Apuntes en borrador

PALOMITAS. Hoy comienza una nueva esperanza… la esperanza de tener un año fructífero en el aprendizaje del conocimiento desde las escuelas para nuestros niños.

Una esperanza que rige más por el deseo y la inocente aspiración y no por la actual situación en la que se encuentra todo nuestro sistema educativo, que en los últimos 12 años ha comenzado un camino hacia el declive preocupante.

De todas formas, me permito recordar con añoranza cuando veía en la televisión cada tarde el programa “Señorita Maestra”, remake de “Jacinta Pichimagüida”, esa maestra sin igual que en ciertos aspectos y sin las cuestiones mágicas nos hizo recordar a Mary Poppins. En esa serie estaba el portero de la escuela, que cada día al tocar la campana de ingreso clamaba por sus “blancas palomitas”, como llamaba a los niños con sus túnicas de punta en blanco y con una moña lavada con almidón y planchada por las madres.

Hoy las túnicas de los niños –salvo el primer día-, al igual que el de algunas maestras, parece más de color gris, mientras la moña la mayoría la usa desatada y en algunos casos, se la ha podido ver de vincha en los recreos, como un fiel reflejo de cómo está hoy nuestra educación… manchada y desprolija.

Aspiramos a que estas modas cambien y se vuelva a los viejos tiempos. Me conformo con que la educación mejore mientras los niños, si quieren, pueden quedarse con su vincha y las túnicas desgarbadas.

***

GAME OVER. Concomitantemente a ello, terminó el carnaval, de una manera triste debido a la mala organización que trabajó mucho, pero no dio pie en bola en ningún momento en la toma de decisiones.

Es cierto, el clima tampoco ayudó y hubo que reprogramar algunas actividades, pero el cierre del carnaval fue toda una definición de lo que se ha transformado: un carnaval gris.

Más allá del loable esfuerzo de las pocas y diezmadas comparsas que han quedado, lo único novedoso fue la llamada “avenida del samba” que para lo único que sirvió fue para arreglar la calle Asencio en el tramo de Morquio hasta Apolón, y emprolijar un poco las veredas. Los vecinos agradecidos. Después, fue todo corte y pegue del gobierno anterior, donde incluso hasta se copió lo de pintar de blanco las calles y cobrar entradas (antes estaba mal, pero ahora nadie dijo nada), pero no pusieron cartelería como se ponía antes para separar al público del paso de las comparsas.

La cereza sobre la torta termina siendo el sábado, cuando luego de varias marchas y contramarchas, amenazas de por medio, se dejó un mismo día para el último desfile (ahora sí, por calle Uruguay, lo que fue un acierto a medias, pues ante el poco público el desastre del carnaval quedó en evidencia) y la final del concurso de murgas, que también mostró poco público.

De las finanzas y de las pérdidas garrafales que hubo en este carnaval por la mala planificación (y eso que vienen trabajando al menos desde el mes de setiembre, cuando ya nos habían adelantado algunos cambios), esperaremos sentados la conferencia de prensa que deberían hacer para dar la cara y rendir cuentas.

Esperemos que el señor intendente tome nota, no de lo que nosotros pensamos y decimos sino de lo que él mismo pudo ver, y adopte las acciones necesarias para impedir que el carnaval salteño se termine por la inacción de nuestros gobernantes.

LEONARDO SILVA







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