Como todo el mundo

Cuando uno recibe una atención médica espera que la misma sea para uno. Es decir, uno quiere que el médico además de saludarlo y preguntarle qué le pasa, lo revise, familiarice con el paciente, lo mire bien y destine ese tiempo a explicarle con cierta empatía, que deberá surgir del mayor de sus esfuerzos, porqué esa persona se siente de la manera que ameritó su visita al consultorio. medicos
Que le dé a conocer cuáles son las causas o factores que han generado esa sintomatología que determine el malestar, y si el mismo puede convertirse en una enfermedad que el paciente debe tratar. Cuando el médico le brinda información real y constante, ese paciente siente tranquilidad, protección y ganas de salir adelante, sin mayores problemas. Ayuda a que el médico lo conozca más y trata con el mismo como si fueran dos personas conocidas más allá de la consulta, ganando afabilidad por la confianza que surge entre ambos.
Pero el problema que se da hoy es que la medicina ha cambiado mucho, los médicos ya no destinan tanto tiempo a los pacientes y la cuestión se vuelve casi automatizable. El otro día estaba en casa de un amigo, que ocasionalmente sentía un malestar y vi como un galeno que llegó a verlo tras un llamado a la mutual de la que es socio, lo vio en menos de lo que canta un gallo, dejándolo con más dudas que certezas.
El médico llegó apurado. Se ve que tenía muchos llamados y le dijo en tono imperativo “qué le pasa”, ni siquiera le preguntó el nombre, la edad, le preguntó si tenía mucho calor, si tomaba agua, nada de nada. “Qué le pasa”, mientras sacaba los utensilios de un portafolios, donde le tomó la fiebre, la presión y le miró la garganta y los ojos. Pero todo esto en cuestión de segundos.
Estaba nervioso, parecía que ese día no era el indicado para salir a hacer su trabajo y que algo lo tenía preocupado. Pero mi amigo no tenía la culpa y la situación aumentó su angustia, porque vio como el médico, prácticamente de manera robótica actuaba tomando medidas que anotaba en una libreta como dejando constancia de lo que estaba haciendo. Mi amigo se sentía extraño en su propia casa y por momentos pensó que irrumpía el valioso tiempo del prestigioso profesional que tanto tenía que hacer y tenía que soportar que este lo llamara por un dolor de cabeza.
Aunque quiso explicarle que hacía días se venía sintiendo mal, que estaba mareado, que no podía más de tanto malestar, y atinó a decirle, “quizás sea estrés”, casi en pánico por tratar de conseguir una respuesta, solo logró que el médico, ni siquiera mirándolo a los ojos le dijera “sí, como todo el mundo” y le recomendara recostarse en el sofá para ver si tenía algún mareo más que revisar.
El paciente se sintió contrariado y terminó aceptando que en realidad no le pasaba nada, que solo tenía que tomar una Novemina y que tenía que descansar. Pero el médico, una vez que le dejó eso en claro, tomó sus utensilios con un arranque de rapidez que lo dejó pasmado, porque era casi una carrera contra el tiempo y prácticamente sin decir adiós, se fue por la puerta quizás a ver a otro pobre paciente, que debe munirse justamente de paciencia para saber que en cinco minutos nadie le dirá más que un “como todo el mundo”, poniéndolo en esa casilla, la de las ovejas de un corral, que están estresadas y se la tienen que bancar.
Mi amigo no quedó conforme, se siguió sintiendo mal, pero ya no quiso llamar al médico. Se dio cuenta que la medicina automatizada que practican ahora, es como si se atendiera él mismo. Se tomó la presión, se controló la fiebre y sintió que si se quedaba acostado tomando una pastilla de esas que salen pocos pesos (porque si fueran buenas saldrían carísimas), acaso su estrés se controlaría un poco más y se daría cuenta que el temor a que algo le pasara era solamente producto de su imaginación.
Después reflexionando me dijo: el sistema de salud no puede automatizarse, es de los pocos donde los profesionales del ramo deben atender a la gente como si nada se hubiera inventado, como si todo estuviera en su estado natural, porque es la manera de encontrarnos entre dos personas y aliviar nuestros dolores internos.
Pero si la situación sigue así, y los médicos van a ser tan autómatas en las atenciones, en breve será lo mismo que a su trabajo lo haga un robot, que venga, pida datos, diga lo estipulado dentro de un manual, y se vaya corriendo a ver otro para decirle exactamente lo mismo. Mientras tanto, la humanidad seguirá perdiendo su esencia, y en poco tiempo ya no quedará nada. Solo pensar que no somos únicos e irrepetibles, sino que somos como todo el mundo.

HUGO LEMOS