Apuntes en borrador

EXISTENCIALIDAD. Hay momentos en la vida de cada uno que tenemos que parar, tomarnos unos minutos para nosotros mismos y preguntarnos, ¿qué he hecho hoy para ser una mejor persona?

Va de suyo que como todo ser humano no somos perfectos y así como tenemos fortalezas, hemos de tener debilidades en nuestra personalidad o forma de conducirnos en la sociedad con la gente que nos rodea. ¿Conozco cuáles son esas debilidades o imperfecciones de mi personalidad que debo mejorar? ¿Acaso me he tomado tiempo para analizar críticamente qué debo mejorar como persona? ¿Cuál es el mejor momento para pensar en estas cosas?

Posiblemente la ausencia de este ejercicio meramente introspectivo e intelectual es lo que haya provocado la pérdida sistemática de ciertos valores, como por ejemplo, la palabra. Recuerdo aún, allá a lo lejos, que antes cuando alguien se comprometía a algo, cumplía. No había necesidad de firmar ningún papel porque la palabra era ley.

Hoy la regla es desconfiar de lo que te dicen, y si se puede, que lo deje por escrito, al menos se tendrá un documento a la hora de probar ante el juez el incumplimiento de la palabra empeñada.

Pero, ¿qué más hemos ido dejando por el camino? ¿Qué otros valores? Que otro actúe de determinada forma, ¿me exime de mis responsabilidades en el trabajo, en mi casa o en la sociedad? Cambiar, ¿es mejorar? Cambiar, ¿es ir para adelante o para atrás?

***

BARRANCA ABAJO. Al principio cuesta, y hasta se tiene algo de temor en descubrir en lo que nos hemos ido transformando, en personas sin criterio ni palabra, donde el listón de nuestros valores éticos como sociedad lo hemos ido bajando a pasos agigantados.

En las sucesivas campañas electorales vemos cómo los candidatos (quienes deberían ser nuestros referentes políticos y éticos -¿por qué no?- en la sociedad) se rasgan sus vestiduras hablando de estos temas, pero en vez de contribuir a revertir esta situación la profundizan con posturas simplistas de “como te digo una cosa, te digo la otra” (si bien la referencia alude a un expresidente, políticos de todos los partidos la practican de igual forma).

La gente, cansada, se está despertando y dando la espalda a quienes especulan con el dolor y la necesidad de las personas, en vez de trabajar con altruismo y verdadera vocación de servicio por los que menos tienen, quienes se han ido transformando en moneda de cambio, “me votás, te ganás la tarjeta”, otra forma de contribuir con la mediocridad de la política y de la administración pública, además de degradar al ser humano con esa mendicidad institucionalizada.

***

ENTONCES, ¿cómo puedo transformar esa realidad en la que estamos insertos? ¿Puedo hacerlo? Volvamos al comienzo de estos “apuntes”, antes que intentar cambiar lo malo que hay en nuestra sociedad debo trabajar en cambiar yo, porque, ¿cómo pretender cambiar a los demás si no puedo cambiar yo mismo?

Por tanto, antes de pretender cambiar a nuestra sociedad para mejorar, debo comenzar la tarea en mí mismo.
De nada sirve pretender que los demás cambien si yo no estoy preparado o dispuesto a mejorar como persona.

LEONARDO SILVA







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