Apuntes en borrador

26 DE MAYO. Siempre he sostenido que no hay mejor regalo que se pueda hacer que un libro. No es caro (y si alguno lo fuere se puede financiar), es elegante, y no se gasta, pero lo más importante, puede dejarnos alguna enseñanza.

Sin embargo, si hoy día le regalo a un joven un libro no tengo claro cuál puede ser su repuesta. Si es bien educado seguramente lo agradecerá, si no lo es, puede llegar a tirármelo por la cabeza.

Recuerdo cuando en la escuela y en el liceo nos daban los libros de estudio y uno los llevaba contento a casa. Abrirlo y preparar la clase del día siguiente en geografía, historia, educación moral y cívica, matemáticas, idioma español (luego literatura), astronomía, física, química, biología, educación musical, inglés y un largo etcétera (hoy las materias son otras), era sinónimo de estar creciendo y prepararnos para el futuro.

El primer libro que leí fue uno que me regalaron cuando cumplí 8 años, aún lo conservo como un tesoro. De la colección “Robin Hood”, encantadora selección de los clásicos juveniles por excelencia, no sé quién me regaló “Colmillo Blanco” de Jack London, pero se lo agradeceré por siempre. Hermoso libro de aventuras que me dejó una gran lección en el momento del nacimiento y primeros pasos del lobo protagonista.

Pero ya de antes era un profuso consumidor de las clásicas historietas de superhéroes, como Batman, Superman, incluso Tarzán (de quien seguía sus aventuras cada domingo con el suplemento de “El Día”) y el Zorro. También revistas como Nippur, Intervalo, D’Artagnan y las historietas argentinas de Patoruzito, Isidoro Cañones, Súper Hijitus, Anteojito…

Los avances tecnológicos hoy ponen a nuestro alcance los libros en formato digital, y sin meterme en esa discusión sin sentido de qué formato es mejor, si el digital o el del papel, y cuál prevalecerá y todas esas discusiones que no conducen a nada, solo diré que son dos formatos distintos que nos permiten acceder por igual a la lectura de un buen libro y de conocer a diferentes autores.

Y debo confesar, que cuando entro a indagar el perfil de cada entrevistado de domingo para EL PUEBLO y le pregunto sobre un libro o una película, entendí no hace mucho que en realidad estaba pidiendo inconscientemente que me hicieran alguna recomendación sobre algún libro o autor que no conocía.

Desgravando la entrevista, al llegar en el perfil de cada entrevistado al libro, busco en internet el título y el nombre exacto del autor, momento en que la computadora me ofrece la posibilidad de acceder a ese libro en versión digital. En la mayoría de los casos me encuentro bajando a mi computadora ese libro, el cual archivo en la biblioteca virtual que tengo en una carpeta, con la intención de poder leerlo en algún momento.

Así he ido construyendo una biblioteca en formato papel (que ocupa mucho espacio en mi escritorio, donde trabajo cada día) y en formato digital, el que puedo trasladar a cualquier parte en mi tablet, con tantos libros o más que los que van juntando polvo.

Lamentablemente el gusto por la lectura es algo personal e intransferible, pero que tampoco se fomenta ya desde los centros de estudios, máxime con ese bombardeo audiovisual constante que nuestros jóvenes reciben vía internet o desde las redes sociales.

A nadie se le puede obligar a que le guste la lectura o que disfrute de ella, pero si los padres tampoco leen, difícil es que logren transmitir ese gusto aunque más no sea por contagio.

LEONARDO SILVA







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