CATALUÑA SE QUEDARÁ EN ESPAÑA POR LAS BUENAS, NO POR LAS MALAS

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. Más allá de estar de acuerdo o no con la independencia catalana, asunto complejo si los hay, debido a que su normativa exige seguir ciertos parámetros para lograrla -lo cual parecería no haber sucedido-, y es evidente el fraccionamiento existente entres quienes desean ésta y quienes no; lo que vimos ayer, fue lamentable y no debería quedar impune.
La arremetida de las fuerzas del “orden” -la cual no dudamos que cumplían ordenes de alguien-, contra la gente, fue impropia e indigna de un régimen que se llame democrático.
Tanto hemos alzado la voz en contra de las atrocidades vistas en Venezuela -salvando las enormes diferencias, que se entienda bien-, que no podemos omitir hacerlo contra la represión vivida por quienes, con o sin razón, procuraban ejercer su derecho al sufragio, sean muchos –y permítasenos dudar de ese 90% que se asegura votó por el sí-, o pocos.
Lo hemos manifestado en reiteradas oportunidades: se es o no se es demócrata; se defiende o no se defiende la libertad de expresión, por más antagónica que ésta sea a nuestras creencias, por aquello que dijo Voltaire: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.
También es necesario decir, en honor a la verdad, que si bien el deseo de parte de Cataluña de separarse de España viene de larga data; la otra parte, no la quiere; pues Cataluña, conforma la unidad de los territorios que integran el Estado español, y para lograr la secesión, debe recorrer determinadas instancias, no pudiendo quedar librada –por respeto al Estado de Derecho-, al arbitrio de una pequeña o gran cantidad de simpatizantes de la idea; siendo, por ende, deber del gobierno defender el fiel miramiento de la norma, pero, sin traspasar la salvaguarda de otros derechos; porque, en nombre de la defensa de unos, no se pueden socavar otros. Eso, precisamente, es lo que ha venido pasando; quienes se erigen en caudillos separatistas, infringen las leyes del Estado – al que se sometieron voluntariamente, leamos la historia-; mientras que el gobierno (Parlamento y Ejecutivo), no ha sabido manejar la situación, abonando la discordia, vulnerando la autonomía.
No ponemos en tela de juicio el derecho que puedan o no tener en buscar esa independencia, pues no nos compete; pero, es público y notorio, pues así lo han manifestado las autoridades españolas y de la Unión Europea, que de lograrse en algún momento, Cataluña perdería todas las dádivas, beneficios y prerrogativas que hoy posee como parte de España, y que por lo tanto, quedaría sola y a la deriva, ante una comunidad internacional que ve con desconfianza la legitimidad de esa coyuntura, lo que le acarrearía no pocos problemas económicos, laborales y sociales; temor, que poseen quienes están en contra de la propuesta.
Mucho se ha dicho respecto a la libre determinación de los pueblos, pero, no hay que mezclar las cosas, y menos ignorar las normas, a las que se deben someter todos por igual; la mismísima Constitución española de 1978, expresa la «indisoluble unidad» de España; en tanto, el Tribunal Constitucional ha venido declarando de forma reiterada y constante en los últimos años que: “un referéndum de autodeterminación no se puede llevar a cabo de forma constitucionalmente lícita sin una previa reforma constitucional que así lo prevea; una reforma constitucional que, por añadidura, sería agravada, pues afectaría al Título Preliminar de la Constitución (artículo 1.2, que residencia la soberanía nacional en el pueblo español, y artículo 2, que proclama “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”).
Lo cierto es que, deberá ser el pueblo español todo, no sólo el catalán, el que tendrá que resolver dicho dilema; y en caso de que los vientos cambien, Cataluña se quedará en España por las buenas, no por las malas.







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