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Comparaciones: ¿odiosas o necesarias?

De la misma manera que se festeja el quinto puesto en Rusia 2018 y se hace un análisis que pondera el proceso llevado adelante y sus frutos, comparar la ubicación que tiene Uruguay desde hace años en el Mundial de Negocios, provoca profundizar sobre el valor que tendría comenzar a compararnos con otros países no solamente en el deporte, sino también en ámbitos como el desarrollo económico, la competitividad y los negocios. Las comparaciones, conocidas son por su adjetivo de “odiosas”, sin embargo, terminan siendo necesarias cuando lo que se busca es salir de zonas de mitad de tabla, luchas por descenso o conformarnos con puestos de repechaje.
¿Por qué hacer negocios en un país y no en otro? ¿Cuál es la relación entre los rankings de facilidad para hacer negocios y el desarrollo económico y social? ¿Cómo se ubica nuestro país respecto a otros en esta materia?
El objetivo del presente artículo de Link de El Pueblo es invitar al lector a poner foco en la situación que tiene Uruguay respecto a otros países del MERCOSUR, en materia de negocios y facilidad para invertir. Hablar de comparaciones, no termina siendo otra cosa que referirnos a la razón por la cual somos más o menos atractivos para poner en marcha empresas frente a otros lugares que los empresarios extranjeros puedan elegir.
A partir de lo anterior, la mejora del grado de esa atracción podrá lograrse en función de la evolución de los parámetros propios, comparándonos con valores históricos, o respecto a qué tan lejos estamos de los que mejor ubicados están en los rankings de dichas variables.
¿A dónde iremos a invertir?
Ningún empresario elige un país para hacer negocios por lástima. Los determinantes que llevan a un empresario extranjero elegir entre un país u otro son muy variados y responden a muchísimas variables, sin embargo, es posible agruparlas en torno a cuatro grandes razones: búsqueda de nuevos mercados, acceso a activos estratégicos, factores institucionales y política de incentivos.
A continuación, haremos un breve resumen de cada uno de los puntos mencionados:
1. La búsqueda de nuevos mercados, está asociado en gran medida al tamaño del mismo. A partir de allí, el valor que tiene contar con un mercado interno que resulte atractivo para invertir o la cercanía a uno de estos. En este sentido, Uruguay tal como lo escribiéramos en un artículo titulado “Uruguay: el 2% del 2%” publicado el 1 de junio de 2016 en Link, necesita redoblar esfuerzos en pos de incorporarse a las cadenas de valor internacional ya que el tamaño de su mercado no garantiza importantes volúmenes de compra y por lo tanto, en éste no es un punto fuerte que termine o pueda generar en el corto y mediano plazo atracción de inversiones.
2. El acceso a activos estratégicos, en la medida que se entienda que hay que agregar valor a lo que se produce, nos llevará a deducir una y otra vez que solamente a través de las apuestas de generación de mano de obra calificada para el sector empresarial, y en torno a ello el preponderante valor que toma UTU y UTEC en este desafío. Si bien existe un alto porcentaje de alfabetización en nuestro país, la atracción de inversiones vinculadas a la digitalización, agro-industria y rubros que aporten mayor valor agregado de manera comparativa, aún presenta grandes desafíos.
3. Los factores institucionales, tema en el cual se encuentra muy bien posicionado y es reconocido por su estabilidad, respeto de los contratos y transparencia. No obstante, la mejora continua de instrumentos e interfaces entre el empresario y el entorno institucional, presente puntos de mejora, fundamentalmente asociados al número de trámites y la cantidad que los mismos puedan hacerse de manera remota, aspecto que Uruguay ha mejora significativamente en los últimos años.
4. La política de incentivos, es una de las razones sobre las que Uruguay puede continuar mejorando y es el foco sobre el cual se centra el presente artículo. Hablar de política de incentivos es hablar sobre el conjunto de mecanismos que buscan atraer inversiones (incentivos fiscales y financieros, subsidios, costos para hacer negocios, etc.).
Sumado a lo anterior, el grado inversor con que se cuente otorgado por las calificadoras de riesgo internacionales y la ubicación en rankings de competitividad, son elementos que, junto al establecimiento de vínculos de confianza, terminarán llevando a que un empresario prefiera invertir en un lugar u otro.
A partir de lo anterior, toma sentido hablar de comparaciones y qué tan eficientes somos respecto a política de incentivos frente a otros países.
Las comparaciones son odiosas, pero inevitables
Días atrás, terminaba el paso de la Selección Uruguaya de Fútbol por el Mundial de Rusia 2018 y sumado ello a la derrota de Brasil frente al combinado belga, la noticia de que el equipo dirigido por el Mtro. Óscar Washington Tabárez quedará en el quinto puesto del torneo organizado por la FIFA.

