Barajar y dar de nuevo

Cuando hace unos años miraba la película Presidente por un Día, con los protagónicos de Kevin Kline y Sigourney Weaver, entre otros, donde un imitador del presidente del país que gobierna el planeta tiene que tomar su lugar cuando a este le da un infarto en pleno acto sexual con una secretaria, empieza a hacer cosas buenas por la población, siendo todo lo contrario a lo que era hasta ese momento el verdadero presidente.
En una de las escenas, el presidente (interpretado por Kevin Kline) busca la manera de reducir el presupuesto de la nación para poder redestinar recursos a un proyecto público que le da albergue a niños sin hogar. Para eso le pide ayuda a uno de sus amigos de verdad y al mirar en qué gastaba el dinero público el gobierno, se querían morir.
Entonces, ejerciendo su mando de presidente, convoca a una reunión de gabinete en forma urgente y allí empieza el recorte. Entre las medidas que adopta, le dice a uno de sus ministros, el de Industrias, que pretendía eliminar una campaña que difundía la importancia de la industria automotriz del país, ante la proliferación de automóviles extranjeros. “No quiero decirle a un niño de 8 años que duerma en la calle porque alguien debe sentirse contento con un auto que ya compró. ¿Usted sí?”, la increpa Kline protagonizando el rol de presidente de Estados Unidos y su ministro, perplejo por el cambio de actitud del mandatario, le dice “no claro, estoy de acuerdo con usted”.
Así, entre recorte y recorte de gastos innecesarios, llega a la cifra y decide redestinar los recursos públicos para quienes realmente lo necesitan. Sabiendo que no podrá salvar todos los males de la sociedad, sí queda contento porque logra hacer algo.
Cuando escuchamos la noticia de que Aldeas de la Bondad podría cerrar sus puertas porque cayó el convenio que INAU tenía con una organización social que administra el lugar, que es de alta sensibilidad, ya que atiende a decenas de personas consideradas “siempre niños” por padecer discapacidades severas, crónicas y permanentes, masticamos bronca y nos acordamos de las cosas que vimos por ejemplo en la película que mencionaba anteriormente.
Porque el Estado debería disponer de un fondo específico para atender sin sobresaltos ese tipo de situaciones. Debería contar con dineros públicos para darle al INAU lo que necesita porque son las personas con mayor estado de vulnerabilidad social las que se encuentran bajo su órbita, ya que dinero tiene y si no veamos.
Días pasados en la columna semanal que sale los viernes sobre datos económicos que publica EL PUEBLO denominada Detrás de los Números, se publican las partidas que recibe cada uno de los legisladores de este país para comprar diarios y revistas. Algo que ninguno de ellos hace y que son superiores incluso a lo que cobran muchos trabajadores.
Se trata de una partida de 24.500 pesos por mes para cada uno, lo que hacía más de 3 millones de pesos mensuales para todos y más de 38 millones de pesos anuales para los legisladores que duran 5 años en sus funciones, por lo cual hablamos que el Estado uruguayo destina para los 130 representantes parlamentarios, la nada despreciable cifra de 190 millones de pesos para que los gasten en lo que no lo van a gastar, porque ya reconocieron que no lo hacen.
En vez de destinar esos recursos en el plan quinquenal de gastos a la educación, la salud, la vivienda, la alimentación de nuestros niños y adultos mayores que están en situación de calle, de comprar equipamiento para la Policía o de crear fondos para que no haya contingencias con el INAU cuando tiene que hacerse cargo de problemas serios y sensibles de esta índole, hacen todo lo contrario y le siguen otorgando privilegios a los legisladores que ya hicieron un mea culpa y dijeron que a los diarios los leen por Internet y que a esa partida, la destinan para alquilar espacios en las radios o contratar personal político, así no tocan su sueldo.
Es una situación compleja, máxime cuando vemos hoy a decenas de trabajadores agremiados que están negociando para no perder su trabajo, porque podría concretarse el cierre de un centro de atención a personas con discapacidades severas como es Aldea de la Bondad, entre otras cosas por falta de quién la gestione, ya que el Estado necesita un socio en ese ámbito para poder llevar a cabo todo lo necesario en el lugar.
Aunque si el INAU contara con los recursos adecuados, podría quizás, gestionar la contratación de educadores y técnicos y operaría solo desde ámbito.
Sin embargo, debe salir a buscar una organización que se haga cargo de uno de los hogares más importantes como sensibles que maneja ese organismo por la falta de dinero que hace a la gestión de fondo del organismo público.
Ese tipo de cosas son las que marcan las contradicciones que tenemos como uruguayos. Porque uno de los problemas con los que contamos y que todavía no hemos resuelto, en tanto el Estado es el pueblo, es con los salarios exorbitantes que continúan habiendo en la administración pública. Como se supo días pasados que el gerente de República AFAP recibe como salario la suma de $666 mil pesos uruguayos y un bono anual de 1,5 millones de pesos como premio. En tanto que el gerente de marketing de la misma empresa estatal recibe más de 450 mil pesos mensuales y unos 992 mil pesos como premio anual.
Ese tipo de cosas, que se suman al sueldo del gerente de ALUR superior a los 300 mil pesos por mes, son las que generan bronca, porque esos sueldos deben ser topeados y parte de su salario debería ser destinado a causas sociales donde el Estado tiene injerencia, como el caso del INAU.
A mi forma de ver las cosas, no se pueden prever 24.500 pesos de gastos mensuales por cada legislador, para que compren diarios, que encima no compran, y privarle a los niños, a los discapacitados y a las personas con enfermedades y problemas de salud, de usar esos dineros para la creación de centros de atención adecuados a su situación, con personal suficiente y preparado, en todo el país.
Contradicciones como esas existen en el Estado y no son cosas de un solo gobierno, pero justamente el actual es un gobierno que cree que con lo que hace es con políticas de justicia social y cuando se desnudan estas cosas, la única justicia social sería que renuncien todos y que con el dinero público haya que barajar y dar de nuevo.

HUGO LEMOS







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