¿Aumentar la calidad, o el acceso a la educación?

Cuando era más chico y veía a mi madre salir de casa para ir a trabajar, quizás no dimensionaba el valor de su tarea. Fue profesora de liceo por 40 años. No porque sea mi madre, pero sí porque era profesora en un tiempo donde para dar una clase había que ir leído, saber enfrentar el desafío de estar parado frente al aula y hacer que quienes están sentados en sus bancos, sepan que tienen una maravillosa oportunidad de aprender.
En aquella época de camisas planchadas y de un solo color, sin marcas caras ni mucho menos a la moda, con corbatas ajustadas al cuello, zapatos mocasines aunque también se colaban varios championes, sobre todo a finales del 80, los liceos públicos eran lugares donde el que iba lo hacía para estudiar, porque de lo contrario se regazaban enseguida y la diferencia con quienes sí se dedicaban a estudiar, se hacía notoria.
Nuestros profesores eran personas serias y formales, a las que tratábamos de usted y no por ello le teníamos temor o una distancia más lejana de la que debíamos tener. Por el contrario, ese respeto dignificaba la relación que existía entre el alumno y el profesor, y generaba un compromiso si se quiere entre ambos, de que si llegábamos a conocernos, es decir, si figurábamos en la lista que ese docente pasaba todos los días era porque teníamos que ir a estudiar.
Eso no significa que en ese tiempo no existieran los repetidores, ni los que dejaban de ir al liceo por varias razones. Entre ellas, las de tener que trabajar para ayudar a la familia o la de entender que no podían seguir perdiendo el tiempo porque el camino de terminar el liceo no estaba dentro de sus aspiraciones.
Aunque hace 30 años ir a la escuela o al liceo, era ir a estudiar, a aprender, a buscar la forma de adquirir conocimiento, para defenderse en un mundo que empezaba a exigir cada vez más a quienes pretendían conseguir un buen empleo, hacer carrera en alguna institución o empresa, o ser dueño de su propio negocio para hacer algo que le permita explotar sus capacidades de la forma que mejor le parezca.
Eso no es entrar en la lógica capitalista, sino en la lógica de vida actual, en la lógica humana de explotar lo mejor de nosotros para vivir de ello, donde además la globalización ha instaurado una sola manera de vivir en el mundo, que es trabajar para generar ingresos personales, pagar impuestos al país donde se vive y con lo que resta intentar vivir lo mejor que se puede dentro de los parámetros y los cánones establecidos para vivir. Es así de simple. El resto de las cosas funcionan solas.
Pero hay que reconocer que en los últimos tiempos si bien se ha degradado el nivel educativo en muchos aspectos, porque ha bajado sustancialmente la calidad y profundidad del conocimiento que se brindaba en otra época, hay un mayor acceso a los centros educativos formales, lo que ya es decir bastante.
No quiere decir esto que por el hecho de que los jóvenes puedan tener la oportunidad de asistir al liceo o a la UTU, haya un mayor nivel de conocimiento y con ello podamos llegar a mejorar los niveles de alfabetización educativa. Lo que sí quiere decir esto, es que en la actualidad la juventud tiene la oportunidad de acceder al sistema educativo formal con mayor facilidad y con ello, se permiten más chances de que nuestros jóvenes tengan la posibilidad de competir en el mundo, pero con lo que dan en el aula, que a su vez puede llegar a ser muy poco.
Días pasados, en oportunidad de entrevistar al presidente del Codicen, Wilson Netto, después de hablar muy bien de la actual situación de la enseñanza que él gestiona, no así de los niveles educativos que allí se imparten y que son muy otra cosa, habló de la universalización de la educación, esto quiere decir, de la posibilidad de acceso que tienen todas las personas de formarse y acceder al sistema.
Aunque me dejó sabor a poco el hecho de que no habló nunca de quienes salen del sistema formal de la enseñanza, para no participar de ningún ámbito educativo y que son en cierta medida, excluidos en un caso y autoexlcuidos en otros, que se transforman en marginales y que así se desarrollan el resto de sus vidas.
Esas personas que son las que están por fuera de todo, terminan siendo las que generan los mayores índices de pobreza y son los que pasan a tener el índice más bajo de desarrollo humano, y si no existen las políticas educativas tendientes a buscar la forma de revertir esto, entonces la educación en su conjunto, con todo lo que implica la pérdida de nivel educativo, además de que el mayor acceso a los centros de enseñanza no ha sido acompasado con la construcción de nuevos edificios y eso determina hacinamiento, así como tampoco se han creado cargos docentes acordes a las necesidades en algunos casos y que a su vez el multiempleo en esta área ha determinado el mismo resultado, que es el ausentismo docente, si todas estas cosas no se ponen en una bolsa para mejorarlas y encima se apuntan las baterías a darle cabida a los que están afuera de todo, las políticas de la educación habrán fracasado.
Por eso espero que el plan de universalización de Netto, abarque también a quienes están por afuera del todo. Pero también a quienes están en el ámbito rural y deben hacer varios kilómetros para poder tener una clase, lo que ya deja en duda la política de accesibilidad, pero sobre todo que una vez atendido todo esto, el Estado aboque sus esfuerzos en tratar de aumentar el nivel de la educación en los centros de enseñanza pública, exigir mayor calidad a docentes y alumnos y lograr así mejores resultados.
Porque el hecho de que los últimos cuatro presidentes post dictadura, a no ser Mujica que no tiene hijos, hayan mandando a sus hijos y a sus nietos al sistema de educación privada debe ser una señal importante. El caso de que Tabaré Vázquez haya enviado a sus hijos a la educación privada y actualmente así lo haga con sus nietos ¿es una señal de que el presidente de la República no confía en los resultados de las políticas educativas que se imparten desde el Estado?
No digo que lo sea porque sería una falacia de mi parte ya que no conozco los fundamentos que tiene para tomar esa decisión, pero al menos por el cargo que ostenta, me permito decir que el mensaje que me está dando, me deja muchas dudas sobre la enseñanza pública en la que yo mismo me he formado.

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HUGO LEMOS







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