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Apuntes en borrador

Y LAS AGUAS comenzaron a descender y a retirarse muy lentamente de la ciudad, con lo que solo abrigamos la esperanza del pronto retorno a sus hogares de muchos salteños, y el realojo de aquellos que no deberían vivir en zonas inundables.

Finalmente pasó la zozobra de la paranoia gestada por altas autoridades de la vecina orilla, y de la que en algún caso nos terminamos haciendo eco debido a la persona calificada que emitió comentarios alarmistas sobre una inundación que pudimos haber sufrido pero que no quedó más que en eso, delirantes declaraciones de quienes por el cargo que tienen deberían ser más mesurados en lo que dicen.

Lo cierto es que una vez más, nuestra tan castigada represa cumplió con su función, reteniendo el exorbitante caudal de agua que vino desde el norte y que en Salto se pudo contener para evitar desastres mayores. Ya hay quien dice que el caudal de agua que recibió Salto Grande fue superior a la inundación del 59. Algo similar se dijo de la inundación del año pasado. Sin embargo en esta oportunidad, la cosa fue más leve.

Como sea, fue mucha agua. Pero queda claro que la naturaleza no perdona. Antes fue en verano, ahora en otoño casi invierno. Es decir que si bien se trata del mismo fenómeno climático, la gente lo vivió de manera diferente por razones obvias, no es lo mismo dormir a la intemperie en verano que en las noches gélidas que se tuvo que soportar y que tras este efímero veranillo, han retornado.

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UNA VEZ que pase todo y se vuelva a la normalidad, las autoridades competentes deberán hacer un balance autocrítico de su gestión y analizar fortalezas y debilidades del operativo realizado ante este evento climático.

El objetivo de tal análisis debe servir para no cometer nuevamente los errores que vienen arrastrando en la próxima crecida del río Uruguay, porque entendámonos, volverá a ocurrir y debemos estar preparados y ser más ágiles en la respuesta.

Cambio climático y calentamiento global de por medio, si no es por una nueva crecida del río Uruguay, será por las intensas lluvias que provocarán fuertes enchorradas que inundarán los domicilios de muchos salteños. Estamos hablando de dos fenómenos que como en esta oportunidad, se sucedieron uno detrás del otro, no dando respiro ni a los vecinos ni a las autoridades.

No interesa –al menos desde nuestra óptica- iniciar una cacería de brujas. Simplemente queremos que las autoridades reconozcan que hubo cosas que no se hicieron bien, momentos en que pudo haberse actuado mejor y que todo se corregirá en la próxima emergencia. Es por eso que tampoco nos interesa que ese análisis se haga público, siempre y cuando se adopten las medidas necesarias para que no se vuelvan a cometer los mismos errores (pensando esencialmente en el bienestar de los salteños afectados).

Recuerden que no llegaron a todos los lugares en los que debieron estar, vean por qué la ayuda no llegó a tantos salteños y que no se vuelva a repetir. De eso se trata.

Por cierto que hubo cosas que se hicieron bien, pero no esperen de nosotros aplausos desmedidos ni altisonantes por el mero hecho de haber cumplido con su deber. Reciban tan solo las gracias de quienes recibieron la ayuda brindada, llegado el caso.

LEONARDO SILVA