AYÚDELOS A IRSE

Estimados lectores. Durante casi 10 años, o sea, una década, hemos sido testigos del manejo más errático que se le puede dar a un gobierno, y al mayor desaprovechamiento de recursos económicos y humanos por parte de los gobernantes.
Uruguay ha pasado, literalmente, pues solamente un grandísimo milagro habilitará otra oportunidad semejante, por un período de crecimiento inigualable; el Estado se enriqueció y el PBI aumentó a niveles no recordados en nuestra reciente historia; vimos desfilar nuestros productos provenientes del sector agropecuario, por todo el mundo, al haberse, tímidamente, pero al fin, abierto mercados y estrechado lazos comerciales más allá de la región; hemos innovado en la producción tecnológica, producto del valor agregado cerebro; hemos sido plaza atrayente de los inversionistas, que conlleva capital, mano de obra, y genera una cadena de recursos económicos nada despreciables; en fin, Uruguay se ha ido posicionando en la era de la globalización, siendo el puntapié inicial, la recuperación iniciada luego de la crisis, pero aún en el gobierno del Presidente Batlle, empujón que la izquierda, sorprendentemente, valoró y supo comprender y así continuar.
Hasta aquí podríamos decir estar algo conformes, sucede, que habiendo escuchado durante años a quienes hoy nos gobiernan hablar de “La distribución de la riqueza”, nos sorprende el vuelco en su consigna, al haber sido sus gobiernos precisamente, quienes menos lo han hecho, o por lo menos, quienes lo han hecho de peor manera.
Mucho se gastó y continúa gastando; advierten que se mejoró la calidad de vida de los ciudadanos pero vemos que la salud, en vez de cuidar, descuida, siendo los usuarios rehenes de muchas situaciones injustas y embarazosas como por ejemplo el carecer de atención inicial ante emergencias y hasta policlínicas del interior que realizan colectas para adquirir medicamentos; observamos el deterioro alarmante del nivel educativo, tanto en lo edilicio como en los planes de estudio que todo hacen menos preparar a los jóvenes con herramientas prometedoras de un mañana mejor; sufrimos con los costos de los servicios otorgados por las empresas públicas, supuestamente bien gestionadas, cuando en realidad sus pasivos son el 72% de sus activos, situación actual de ANCAP, sin miras de bajar el precio de los combustibles,  en beneficio de productores, trabajadores o la ciudadanía en general; ni que hablar de ANTEL, cuyas tarifas son de las más caras del mundo, y prefieren invertir en un ANTEL ARENA, hermoso, sin lugar a dudas, pero disfrutable para una parte de la sociedad, cuando harían falta hospitales, escuelas, IMAES, carreteras, puentes, luz eléctrica rural, barata y accesible, viviendas dignas y de posible adquisición, principalmente por la juventud, que inicia sus pasos, y tantas cosas, que sí serían benefactoras equitativamente, pues la verdadera “distribución de la riqueza”, se realiza a través del gasto público.
Los campeones de la administración justa y honrada, han llevado a la Deuda Externa de U$ 22.534.000.000 (veintidós mil quinientos treinta y cuatro millones de dólares americanos), en 2010, a U$ 29.000.000.000 (veintinueve mil millones de dólares americanos) en 2014; y a la Deuda Interna, a U$ 8.000.000.000 (ocho mil millones de dólares americanos) más los intereses que suman U$ 4.000.000.000 (cuatro mil millones de dólares americanos).
La gran interrogante que nos hicimos y con seguridad se la formule usted también es, ¿dónde se encuentra invertido tanto dinero? Es verdad que el País cuenta con algo más de U$ 18.000.000.000 (dieciocho mil millones de dólares americanos) de reserva, pero, ¿qué generó la deuda?; ¿en qué se utilizaron esos maravillosos recursos?, ¿ha beneficiado a la mayoría de los Uruguayos?, ¿el costo de la vida mejoró?
Los hechos hablan por sí mismos. Ni la salud, ni la educación, ni el costo de vida, que cada día encarece más, han sido gestionados con la responsabilidad y seriedad pregonadas y que éstas ameritan.
Mucho han dicho, poco han realizado; que sirva de estímulo al Uruguay, para proyectarse hacia el porvenir, por medio de sus hijos. Llegó la hora de que demos un giro de timón. Ayúdelos a irse.