“Deportivamente hablando”, más allá de la importancia del proceso de Selecciones en sí mismo, los resultados logrados desde ese entonces en el mismo, han permitido la continuidad y el respaldo de éste doce años después de su inicio en el año 2006: cuarto puesto en Sudáfrica 2010, campeón de América en Argentina 2011, décimo segundo puesto en Brasil 2014 y el reciente logro en tierras rusas.
Cuando hablamos de torneos y competencias de fútbol, la sana rivalidad termina siendo ese aliciente perfecto que origina la mejora de los equipos. Al fin y al cabo, es justamente es a partir de la traducción en el número de victorias, número campeonatos y otras estadísticas que los equipos “son mejores” que otros.

Mundial de Negocios -Doing Business- 2018
Si hablamos en términos futbolísticos, Uruguay termina las Eliminatorias Sudamericanas de la CONMEBOL en el puesto número dos y en Rusia 2018 en el lugar cinco, resultados más que positivos que ponen en evidencia la existencia de un proceso de trabajo, no obstante, si existiera un Mundial de Negocios, regido por el Doing Business, nuestro país estaría a mitad de tabla en el lugar noventa y cuatro, más cerca de luchar por no ir al descenso que por entrar en el podio.
El reporte Doing Business (DB) del Banco Mundial presenta en el mes de octubre de cada año indicadores cuantitativos sobre la regulación de los negocios y la protección de los derechos de propiedad, comparables entre 190 países.
DB busca medir la facilidad o la dificultad que tiene un emprendedor local para abrir y operar un pequeño o mediano negocio, a partir de los cambios regulatorios de áreas que componen el índice: apertura de un negocio, manejo de permisos de construcción, obtención de electricidad, registro de propiedades, obtención de crédito, protección de los inversionistas minoritarios, pago de impuestos, comercio transfronterizo, cumplimiento de contratos, resolución de la insolvencia y regulación del mercado laboral.
Aunque compararse con uno mismo sea suficiente para mejorar, la dinámica emprendedora y el flujo de inversiones de un país están condicionados por qué tan competitivos estamos frente a las demás naciones: las comparaciones, aunque muchas veces odiosas terminan siendo necesarias al momento de decidir dónde invertir.
Dos estadísticas, combustible y energía
El Doing Business no es la única herramienta de utilidad para hacer comparaciones y medir con números qué tan bien o mal estamos cuando nos referimos a empresas y negocios, el Reporte de Libertad Económica elaborado por el Freser Institute (Uruguay se ubica en el lugar setenta y cuatro) o el Informe de Competitividad Global publicado por el Foro Económico Mundial (Uruguay se ubica en el lugar setenta y tres) son algunas otras alternativas que permiten poner la lupa y buscar sacar conclusiones que arrojen insumos para decidir. De igual modo, tomar parámetros de manera aislada como el precio del diesel y el valor de la electricidad, nos permitirán medir, comparar e invitar a un nuevo análisis sobre la competitividad y productividad de Uruguay.
Si nos referimos al valor del diesel, y nos comparamos con Paraguay, Argentina y Brasil, podremos a partir de la información que surge de Global Petrol Prices, concluir que los mismos cotizan el litro a 1,00 U$S, 0,90 U$S y 0,88 U$S respectivamente mientras que Uruguay a 1,29 U$S.
Al hablar sobre el valor de la electricidad, y compararnos con Paraguay, Argentina y Brasil, en base a un estudio realizado en 2018 por la consultora argentina SEG Ingeniería, la relación termina siendo igualmente poco beneficiosa ya que los precios de tarifa industrial son 51, 102 y 125 U$S/MWh de manera respectiva mientras que para nuestro país asciende a 140 U$S/MWh.
Sin lugar a dudas, atrás de éstos valores hay fundamentos de política económica, sin embargo, los mismos si miráramos el desarrollo desde una perspectiva de sostenibilidad en el largo plazo, veríamos que las cuestiones asociadas a productividad y competitividad no están dando los resultados que se esperaría de un país atractivo para invertir o al menos, eso es lo que surge de los indicadores asociados.
A modo de conclusión
Fútbol, indicadores económicos y algo más. La generación genuina de empleo está condicionada por la actividad empresarial, el apoyo que el mismo crezca y se fortalezca es un imperativo y un elemento clave en el desarrollo económico y social de cualquier país.
Las comparaciones son odiosas, no obstante, si una vez que concluyéramos que las apuestas a proyectos de largo plazo, disciplinados, potenciando las fortalezas, levantando las restricciones, centrados en la mejora continua, tal cual fue el que inició y lleva adelante Uruguay en el Fútbol, motiváramos a que ocurriera de manera analógica lo mismo en ámbitos como la política, el sector público, la academia, las empresas y la sociedad civil, seguramente no nos sorprenderá encontrarnos en un par de décadas en otra posición dentro de la tabla de posiciones, capaz más cerca de Noruega, Canadá y Finlandia que no entraron al “Mundial”.

Lic. Nicolás Remedi Rumi