Como dijo Roberto

Cuando uno recibe un golpe fuerte, la vida te pasa como una foto en un segundo. Todos los momentos más elocuentes se suceden uno tras otro como un álbum de fotos y lo primero que aparece es la culpa, ese sentimiento negativo que nos deja hecho trizas hasta darnos cuenta que el tiempo que pasó, es tiempo perdido, porque no vuelve atrás y porque lo que no hicimos, o hicimos mal, ya está.  pepa
Entonces ahora lo que resta es poder tratar de hacer las cosas bien, mirar hacia adelante y ver si lo que queda, que uno nunca sabe hasta cuándo es eso, tiene que intentar recomponerse y hacer lo mejor posible todo.
A modo de ejemplo, nada más claro que lo que le dijo Tabaré Vázquez a Edgardo Novick, el día que el presidente perdió a su esposa. Cuenta el líder del Partido de la Gente, al salir del velatorio de la Primera Dama, que cuando se acercó a saludarlo al presidente, lo encontró “triste como nunca antes lo había visto”.
Y señaló que con las pocas fuerzas para hablar que le quedaban, éste le dijo: “uno se pelea por las cosas chicas, cuando en realidad las cosas importantes de la vida son estas, la familia, los hijos, los amigos. Y uno por lo general las descuida en el día a día”, comentó Novick sobre los dichos de Vázquez, dándole, por supuesto, la razón absoluta en sus palabras.
Todas estas cosas nos traen a colación que la vida es un camino que pasa rapidísimo. Que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que nos está sucediendo, como dice el gran John Lennon, “la vida eso que sucede mientras estás ocupado haciendo otras cosas”. Y cuando el peso de las cosas caen, porque olvidamos tomar en cuenta lo que realmente teníamos que tomar en cuenta, se nos viene todo a la mente de un momento a otro, y no podemos, muchas veces no queremos, reconocer que nos equivocamos, al dejar solos a quienes siempre debimos acompañar.
El otro día veía a un amigo, quien carga con la peor cruz que puede cargar un ser humano, que es perder un hijo, y al contarle mis pesares, porque me preguntó cómo estaba y tuve que decirle algunas cosas, que como todo el mundo, tenemos nuestros días buenos y nuestros días malos, me dijo: “prefiero cien veces estar en tu lugar, que en el mío”. Refiriéndose a que tenía mucho por qué luchar, cuando veía que la sombra de los momentos tristes, me agobiaban y que todo podía calmarse con la tierna y única sonrisa de mi hijo.
¿Pero qué te pasó? Podría estar preguntándose usted, y en realidad nada más que tropezones de la vida que enseñan que las cosas son efímeras, que la vida te da y te quita pero que siempre es aprendizaje.
Iba a escribir esta columna sobre el hecho de que nos traten como el centro de la droga porque alguien serio apareció y animó a abrir los contenedores que nadie abría, a revisar los bultos que nadie tocaba, a mirar los puertos de salida que todos querían evitar, pero en donde todos sabíamos que pululaba el delito, mientras nos distraían en Salto con medidas tan fútiles como engañosas como el cero kilo.
Mientras en la esquina de mi casa, pasaban durante las 24 horas camiones cargados con vaya uno a saber cuánta droga que ingresaba al país desde lugares limítrofes como Paraguay o Brasil con destino a algún barco carguero que esperaba paciente y tranquilo en el puerto de Montevideo, porque sabían llegar con impunidad hasta el lugar.
Entonces que ahora descubran, o dejen al descubierto que es otra cosa, algunos cargamentos de los cientos que han pasado y de los que seguirán pasando, para distraer a la población mientras otros cargamentos se irán y todos tomarán el tema como una cuestión electoral, parece un chiste de mal gusto.
Y qué tiene que ver todo esto con el tema que mencioné al principio, es que siempre hay algo chico, a decir del presidente Vázquez, de lo que uno tiene que preocuparse, porque es la manera de distraer nuestra vida y de ver las cosas de otra forma.
Pero mientras esto pase, mientras todas esas cosas que vemos a diario en la televisión sigan sucediendo, nos vamos a seguir olvidando de las cosas importantes, vamos a seguir mirando para otro lado y vamos a darnos cuenta que estamos fallando a quienes más nos necesitan.
Entonces, la moraleja es tratar de fallar lo menos posible, porque si sabemos que estamos equivocándonos, que estamos haciendo mal las cosas, que en el ejemplo que puse: la droga seguirá pasando por el mismo lugar de siempre delante de nuestras narices, entonces paremos la mano, hagamos algo y detengamos no solo ese, sino todos los cargamentos y evitemos la muerte lenta y dolorosa a la que nos sometemos nosotros mismos.
El cambiar las cosas está en nosotros mismos, y si no nos damos cuenta de eso, como decía el personaje de Roberto en el cuento de Dailan Kifkí de Marías Elena Walsh, “estamos fritos”.

HUGO LEMOS