Estimados lectores.
Durante casi 10 años, o sea, una década, hemos sido testigos del manejo más errático que se le puede dar a un gobierno, y al mayor desaprovechamiento de recursos económicos y humanos por parte de los gobernantes.
Uruguay ha pasado, literalmente, pues solamente un grandísimo milagro habilitará otra oportunidad semejante, por un período de crecimiento inigualable; el Estado se enriqueció y el PBI aumentó a niveles no recordados en nuestra reciente historia; vimos desfilar nuestros productos provenientes del sector agropecuario, por todo el mundo, al haberse, tímidamente, pero al fin, abierto mercados y estrechado lazos comerciales más allá de la región; hemos innovado en la producción tecnológica, producto del valor agregado cerebro; hemos sido plaza atrayente de los inversionistas, que conlleva capital, mano de obra, y genera una cadena de recursos económicos nada despreciables; en fin, Uruguay se ha ido posicionando en la era de la globalización, siendo el puntapié inicial, la recuperación iniciada luego de la crisis, pero aún en el gobierno del Presidente Batlle, empujón que la izquierda, sorprendentemente, valoró y supo comprender y así continuar.
Hasta aquí podríamos decir estar algo conformes, sucede, que habiendo escuchado durante años a quienes hoy nos gobiernan hablar de “La distribución de la riqueza”, nos sorprende el vuelco en su consigna, al haber sido sus gobiernos precisamente, quienes menos lo han hecho, o por lo menos, quienes lo han hecho de peor manera.
Mucho se gastó y continúa gastando; advierten que se mejoró la calidad de vida de los ciudadanos pero vemos que la salud, en vez de cuidar, descuida, siendo los usuarios rehenes de muchas situaciones injustas y embarazosas como por ejemplo el carecer de atención inicial ante emergencias y hasta policlínicas del interior que realizan colectas para adquirir medicamentos; observamos el deterioro alarmante del nivel educativo, tanto en lo edilicio como en los planes de estudio que todo hacen menos preparar a los jóvenes con herramientas prometedoras de un mañana mejor; sufrimos con los costos de los servicios otorgados por las empresas públicas, supuestamente bien gestionadas, cuando en realidad sus pasivos son el 72% de sus activos, situación actual de ANCAP, sin miras de bajar el precio de los combustibles,  en beneficio de productores, trabajadores o la ciudadanía en general; ni que hablar de ANTEL, cuyas tarifas son de las más caras del mundo, y prefieren invertir en un ANTEL ARENA, hermoso, sin lugar a dudas, pero disfrutable para una parte de la sociedad, cuando harían falta hospitales, escuelas, IMAES, carreteras, puentes, luz eléctrica rural, barata y accesible, viviendas dignas y de posible adquisición, principalmente por la juventud, que inicia sus pasos, y tantas cosas, que sí serían benefactoras equitativamente, pues la verdadera “distribución de la riqueza”, se realiza a través del gasto público.
Los campeones de la administración justa y honrada, han llevado a la Deuda Externa de U$$ 22.534.000.000 (veintidós mil quinientos treinta y cuatro millones de dólares americanos), en 2010, a U$$ 29.000.000.000 (veintinueve mil millones de dólares americanos) en 2014; y a la Deuda Interna, a U$$ 8.000.000.000 (ocho mil millones de dólares americanos) más los intereses que suman U$$ 4.000.000.000 (cuatro mil millones de dólares americanos).
La gran interrogante que nos hicimos y con seguridad se la formule usted también es, ¿dónde se encuentra invertido tanto dinero? Es verdad que el País cuenta con algo más de U$$ 18.000.000.000 (dieciocho mil millones de dólares americanos) de reserva, pero, ¿qué generó la deuda?; ¿en qué se utilizaron esos maravillosos recursos?, ¿ha beneficiado a la mayoría de los Uruguayos?, ¿el costo de la vida mejoró?
Los hechos hablan por sí mismos. Ni la salud, ni la educación, ni el costo de vida, que cada día encarece más, han sido gestionados con la responsabilidad y seriedad pregonadas y que éstas ameritan.
Mucho han dicho, poco han realizado; que sirva de estímulo al Uruguay, para proyectarse hacia el porvenir, por medio de sus hijos. Llegó la hora de que demos un giro de timón. Ayúdelos a irse.
ADRIÁN BÁEZ