Apuntes en borrador

RUSO. Hay atletas que entrenan toda la vida para tener la chance de correr una sola carrera en su vida. No todos lo logran. Pero la carrera más fascinante y que realmente vale la pena es la que cada uno de nosotros corremos cada día.

Al comenzar cada jornada, cuando nos levantamos, deberíamos dar gracias a la vida por permitirnos hacer lo necesario para que nada falte a la familia. Trabajando. Corriendo. Sobreviviendo.

Incluso hay días que sentimos que nos falta algo o que perdemos todo porque se nos presenta un problema, algo solucionable pero que igualmente sentimos que nos ahoga, dejándonos la sensación que el mundo se nos viene encima. Pero encontramos esa solución que nos faltaba y al día siguiente seguimos… Trabajando. Corriendo. Sobreviviendo.

Esos problemas terminan siendo para nosotros el centro del universo, el árbol que nos impide ver el resto del bosque, ese mundo que nos rodea, con mayores problemas que los nuestros y de los cuales estamos como anestesiados porque no nos importa. Perdemos la perspectiva. Solo nos importa lo nuestro…

Eso está mal. Una sociedad no debe ser así. La gente no debe ser así.

Los problemas que cada uno tiene pueden solucionarse porque todo tiene solución siempre y cuando estemos dispuestos a buscarla y pelear por ella. Si el camino a la cima está empinado, solo deberemos esforzarnos más y llegaremos.

Hay gente que lucha toda la vida, que corre toda su vida. No porque quiera ganar ninguna carrera en especial sino simplemente para mantenerse en movimiento y tener la chance de correr y no parar. De avanzar en la vida.

Hay gente que ha hecho de todo en la vida, “menos robar y matar, hice de todo”, nos confesó Luis Giovanoni en la última entrevista que dio a EL PUEBLO en aquel caluroso mes de enero, al día siguiente de inaugurar en su casa un Cristo Redentor como forma de cumplir con su palabra a Dios por regalarle cada día un día más de vida.

En diciembre de 2014 se le informó que tenía un cáncer terminal y que en tres meses dejaría de correr. La noticia más terrible que le pudieron dar al Ruso es que ya no dependía de él seguir corriendo pues esa cruel enfermedad se lo impediría.

Pero el Ruso siguió corriendo, no paró. Enfrentó a la muerte, la miró a la cara y le mostró que no se rendiría y que seguiría corriendo. Venció todos los obstáculos que la vida le fue presentando, pero el Ruso siguió corriendo, no paró. Fue libre para ordenar sus cosas, reencontrarse con sus afectos más sentidos y luego, tras un año que le dieron el diagnóstico que le quedaban tres meses de vida, finalmente el cáncer lo volvió a alcanzar, pero el Ruso volvió a gambetearla y siguió corriendo, no se rindió, nunca se cansó de luchar, estaba convencido que podía ganar esa última carrera, y por eso siguió corriendo…

Pero la muerte, rápida, sagaz, astuta, fría y calculadora se adelantó y lo esperó en la línea de llegada. Pero el Ruso volvió a engañarla y le ganó, porque ya nunca se irá…

LEONARDO SILVA







Recepción de Avisos Clasificados