BRASIL, HABLÓ

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Cuando las urnas hablan, habla el pueblo; y, contra eso, nada hay que hacer, si se es verdaderamente un demócrata. Ahora, no siempre la mayoría es la que posee el monopolio de la razón y mucho menos el de la verdad.
En la pasada jornada, el hermano pueblo brasileño eligió a su nuevo Presidente, Jair Bolsonaro, y el proyecto de país que el mismo propuso y que legítimamente fue respaldado con el voto de la mayoría.
El mandatario electo, es una persona que recientemente surgió con fuerza en la escena política de Brasil, más por sus altisonantes declaraciones, que por su trayectoria política tras ser parlamentario por 27 años.
Sus defensores consideran que, Bolsonaro, es lo que Brasil necesita para contrarrestar los años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), liderado por el ex Presidente Lula da Silva, preso desde hace seis meses por corrupción, y el descrédito en el que cayó el sistema político tradicional, al tener varios de sus principales referentes involucrados en enormes actos de corrupción, como el Mensalao y el Lava Jato. Por otro lado, quienes se afianzan como sus detractores, consideran al ex militar como un homofóbico, misógino, racista y defensor de la dictadura, a raíz de los no pocos discursos incendiarios brindados por quien asumirá la presidencia de Brasil el próximo 1 de enero.
Siempre hemos sido enérgicos contradictores de los autoritarismos y de los extremos políticos, por entender que los unos y los otros, nada bueno aportan a la salud de una democracia.
Los liderazgos mesiánicos, tanto de derecha como de izquierda, son nefastos a largo plazo para el país que los padece, como sobran los ejemplos en el mundo en general, y en nuestra América Latina en particular.
Pinochet, los hermanos Castro, Stroessner, Ortega, Chávez, fueron claros ejemplos de “esperanzas” para esas naciones, y terminaron introduciendo a las mismas y a su gente en oscuras dictaduras, donde, la violación de los derechos humanos elementales, la persecución de los opositores, el de sectores minoritarios y diversos, el cercenamiento de la libertad de expresión y de prensa, y la eternización en el poder, abatieron las banderas de progreso, porvenir y de pacífica convivencia.
También, es verdad que estos personajes, así como otros que, por ahora, no han obtenido tamaño prontuario, como el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, son el resultado de las acciones y omisiones de un conglomerado político que desaprovechó las bondades de la democracia y mal utilizó y se aprovechó de las mismas, en desmedro de la sociedad, con la que se comprometió “por su honor”, velar.
La corrupción, la mentira, el amiguismo, la hipocresía, el desinterés en las necesidades reales de sus pueblos, la falta de visión en el futuro y el socavamiento constante de las oportunidades de las nuevas generaciones, obstruyéndoles ese mañana anhelado; han propiciado que, el ciudadano, quien como lo dijo Batlle y Ordóñez es el “único que tiene derecho a equivocarse”, prefiera gobiernos de mano dura, en desmedro de la libertad.
Deseando que la historia no se repita una vez más, y que el dicho que sostiene que la misma es cíclica no se cumpla; nos sumamos a las palabras vertidas por el Economista Ernesto Talvi, quien expresó: “Hacemos votos para que la integridad de las instituciones, el ejercicio de la tolerancia y el respeto por la dignidad humana, sean prioridad, y contribuyan a curar la fractura que divide a Brasil”. Brasil, habló.