Apuntes en borrador

VERANO. “Lo bueno del verano es el calor”, dicen algunos que lo prefieren al frío, mientras otros piensan que verano es sinónimo de vacaciones.

Con el clima tan cambiante que ya ni siquiera el Instituto Uruguayo de Meteorología emboca una, lo único que queda es la ilusión de creer que estamos en vacaciones, porque por más que uno esté a cientos de kilómetros de su trabajo, la mayoría sigue enchufada pensando en el año que tiene por delante y como llegar a fin de mes, o tener que cortar el pasto o hacer aquellos arreglos eternamente postergados en la casa.

La mejor forma de desenchufarse, al menos por los pocos días que dure esa ilusión, es conseguirse un buen libro y leer algo interesante. Y ahí sí, dejar volar la imaginación y soñar en ese universo al que la historia del libro lo transporte, alejados del mundanal ruido de todos los días, con los informativos a tope con siniestros de tránsito o rapiñas varias que ahora incluye el intento de secuestro de una niña al que se le debe disfrazar la tipificación delictual en la carátula del procesamiento para no generar alarma pública pese a que la alarma pública ya se generó gracias a las redes sociales.

Aislarnos del mundo y de los pozos de las calles que nos rodean, es la mejor forma de disfrutar y tener auténticas vacaciones, que ya vendrá el tiempo de volver a enchufarnos y retomar el trabajo…

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VACACIONES. Cumpliendo con mi propia consigna, conseguí un par de libros para aislarme de este mundo. Por un lado, mientras me evado definitivamente del mundo real leyendo el libro digital “La cara oculta del misterio, un viaje desde los aeropuertos prehistóricos hasta el fin del mundo” de Luis Alfonso Gámez, me concentro a filosofar con el último libro de Umberto Eco, “De la estupidez a la locura, crónicas para el futuro que nos espera”.

Es así que la buena lectura acompañada de una correcta selección musical, que calma al espíritu, gracias a los clásicos de Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert o incluso Handel (no necesariamente en ese orden), provoca una desintoxicación mental del diario vivir que permite realmente sentir que la ilusión de que estamos de vacaciones, es real.

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ECOS DEL FUTURO. Del último libro del semiólogo italiano, quien falleció cuando éste ya se encontraba en la imprenta y que trae una selección realizada por el mismo autor de sus mejores artículos publicados en la prensa, podemos extraer algunos primeros conceptos para desarrollar en próximos “apuntes”, como por ejemplo, el de “la sociedad líquida”, los desinventos de la ciencia del siglo 21 o el preferir salir en los medios para ser conocido que buscar fama por sus propios talentos o virtudes. Veamos un ejemplo de esto último…

Al “niño que crece le parecerá natural vivir en un mundo donde el bien principal (ahora ya más importante que el sexo y el dinero) será la visibilidad. Donde para ser conocido por los demás y no vegetar en un espasmo e insoportable anonimato hará cualquier cosa con tal de salir en la televisión… donde cada vez más madres integérrimas estarán dispuestas a contar los más sórdidos asuntos de familia en un programa lacrimógeno con tal de ser reconocidas al día siguiente en el supermercado… y las jovencitas (como ya ocurre hoy) dirán que quieren ser actrices, pero no para convertirse en la Duse o la Garbo, no para recitar a Shakespeare o al menos para cantar como Josephine Baker… sino para ser azafatas de un concurso de televisión, pura apariencia sin ninguna formación artística…”. Escrito hace 14 años pero con una actualidad sorprendente.

LEONARDO SILVA







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