquidos) y en regalos. Pero tomemos como cierto esa exagerada y radicalizada interpretación de lo que es la víspera de noche buena y la misma navidad, como que no se trata de una cuestión religiosa, sino del encuentro familiar (es de lo que trata la referida película, que lo que importa no son los regalos ni adornos navideños sino que la familia esté unida por el amor) y de amigos que en algunos casos, hace tiempo que no vemos por la vorágine del diario vivir. Es cuando nos tomamos un tiempo para el reencuentro y contarnos cómo nos fue en el año, la enumeración de anécdotas risueñas de un año movido. El aflojarse de tanta tensión que se fue acumulando (sobre todo los políticos y quienes se encuentran en su entorno), y prepararse para lo que se viene en mayo. O en el caso de la gente común y silvestre, con la expectativa del nuevo año que comienza en poco más de una semana, esperando contar con salud y trabajo, y que eso nos traiga el dinero que necesitamos para seguir adelante con los proyectos de vida que tengamos.

Entre medio, que fluya la comida y los regalos. Pero también tengamos en cuenta que no todos estarán iguales a nosotros. Como cada año recordamos, hay integrantes de nuestra comunidad, que no tienen empleo ni un ingreso regular que pueda cumplir con las mínimas expectativas para una familia que ya tiene claro que no festejará la navidad como los demás. Los padres harán el esfuerzo para que sus pequeños hijos no se queden sin la sorpresa de Papá Noel, para seguir tradiciones impuestas por este capitalismo mercantilista y consumista, usando de la inocencia de los niños para que los padres gasten dinero, aprovechándose de la “magia” navideña.

Algunos niños en peores situaciones, ya sin creer en que esa magia exista por vivir en un contexto delicado, con padres violentos y alcohólicos (en el mejor de los casos), donde en algunos casos trabajen vendiendo droga o de pronto, consumiéndola para escapar de la triste realidad en la que viven…

En fin, pasemos lo mejor que podamos esta nueva navidad, pero no perdamos de vista que no todos estamos bien, que hay gente que está pasando mal y cuestionarnos, como en algún momento dijo el Papa Francisco, que si nadie es responsable, si nadie se hace cargo, entonces todos somos responsables de lo que pasa en nuestra sociedad.

Luego de festejar al viejo estilo del imperio romano y tras dejar que los vapores de las bebidas que consumamos pasen, tomemos algunos minutos para reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y comencemos a hacernos cargo.

Hasta la semana que viene.

LEONARDO SILVA