¡ARGENTINOS – ORIENTALES!

Por Dr. Adrián Báez

El 19 de Abril de 1825, los 33 Orientales desembarcaron en la playa de La Graseada, en el Departamento de Soriano, que un embellecimiento posterior bautizó como la “Agraciada”. Según recordaba Spikerman, uno de los protagonistas, Lavalleja desplegó la bandera tricolor con la leyenda “Libertad o Muerte” y sus palabras fueron más o menos las siguientes: “Amigos, estamos en nuestra Patria. Dios ayudará nuestros esfuerzos, y si hemos de morir, moriremos como buenos en nuestra propia tierra. ¡Libertad o Muerte! De inmediato los sublevados comenzaron a marchar rumbo a Montevideo mientras, incesantemente, aparecían partidas de hombres en armas que se les sumaban. Pero, antes de iniciar dicha marcha, el Gral. Lavalleja repartió entre su gente una proclama para ser distribuida en los pueblos, que decía así: “¡Viva la Patria! Argentinos orientales: llegó el momento de redimir vuestra amada Patria de la ignominiosa esclavitud con que ha gemido por tantos años, y elevarla con nuestro esfuerzo al puesto eminente que le reserva el destino entre los pueblos libres del Nuevo Mundo. El grito heroico de libertad retumba ya por nuestros dilatados campos con el estrépito belicoso de la guerra. El negro pabellón de la venganza se ha desplegado, y el exterminio de los tiranos es indudable. ¡Argentinos orientales! Aquellos compatriotas nuestros, en cuyo pecho arde inexhausto el fuego sagrado del amor patrio y de que más de uno ha dado relevantes pruebas, entusiasmo y su valor, no han podido mirar con indiferencia el triste cuadro que ofrece nuestro desdichado país, bajo el yugo ominoso del déspota del Brasil. Unidos por su patriotismo, guiados por su magnanimidad, han emprendido el noble designio de libertaros. Decididos a arrostrar con frente serena toda clase de peligros, se han lanzado al campo de Marte con la firme resolución de sacrificarse en aras de la Patria o reconquistar su libertad, sus derechos, su tranquilidad y su gloria. Vosotros, que os habéis distinguido siempre por vuestra decisión y energía, por vuestro entusiasmo y bravura, ¿consentiréis aun en oprobio vuestro el infame yugo de un cobarde usurpador? ¿Seréis insensibles al eco dolorido de la Patria, que implora vuestro auxilio? ¿Miraréis con indiferencia el rol degradante que ocupamos entre los pueblos? ¿No os conmoverán vuestra misma infeliz situación, vuestro abatimiento, vuestra deshonra? No, compatriotas: los libres os hacen la justicia de creer que vuestro patriotismo y valor no se han extinguido y que vuestra indignación se inflama al ver la provincia Oriental como un conjunto de seres esclavos, sin gobierno, con nada propio más que sus deshonras y sus desgracias. Cese ya, pues, nuestro sufrimiento. Empuñemos la espada, corramos al combate y mostremos al mundo entero que merecemos ser libres. Venguemos nuestra Patria; venguemos nuestro honor y purifiquemos nuestro suelo con sangre de traidores y tiranos. ¡Tiemble el déspota del Brasil de nuestra justa venganza! Su cetro tiránico será convertido en polvo y nuestra cara Patria verá brillar en sus sienes el laurel augusto de una gloria inmortal. ¡Orientales! Las provincias hermanas solo esperan vuestro pronunciamiento para protegeros en la heroica empresa de reconquistar vuestros derechos. La gran nación argentina, de que sois parte, tiene gran interés en que seáis libres, y el Congreso que rige sus destinos no trepidará en asegurar los vuestros. Decidíos, pues, y que el árbol de la libertad fecundizado con sangre vuelva a aclimatarse para siempre en la Provincia Oriental. ¡Compatriotas! Vuestros libertadores confían en vuestra cooperación a la honrosa empresa que han principiado. Colocado por voto unánime a la cabeza de estos héroes, yo tengo el honor de protestaros en su nombre y en el mío propio que nuestras aspiraciones solo llevan por objeto la felicidad de nuestro país, adquirirle su libertad. Constituir la provincia bajo el sistema representativo republicano en uniformidad a las demás de la antigua unión. Estrechar con ellas los dulces vínculos que antes las ligaban. Preservarla de la horrible plaga de la anarquía y fundar el imperio de la ley. ¡He aquí nuestros votos! Retirados a nuestros hogares después de terminar la guerra, nuestra más diga recompensa será la gratitud de nuestros conciudadanos. ¡Argentinos Orientales! El mundo ha fijado sobre vosotros su atención. La guerra va a sellar nuestros destinos. Combatid, pues, y reconquistad el derecho más precioso del hombre digno de serlo”. Juan Antonio Lavalleja. Campo volante, en Soriano, Abril de 1825.
El extenso texto aventa cualquier duda que pudiera subsistir sobre los objetivos del movimiento, que no eran otros que los de expulsar a los brasileños y regresar al seno de las Provincias Unidas. Por entonces, nadie se planteaba, con mínima seriedad, la constitución de la Provincia en Estado independiente; siendo suficientemente significativo, el término que se repite más de una vez: “argentinos – orientales”.







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